jueves, 18 de mayo de 2023

EL DILEMA DEL CEREBRO NETFLIX: ¿CUÁL SERIE ELIJO?

 

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del domingo 19 de febrero de 2023. Todos los derechos reservados.

Que levante la mano pero no el que no lloró un amor, sino quien nunca haya pasado por el dilema de tener que elegir que película o serie ver. Y peor si, como yo, está suscrito (como buen amante del cine) a Netflix, Hbo Max, Amazon y Star, sumado a los atrapantes videos de Youtube: un dilema para cualquier cerebro...!!! Y es porque, aunque no lo crean, el tener muchas opciones puede paralizarnos. Lo demostró una psicóloga de la Universidad de Columbia mucho antes de estos "cruciales dilemas" de cada fin de semana aparecieran, más exactamente hace un cuarto de siglo ya. El experimento de la Dra. Sheena Inyegar, investigadora de la Universidad de Columbia, consistía en observar qué grupo de consumidores compraba más tarros de mermelada en un supermercado, si aquellos a los que en les ofrecían más variedad de sabores (24) o a los que menos (6). Y ya me van a disculpar el spoiler, pero les anticipo: efectivamente, demasiada oferta paralizaba la compra. El 60% de los clientes que participó en aquel experimento de las mermeladas, convertido ya en un clásico de la psicología, se paró frente al expositor más variado, el que ofrecía 24 sabores. De lo que se dedujo que cuanta más variedad hay, más se llama la atención del consumidor (solo el 40% se paró ante el stand que tenía solo seis tipos). Lo paradójico fue que un 30% de quienes estaban frente a la oferta más limitada sí que se decidió por comprar alguna, mientras que solo un 3% de quienes contemplaban las dos docenas optaron por comprar mermelada. 

Lo razonable sería que cuanta más elección mejor, pero en realidad (y esto lo conocen muy bien la gente que trabaja en marketing y en ciencias económicas) nos encontramos ante la llamada (por este mismo experimento) "paradoja de la mermelada" es que cuantas más opciones hay, más gente se acerca a probar pero menos gente compra. Ante tantas opciones se puede crear una presión al consumidor que bloquea su decisión. Hay una sobrecarga de la elección. Si 24 tarros de mermelada paralizaban a los clientes de aquel súper experimental, qué no harán con nuestros cerebros los miles de shows (digo bien, miles) que abarrotan el mando virtual de la pantalla conectada. ¿Nos estamos suscribiendo a contenidos por encima de nuestras posibilidades? ¿Resulta esta saturación contraproducente para el negocio de las plataformas televisivas? Lo primero puede ser, lo segundo no parece. Lejos de preocuparse por la saturación, la oferta de contenidos televisivos no deja de aumentar. Y es que la paradoja de la mermelada funciona perfectamente en los sistemas de televisión "on demand". 

Elegir es renunciar y cuando tienes muchas cosas para elegir estás renunciando a mucho, por eso es complicado decidirse A diferencia de lo que pasaba con los tarros del súper, para las plataformas de contenidos en general no es un problema que el consumidor se angustie ante tanta oferta y pruebe el producto pero cada vez le cueste más decidirse por uno. En el caso de las series, hay dos momentos decisivos: una cosa es probar y otro comprar, pero en el streaming el momento de probar es el de suscribirte al servicio. Ahí tienen que darte la sensación de ofrecer de todo, para que te suscribas. Te crean la necesidad de suscribirte a todo, pero a la hora de la verdad mucha gente se pasa más tiempo navegando por el menú que viendo algo (lo sé porqie me pasa a mí). Elegir es renunciar y cuando tienes muchas cosas para elegir estás renunciando a mucho, por eso es complicado decidirse. Ese estrés es el que bloquea, porque mucha gente prefiere no tomar una decisión a tener la sensación de haberse equivocado. Pero como nos gusta probar, para entonces ya estamos suscritos. Y es que, en realidad, lo que mueve al consumidor a suscribirse no es solo la variedad, es el contenido exclusivo. En términos de la paradoja de la mermelada, mejor que ofrecer muchos sabores es ofrecer uno que no tiene nadie más. Para convencer a la gente a de que se suscriba a otro servicio más, cuando ya no da abasto con lo que tiene, hay que convertir un contenido exclusivo en acontecimiento, como hicieron HBO con Juego de Tronos o Netflix con La Casa de Papel

Ante la sobresaturación de series que ver, estas empresas están invirtiendo mucho en analítica de datos para facilitar al consumidor un filtro que preseleccione qué tipo de contenido le puede gustar más en función a sus elecciones previas. Muchos suscriptores se quejan a menudo, sin embargo, de que el algoritmo es menos perspicaz de lo que les gustaría. Es razonable dudar, sin embargo, si el algoritmo de Netflix es tonto o se lo hace. El consumidor valora la ilusión de libertad de elección, y empresas como Netflix procesan mucha más información de nuestros gustos de las que nos muestran, porque no nos gustaría sentirnos controlados. Los algoritmos que nos recomiendan contenido saben que los humanos no somos seres racionales. Y al final del día no estamos para decisiones difíciles. Pero no siempre es igual de difícil decidir qué ver. En cuanto entramos un programa que nos gusta, continuamos enganchados hasta el final. De hecho, hasta segregamos dopamina que lo vuelve en cierto modo adictivo. Por eso es tan difícil ese síndrome de abstinencia al terminar una serie que nos ha enganchado durante un tiempo, porque al estar de bajón, le guardamos cierto rencor al primer capítulo de la siguiente serie a la que no le tenemos apego. El algoritmo sabe que la primera opción no suele enganchar porque, como pasa con las relaciones después de una ruptura sentimental, mucha gente necesita alguna aventura irrelevante y de transición antes de comprometerse en serio con la siguiente serie. Y esto empeorará: en la próxima década, no solo es previsible que aumente el contenido, también la sofisticación del big data que procesa nuestros gustos. No olvidemos que las plataformas de streaming no solo son canales, también productoras de sus propios contenidos. Y con el sistema de análisis de datos actual, no solo conocen con exactitud qué shows tienen más éxito entre la audiencia, sino incluso qué escenas dentro de cada película son las que tienen más éxito. Esta información les permite generar más series que incluyan este tipo de contenidos o personajes, aunque luego las revistan de otra época o en otro país para ofrecer la sensación de variedad. 

Entonces y finalmente...¿qué sería lo racional ante la saturación? Fijémonos a cuánto han llegado las plataformas: saben que apenas unas pocas series se cuelan en la conversación cotidiana, que es el paso fundamental para crear la necesidad en la audiencia de suscribirse a algo. Si no sabes que existe, no lo necesitas. Entonces, la nueva batalla de las plataformas es colocar contenido en la conversación para superar el riesgo de colapso ante tanta opción: no quieres verlo ni probarlo todo, sino aquello de lo que hablan tus amigos o compañeros de trabajo. Se sabe que Netflix maneja estudios de que si en 90 segundos el usuario no se ha interesado por nada, entra en un bucle en el que cada vez le cuesta más decidirse, por eso invierte tanto en la promoción de determinadas series o películas, para ver si consigue interesarte con alguno. La mala noticia para superar el síndrome de la saturación es que, según la mayoría de experimentos de economía del comportamiento, los humanos no solemos ser capaces de actuar de forma racional. La buena es que no estamos perdiendo el control de nuestras decisiones, es que nunca lo hemos tenido. Y es que esto es DE LA CABEZA: el reverso tenebroso de la sobreoferta es el estrés de la toma de decisiones donde nos crean la necesidad de suscribirnos a todo, pero terminamos no viendo casi nada. Y comiendo mermelada. Nos leemos en una semana.

AL MAESTRO CON CARIÑO

 


Artículo correspondiente a la columna semanal del Diario La Nación del domingo 30 de abril de 2023. Todos los derechos reservados.

El cerebro humano es un órgano complejo y fascinante que desempeña un papel fundamental en la capacidad de un docente para enseñar y transmitir información a sus estudiantes. Mediante muchísimos estudios del funcionamiento cerebral, inclusive específicamente al respecto de cómo el cerebro procesa la información y cómo se relaciona con la enseñanza, aún hay mucho que aprender sobre cómo los diferentes estados mentales y emocionales de un docente pueden afectar su actividad cerebral durante la enseñanza. Es absolutamente apasionante el conocimiento de cómo se comporta el cerebro del docente mientras enseña, qué centros y zonas cerebrales se activan durante diferentes estados mentales y emocionales, y cómo la paciencia, el entusiasmo y la abnegación de enseñar afectan la actividad cerebral. 

Revisando la literatura científica existente sobre el cerebro y la enseñanza centrados en la actividad cerebral durante la enseñanza y en cómo diferentes estados mentales y emocionales afectan la actividad cerebral, nos damos cuenta que el cerebro del docente se activa de manera significativa durante la enseñanza. Se ha observado que varias áreas del cerebro se activan durante la enseñanza, incluidas las áreas del lenguaje, la memoria, la atención y el procesamiento sensorial. Además, los estudios sugieren que diferentes estados mentales y emocionales, como la paciencia, el entusiasmo y la abnegación, pueden tener un impacto significativo en la actividad cerebral durante la enseñanza. La paciencia es una habilidad importante para los docentes, y se ha observado que la paciencia activa el córtex prefrontal medial, que se relaciona con la regulación emocional y la toma de decisiones. Además, la paciencia también se ha asociado con una mayor actividad en el sistema de recompensa del cerebro, que puede ayudar a los docentes a sentirse más satisfechos con su trabajo y motivados para seguir enseñando. 

Por su parte, el entusiasmo y la pasión por enseñar también parecen tener un impacto significativo en la actividad cerebral. Se ha demostrado que el entusiasmo activa el sistema límbico, que se relaciona con las emociones y la motivación. Además, el entusiasmo también se ha asociado con una mayor actividad en las áreas del cerebro relacionadas con la atención y la memoria, lo que puede ayudar a los estudiantes a retener mejor la información. Por su parte, la abnegación de enseñar, es decir, la disposición a poner el bienestar de los estudiantes por encima del propio, también se ha relacionado con una mayor actividad en el sistema de recompensa del cerebro. Además, la abnegación también parece activar el córtex prefrontal medial y otras áreas del cerebro relacionadas con la regulación emocional y la toma de decisiones. 

Por último, también el docente debe fomentar la creatividad en los alumnos, siendo primeramente él absolutamente creativo en la preparación de sus clases. La creatividad es una función cognitiva compleja que involucra diferentes procesos cognitivos y áreas cerebrales. Para que un docente sea creativo a la hora de diseñar clases, es importante que su cerebro esté en un estado de activación adecuado y que esté estimulando ciertas áreas cerebrales clave. Diferentes estudios han demostrado que la creatividad está asociada con la activación de varias áreas cerebrales, incluyendo el lóbulo frontal, el córtex prefrontal dorsolateral, la corteza cingulada anterior, el lóbulo temporal, el cerebelo y la amígdala. Estas áreas están involucradas en diferentes aspectos del proceso creativo, como la generación de nuevas ideas, la selección de las mejores ideas, la flexibilidad mental y la resolución de problemas. Para estimular la creatividad en los alumnos, es importante que el docente fomente un ambiente de aprendizaje que permita la exploración y el descubrimiento. Esto puede lograrse mediante el uso de actividades que estimulen la imaginación y la curiosidad, y que involucren la resolución de problemas complejos y la toma de decisiones.

En este día del maestro, que las felicitaciones sean más que simples actos acartonados o regalos de ocasión: sea un verdadero reconocimiento a una de las profesiones que más DE LA CABEZA debe ser para formar nuevas mentes, nuevos seres, nuevas esperanzas. Feliz día y gracias queridos maestros...!!!

GRACIAS, ESTOY SATISFECHO

 

El cerebro tiene intrincados mecanismos que regulan con una gran dosis de complejidad, la ingesta de agua, sales, nutrientes y alimentos. De estas conductas, nacen los impulsos que conocemos como hambre y sed. Estos impulsos son mantenidos hasta que llega la saciedad, momento en el que se termina la ingesta. En el hambre y la sed intervienen mecanismos como el balance energético de los tejidos, señales mecánicas y bioquímicas del tracto gastrointestinal, sistemas de neurotransmisión en el tronco cerebral y diencéfalo, y sus vías nerviosas que lleven y traigan todos esos impulsos desde y hacia el sistema nervioso central. Numerosos compuestos químicos intervienen en esos mecanismos complejos. Nuestro organismo extrae la energía de los nutrientes, que se dividen en carbohidratos, lípidos y proteínas. El gasto de energía a su vez, se divide en metabolismo basal (que es el usado para las funciones básicas y estrictamente necesarias para vivir), termogénesis (el usado para generar calor corporal) y el gasto (que es lo que invertimos en nuestras actividades). Un individuo normal en estado sedentario tiene un gasto medio de 2.300 kilocalorías dividido en un 75% para el metabolismo basal, un 7% para la termogénesis y el resto para las actividades que causen gasto. 

La saciedad es un mecanismo del organismo destinado a restablecer el equilibrio una vez que se ha satisfecho la demanda de nutrientes. Es un proceso complejo con actividad neuronal importante que concluye con la inhibición de la conducta de la ingesta. A medida que el bolo alimenticio progresa por el tracto intestinal, va estimulando diferentes regiones con receptores nerviosos situados principalmente en el estómago y en la parte superior del intestino delgado, y que generan impulsos que se dirigen al cerebro por medio de uno de los llamados pares craneales (porque nacen uno a cada lado y emergen del sistema nervioso por el cráneo), específicamente el décimo par craneano, llamado nervio neumogástrico o simplemente nervio vago, que es el nervio craneano más largo y extenso, y que nace en el tronco cerebral en una región denominada área postrema y núcleo del tracto solitario . Este último detalle citado no es un exceso de erudición, sino que es muy importante de citar, ya que las neuronas del área postrema se hallan en contacto con otras regiones del cerebro que participan de la regulación de la conducta alimentaria, como el hipotálamo, que, como hemos visto, es una pequeña formación en la región basal del cerebro. 

La influencia del hipotálamo sobre la conducta alimentaria es muy importante. Se halla relacionado con información sensorial sumamente importante que llega a él desde el nervio vago. Por ejemplo, recibe información somatosensorial de la lengua y el rostro que es muy importante a la hora de discriminar entre las propiedades de los alimentos. También recibe información de estructuras relacionadas con el sistema límbico que es quien participa de los procesos motivacionales y de refuerzo de la conducta. El hipotálamo integra toda esa información, y la traduce en respuestas conductuales de hambre o saciedad. La información que llega al cerebro desde el tubo digestivo es muy variada y opera de diferentes formas. Intervienen neurotransmisores, péptidos (que son proteínas de cadena corta), lípidos y hormonas. Las señales se producen a partir de estímulos mecánicos (distensión del tubo digestivo), metabólicos (contenido graso de la dieta) o por acción de hormonas. Todo esto interviene en el proceso de hambre-saciedad que no solo interviene en la ingesta alimentaria, sino en el mantenimiento de las reservas energéticas del organismo. Los fallos en cualquier punto de este sistema causan pérdida de peso o inician la cadena de la obesidad. La comprensión profunda de estos mecanismos brinda la posibilidad de abordar los trastornos alimentarios en su totalidad. 

Numerosos mediadores químicos intervienen en el mecanismo de la saciedad y el hambre. La insulina es uno de ellos, y es producida por el páncreas, liberándose en respuesta a la ingesta alimentaria, más específicamente a la presencia de glucosa en sangre, fomentando su captación y utilización en los procesos energéticos del organismo. La leptina es segregada por el tejido adiposo y puede penetrar la barrera hematoencefálica llegando a los núcleos arcuato y paraventricular del hipotálamo, produciendo inhibición de la ingesta alimentaria mediante su intervención en el sistema de recompensa del cerebro, por lo que no solo es un regulador dela ingesta sino también de la motivación. La colecistoquinina es una hormona producida por las células del intestino delgado y liberada por la ingesta alimentaria, llega al sistema nervioso central y cumple una función neurotransmisora, inhibiendo la ingesta alimentaria. Otras sustancias incluyen a las melanocortinas, la hormona concentradora de melanina, el neuropéptido Y, el péptido YY, el factor liberador de corticotropina, la galanina y la neurotensina, entre otros. 

Como se ve, el mecanismo cerebral de la saciedad es algo que aún nos causa hambre de saber más y nos deja DE LA CABEZA. Nos leemos en una semana.

EL CEREBRO DEL ANARQUISTA

 

Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación del domingo 14 de mayo de 2023. Todos los derechos reservados.

La palabra "anarquía" ha desbordado titulares en las últimas semanas posteriores a las elecciones debido a conductas de un grupo de personas que protestan por causas indeterminadas (aún por ellos mismos) coartando el derecho de los otros y alterando las normas más básicas de convivencia. Y como siempre, las preguntas no se hacen esperar: ¿qué pasa "por la cabeza" de quienes enarbolan esta forma de conducta ante las instituciones? En esta modesta columna semanal intentaré rápidamente explicar lo inexplicable: por qué el anarquismo en la mente de algunas personas.

El cerebro del anarquista es un tema complejo y controvertido que ha sido objeto de debate durante décadas. Si bien no se ha realizado ninguna investigación científica específica sobre el cerebro de los anarquistas, se pueden extraer algunas conclusiones basadas en la conducta, las causas y la psicología de este movimiento político. En términos generales, el anarquismo se caracteriza por la lucha contra las jerarquías y el rechazo a cualquier forma de autoridad. Los anarquistas creen en la libertad individual y colectiva, la igualdad y la justicia social. Aunque el anarquismo se ha asociado con actos de violencia y anarquía, la mayoría de los anarquistas abogan por una transformación social pacífica y la construcción de una sociedad libre de opresión. Desde una perspectiva psicológica, se ha argumentado que los anarquistas comparten rasgos de personalidad que incluyen una alta sensibilidad hacia la injusticia y una disposición a cuestionar la autoridad. A menudo se describen como personas creativas, críticas y comprometidas con la acción social. Además, se ha argumentado que los anarquistas tienen una fuerte orientación hacia la autonomía y la autodeterminación, lo que puede ser explicado por la necesidad de evitar la opresión y la dominación. Los anarquistas pueden tener una aversión a las estructuras rígidas y a las normas impuestas por la sociedad. A pesar de que se han asociado estereotipos negativos con los anarquistas, como el caos y la violencia, la mayoría de los anarquistas se esfuerzan por promover una sociedad justa y equitativa. Sin embargo, es importante señalar que las personas que abrazan la ideología anarquista pueden tener diferentes razones para hacerlo. Algunos pueden haber sido influenciados por la injusticia y la desigualdad que han experimentado en su vida, mientras que otros pueden haber sido motivados por una visión idealista de un mundo mejor. 

En cuanto a las posibles alteraciones del cerebro de los anarquistas, no se ha demostrado que exista ninguna diferencia significativa en la estructura o función cerebral de los anarquistas en comparación con la población general. Como con cualquier ideología política, la adopción del anarquismo puede ser influenciada por factores sociales, culturales y psicológicos, y no necesariamente por diferencias neurológicas. En la historia, ha habido muchos cerebros anarquistas que han dejado un impacto en la sociedad. Un ejemplo es Emma Goldman, quien fue una importante activista anarquista y feminista en Estados Unidos a principios del siglo XX. Goldman defendió la libertad individual y la justicia social, y luchó por la emancipación de las mujeres y la abolición del sistema capitalista. Otro ejemplo es Mikhail Bakunin, quien fue un filósofo y revolucionario ruso que es considerado uno de los fundadores del anarquismo. Bakunin creía en la abolición del Estado y la creación de una sociedad basada en la autogestión y la cooperación.

Esta es la descripción "de libro" del cerebro anarquista. Ahora pregunto yo: ¿es nuestro anarquista criollo de moda correspondiente con esta descripcion? La respuesta la tienen ustedes con todo lo expuesto. El cerebro del anarquista es un tema complejo que requiere de un enfoque multidisciplinario para comprender en su totalidad. Si bien no hay evidencia de que los anarquistas tengan alguna alteración cerebral, es posible que la adopción del anarquismo esté influenciada por factores psicológicos y sociales. Cada caso debe ser analizado en su individualidad y su razón de ser, algunos deberían ser "más analizados" (y psicoanalizados) que otros. Estamos DE LA CABEZA y de otras partes del cuerpo con tantas protestas sin sentido. Nos leemos en una semana.

UN POCO DE SAL AL CAFÉ POR FAVOR

 

Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación del domingo 21 de mayo de 2023. Todos los derechos reservados.

La sal sirve para muchas cosas: tiene hasta 14.000 usos distintos, según algunas estimaciones. Dependemos de ella para sazonar y conservar nuestros alimentos, para limpiar superficies grasosas y para eliminar manchas; algunas personas incluso la utilizan como alternativa al enjuague bucal. Pero lo que te voy a contar hoy y que tiene su fundamento en un conocimiento básico pero útil de las Neurociencias, de seguro no lo sabías: en lo que respecta al café, la sal se utiliza desde hace mucho tiempo en varias culturas como un medio eficaz para reducir el amargor y potenciar los sabores deseados. Ojo: no se trata tanto de un potenciador del sabor como de un “truco” que hace más agradable el café de menor calidad. 

Pasa en varias culturas. En Turquía es tradicional que la novia prepare café con sal para su futuro marido y su familia como ceremonia informal prematrimonial. Del mismo modo, el “café con sal de mar”, el cual consiste en agregar espuma de leche salada sobre un americano helado, es una bebida popular en Taiwán. En el norte de Escandinavia, los consumidores han añadido sal al café ya preparado durante décadas. Y, por último, en las zonas costeras de Europa se suele utilizar agua con alto contenido en sal para preparar el café. Añadir sal es una forma estupenda de equilibrar el perfil de sabor, amortigua el amargor sin necesidad de utilizar otros aditivos, ya que la sal resalta de forma natural el dulzor del café y mantiene los aromas agradables. Si las personas son sensibles al amargor, incluso en el café de especialidad, añadir sal es una buena alternativa al uso de leche y azúcar. No hay nada escrito, pero se cree que aproximadamente por cada taza de agua y dos cucharaditas de café molido habría que añadir media cucharadita de sal para neutralizar el amargor del café. La sal no solo reduce el amargor, sino que también suaviza el sabor ‘rancio’ del agua almacenada, neutralizando mejor el amargor que el azúcar. ,

Si bien un pequeño porcentaje del amargor del café procede de la cafeína, la mayor parte es generada por dos compuestos: las lactonas del ácido clorogénico y los fenilindanos. En realidad, estos compuestos no están presentes de forma inherente en el café verde. En cambio, se liberan durante el tueste cuando se descomponen los ácidos clorogénicos. Los fenilindanos crean la percepción de amargor y están relacionados con la duración del tueste. Cuanto más oscuro sea el tueste, más fenilindanos habrá. Sin embargo, el amargor también está influenciado por la extracción. La falta de precisión a la hora de preparar el café, como dejar que el café repose en la prensa francesa durante demasiado tiempo, utilizar agua demasiado caliente o elegir un tamaño de molienda incorrecto, puede provocar una extracción excesiva. Esto hace que el café adquiera un sabor intenso y amargo en taza. Nuestras papilas gustativas nos permiten identificar los sabores dulce, ácido, salado, amargo y umami, pero nuestras reacciones biológicas a lo amargo difiere a lo que ocurre con los demás sabores. Cuando comemos o bebemos algo amargo, se envían iones de calcio al cerebro. Y aunque la sal puede potenciar los sabores dulce, ácido y umami, tiende a reducir nuestra percepción del amargor. Los saborizantes amargos activan nuestros receptores del amargor, señalando a nuestro cerebro que hemos consumido algo amargo. La sal, y más concretamente los iones de sodio, activan los receptores de la sal en nuestro paladar, uniéndose a los receptores de sal en la lengua, inhibiendo nuestra percepción del amargor para equilibrar los sabores. Cuando el receptor del sabor amargo y salado se activan al mismo tiempo, puede producirse algo llamado ‘percepción intermodal’ Esto suprime el sabor amargo y aumenta otros sentidos del gusto, como el dulzor. Esto significa que cuando se añade sal, el dulzor del café se potencia de forma natural. Por esta razón se suele añadir sal en el borde del vaso de margarita, ya que resalta el dulzor de la lima y el tequila. 

¿Cuál es la mejor manera de añadir sal al café? Una pizca de sal (unos 0,5 g de sal para una infusión de 1L) podría aumentar el dulzor del café sutilmente y disminuir el amargor al mismo tiempo. Si vamos a ser exactos, 0,15 g de sal por cada 100 g de café preparado da los mejores resultados de sabor, tanto para el espresso como para el filtrado. Aunque la sal puede realzar los sabores más dulces y equilibrar el amargor en taza, quienes preparan una taza de café deben tener cuidado si quieren experimentar con ella. Al igual que añadir leche, crema o azúcar, la sal puede enmascarar las características distintivas de los cafés de mayor calidad, ocultando la singularidad o la delicada complejidad de una taza. La sal es más útil para enmascarar o equilibrar los sabores más fuertes de un café de baja calidad o de un tueste más oscuro que para resaltar el dulzor de un tueste claro, por ejemplo. Sin embargo, la única manera de saber lo que te gusta es experimentando. La próxima vez que prepares una taza de café, ¿por qué no pruebas y añades una pizca de sal para ver qué te parece? También tomar café (ya lo vimos hace unos meses) es una cuestión DE LA CABEZA. Nos vemos en una semana y varios cafés en el medio.

martes, 7 de febrero de 2023

EL CEREBRO Y SUS METAS

 

Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación. Todos los derechos reservados.

Llega el fin de año y con él, aparte del conocido "Navidad sin tí" del Buki, también llegan las promesas y propósitos para el nuevo ciclo que comienza el 1 de enero. Dietas, ahorros, ejercicios, objetivos, todo se entremezcla en un ritual "promesero" tan antiguo como la vida misma y que no es otra cosa que una tendencia innata a posponer las acciones necesarias para triunfar. Esas "metas" del nuevo año se esfuerzan para permanecer firmes ante nuestro cerebro procrastinador, ese que nos engatusa y desvía de nuestros objetivos intentando convencernos de dejarlo todo ‘para más adelante’. Nuestra tendencia a procrastinar es uno de los sabotajes cerebrales más evidentes a los que nos enfrentamos a la hora de cumplir los buenos propósitos. 

Pero no es el único: la fortaleza de nuestros hábitos supone otro escollo importante por tener en cuenta. Resulta que mejorar el nivel de inglés, dejar de fumar o hacer más deporte son excelentes propósitos que se oponen a hábitos bien establecidos y difíciles de erradicar. A pesar de que el cerebro humano es plástico y ha sido seleccionado para poseer una gran capacidad de aprendizaje, le cuesta menos mantener un comportamiento habitual que abandonarlo para adquirir uno nuevo. Y por más que el cambio mejore sustancialmente nuestra vida, la tendencia a mantenernos en "punto muerto" y dejar que las cosas sucedan sin hacer esfuerzo para ello es innata. Sépanlo: el cerebro es un gran "ahorrador de energía"... o dicho de otra manera, un gran vago si de corregir conductas gastando energía se trata.

 Ahora bien, que el cerebro se resista al cambio no significa que resulte imposible hacer realidad nuestros buenos propósitos. Y perseverar en el intento será más sencillo si previamente entendemos cómo funciona nuestro cerebro. El proceso de crear nuevos hábitos funcionará si logra poner en marcha toda la maquinaria neural de aprendizaje necesaria para modificar nuestra conducta hasta entonces. Desoyendo, de camino, todo aquello que refuerza nuestras costumbres. Por ejemplo, al decidir dejar de fumar, gracias a la certeza de que este propósito nos permitirá respirar mejor –incluso hasta evitar un cáncer–, el cerebro aplicará funciones cognitivas que tendrán que imponerse a las emociones que se produzcan, en este caso, al desprenderse todo el entramado social que se construye alrededor de encender un cigarrillo. El cerebro aplicará funciones cognitivas que tendrán que imponerse a las emociones que se produzcan. Y ojo, porque esto del grupo no es un tema menor. Muy al contrario, el cerebro humano es social y, como consecuencia, necesita de la aprobación de sus semejantes. Por eso, al formular un propósito, es muy conveniente publicitarlo. Aunque parezca una frivolidad, al cerebro ‘le gusta’ mantener su credibilidad y hará ‘lo que sea’ para evitar que en el futuro alguien le recuerde que fracasó (ergo, el ego del cerebro es demasiado grande). Aquí es importante aclarar que cuando hablamos de lo que al cerebro ‘le gusta’ nos referimos a la actividad neuronal relacionada con las expectativas y las recompensas. Se localiza en la corteza orbitofrontal y las neuronas del estriado y el cerebro medio. Normalmente implica la liberación de una sustancia conocida por quienes leen mi columna domingo a domingo y que hace que nos sintamos recompensados: la dopamina. De esta manera, las neuronas dopaminérgicas ponen todo su empeño en identificar secuencias de estímulos conducentes a la recompensa. La posibilidad de conseguir el ‘premio’ ayuda a perseverar en el esfuerzo. 

Recientemente se ha demostrado en ratas que si se suprime la actividad de una zona de la corteza infralímbica, los animales ‘pierden su costumbre’ de andar de una determinada forma por un laberinto. Los equipos de investigación lo achacan a que dicha corteza infralímbica, que envía conexiones a una parte del estriado, controla (o al menos aprueba) las ‘conductas habituales’. Una de las cosas más interesantes de este hallazgo sobre la implicación cortical, para el tema que nos ocupa, es que incluso si los hábitos están tan arraigados en nosotros como para parecer automatizados (como encender un cigarrillo), nuestra voluntad (es decir, el cerebro que ‘toma decisiones’) no pierde totalmente el control en ningún momento. Esa es una gran noticia: nos permite organizar el cerebro en la búsqueda de sus objetivos. Estos deben ser grandes para que merezca la pena luchar por ellos. Pero es interesante que, a la vez, se puedan dividir en pequeños pasos, a ser posible cuantificables, que nos permitan dosificar el esfuerzo. Hablar inglés, como reto, implica aumentar el vocabulario día a día, por ejemplo. Una vez decidido, y si es posible cuantificado (10 palabras al día, por ejemplo), se trata de conseguir perseverar hasta que se alcance el gran objetivo. Lo que parece indiscutible es que para conquistar el triunfo es imprescindible centrar la atención. En este sentido, las redes de control prefrontales son fundamentales en la focalización de la conducta dirigida a una meta en concreto. No hay que olvidar que, si la recompensa no es inmediata, el cerebro debe gestionar la espera (e incluso el sacrificio) actual por un bien mayor que llegará en un futuro más o menos próximo. 

La corteza prefrontal de cada individuo contribuye, de manera crítica, a la toma racional de decisiones, pero también a administrar el tiempo. No hay que olvidar que, si la recompensa no es inmediata, el cerebro debe gestionar la espera (e incluso el sacrificio) actual por un bien mayor que llegará en un futuro más o menos próximo. Es decir que si llega el verano y estoy estudiando, mi cerebro debe permitirme renunciar a salir a farrear con mis amigos (recompensa inmediata) a cambio del magnífico éxito que conseguiré en mi examen (recompensa aplazada). La única manera de mantenernos firmes a pesar de la demora de la recompensa será a través de la motivación. Que no es ni más ni menos que ese estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta hacia un fin determinado. También depende de la dopamina: cuanto más altos son los niveles de esta sustancia que circulan por nuestro cerebro, menos nos va a costar esforzarnos en conseguir una recompensa más valiosa, aunque no inmediata. 

En síntesis, no basta con buenas intenciones. La ‘toma de decisiones’ para alcanzar el éxito implica dedicar tiempo, esfuerzo y ‘control cortical’. Y como a cada decisión acompaña un esfuerzo cerebral, conviene reducir el número de decisiones para usar toda esa energía en las cosas que realmente merecen nuestro empeño. De ahí que valga la pena dosificarse y perseguir los buenos propósitos de uno en uno. No procrastinar es también algo DE LA CABEZA. Nos leemos en siete días.

LOS SECRETOS DEL BUEN SUEÑO

 

Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación de los domingos 11 y 18 de diciembre de 2022. Todos los derechos reservados.

"Dormir es distraerse del mundo" decía Borges. Y esa distracción es necesaria, vital, fundamental para que el cerebro funcione bien. No precisamente para que descanse, ya que paradójicamente trabaja más cuando dormimos, sino para cesar en los estímulos externos que dificultan que ese "trabajo" necesario del sueño se pueda llevar a cabo. El cerebro consolida memoria, se "limpia" de "suciedades", se nutre, se repara y se regenera en las horas de sueño, debemos saberlo. Es importante destacar que limpia, entre otras cosas, el beta-amiloide, el material de las placas seniles, una de las características distintivas de la enfermedad de Alzheimer. 

Un sueño reparador dura en torno a ocho horas y se divide en fase REM (rapid-eye movement, movimientos rápidos de los ojos), en la que el cerebro muestra tanta actividad como cuando su dueño está despierto, y sueño no-REM, un estado de sueño más profundo que predomina en la primera mitad de la noche. El sueño no-REM tiene una serie de fases y entre las funciones de este período está consolidar las memorias y adquirir y refinar nuestras habilidades motoras. El sueño REM interviene en nuestra capacidad para superar los sentimientos negativos, leer adecuadamente las emociones de otras personas y resolver problemas. Estos últimos tiempos, principalmente el pandémico y es posterior, han sido un desastre para nuestros patrones de sueño. Si nuestro sueño se interrumpe, no tenemos tiempo suficiente para realizar las actividades restauradoras de la noche y podemos sufrir alteraciones en nuestros procesos cognitivos y emocionales. Un sueño discontinuo rebaja sensiblemente nuestro estado de ánimo. 

Dormir es la medida más eficaz para resetear y renovar la salud de nuestro cerebro y el resto de nuestro cuerpo cada día. Entre las cosas que la ciencia ha descubierto está que el efecto de la falta de sueño es inmediato. Un estudio en el que participó un grupo de jóvenes a los que solo se les permitía dormir cuatro horas mostró efectos medibles en su sistema inmunitario al día siguiente. Concretamente, los participantes sometidos a privación de sueño presentaban una caída de un 70% en una población clave de células anticancerígenas, las NK o «natural killers». Además, los problemas de sueño contribuyen a la obesidad, la diabetes, el cáncer e incluso generan muertes prematuras. Las personas que tienen 45 años o más y que duermen menos de seis horas por noche tienen un porcentaje triple de sufrir un infarto o un ictus que aquellos que duermen lo suficiente. 

Llegados a este punto tengo que repetir una vez más que  el sueño con sedantes no es la solución, sus efectos son similares a dormir mal, pero pueden tranquilizar a la persona afectada y ser el camino hacia una recuperación. Pero el riesgo es alto: afectan la memoria inmediata y la memoria a largo plazo y pueden generar dependencia y adicción. Conseguir dormir un número de horas suficiente debe ser una prioridad. La respuesta puede estar en nuestros horarios, nuestra habitación, nuestra agenda diaria o mil problemas más. Algunas veces hace falta un tratamiento médico, un ejemplo es tratar la apnea del sueño, un trastorno en el que las personas afectadas muestran interrupciones breves de la respiración mientras duermen, incluso varios cientos en la misma noche. Tratar los problemas del sueño, como la apnea, en personas de edad avanzada mejora de una forma significativa la función cognitiva en los pacientes de alzhéimer y retrasa el inicio de esta enfermedad en los que no la sufren en unos diez años. Por tanto parece interesante, en particular para los que dormimos poco, priorizar el sueño y apostar por una vida más larga y saludable.

Hay que saber que la cantidad de horas de sueño que necesitamos varía con la edad. Parece que los adolescentes a los que los docentes les damos clase necesitan más horas y es raro que las duerman. Puede que parte de su malhumor, la dificultad para concentrarse, esa sensación de no aguantarse ni a sí mismos venga de una falta de sueño. Pero a veces también somos los profesores los que no dormimos lo suficiente, pues aunque los de fuera raramente lo ven, raro es el día en que la jornada termina sin llevarnos trabajo a casa. Diversos grupos de investigación están estudiando cómo ayudarnos a dormir más y mejor. David Rose y su grupo del Media Lab del MIT están investigando hamacas, aromas como la lavanda, mantas con pesos para inducir la sensación de estar envuelto y cuentos de hadas islandeses. Todo ello para intentar encontrar el ambiente nocturno perfecto. Hugo Mercier, un ingeniero informático de París, ha recaudado diez millones de dólares para estudiar una banda para la cabeza que induce el sueño. Otro aparato, diseñado por el australiano Ben Olsen, emite un sonido para mantenerte despierto la hora previa a irte a la cama. Parece que las interrupciones del sueño antes de dormir evitan la alteración del sueño cuando sí que toca. No es su primer invento, este emprendedor ha diseñado un par de lentes con luces incorporadas que están diseñadas para cambiar nuestro ritmo circadiano y solucionar problemas como el jet-lag. Aparentemente ha vendido 30.000 pares desde que las puso a la venta en 2012. 

El tema del sueño es altamente abarcante a todos los niveles. Incluso, algunas empresas como Nike y la misma Google han prestado atención a los patrones de sueño de su plantilla. Han flexibilizado los horarios atendiendo a que hay gente madrugadora y trasnochadora (alondras y búhos los llaman en inglés) y han acondicionado zonas y mobiliario en las oficinas para poder dar una cabezada si hace falta. Algunas sugerencias prácticas: ¿Usas despertador? No deberías necesitarlo. Si es así lo más probable es que no estés durmiendo lo suficiente. Además, el tiempo en la cama no es lo mismo que el tiempo durmiendo. Ahí entran en vigor las medidas inherentes a la llamada "higiene del sueño" que tanto remarco entre mis pacientes: 

- Intenta asegurarte de que dispones de ocho horas de tranquilidad en la cama para tener un sueño reparador suficiente. 

- Sé regular. Vete a la cama y levántate siempre a la misma hora, pase lo que pase. No cambies si has tenido una mala noche ni si es fin de semana. La hora de salir de la cama es la más importante porque es la que va a marcar tu ritmo circadiano durante el día y va a determinar cuándo sientes que es hora de dormir. 

- Baja la temperatura, ya que tu cuerpo necesita reducir su temperatura en aproximadamente 1,2 grados para iniciar el sueño. Esa es la razón por la que nos resulta más fácil caer roques en una habitación donde hace frío que en una donde hace demasiado calor. Una temperatura de 18,5 º se considera óptima para el dormitorio; es decir, más frío de lo que pensaríamos normalmente. Si tus pies se quedan helados puedes dejarte los calcetines pero ¡no los pongas encima de tu pareja! (es lo menos sensual del mundo!!!) 

- Reduce la luz. Disminuye la iluminación antes de irte a dormir. Apaga tantas luces como puedas de manera que no interfieran en la producción natural de la melatonina, la hormona del sueño, que se empieza a sintetizar al ir atardeciendo y disminuyendo la luz solar. Unas buenas persianas o unas cortinas tupidas también pueden ayudar a que la luz no te desvele. 

- Apaga las pantallas. Las pantallas de tabletas y teléfonos móviles generan luz azulada de corta longitud de onda, que reduce la producción de melatonina. Por tanto, nada de artilugios electrónicos en la hora previa a ir a la cama. Es otro motivo para preferir un libro en papel a un lector electrónico. Un iPad reduce la producción de melatonina en más de un 50% ¡y encima no tiene ese maravilloso aroma a libro nuevo! 

- Levántate. Si no consigues dormir, no te quedes dando vueltas en la cama un tiempo prolongado (más de veinte minutos). Mejor levántate y haz algo tranquilo y relajante hasta que vuelvas a tener ganas de dormir. 

- Evita la cafeína después de comer y el alcohol desde la tarde. El alcohol es una sustancia depresora y estar sedado no es dormir. El alcohol también bloquea el sueño REM y hace que abras el ojo varias veces a lo largo de la noche. Además, el alcohol hará que despiertes con sensación de malestar, de no haber descansado lo suficiente durante la noche. Además, por si fueran pocos todos los motivos que tenemos para no beber durante el embarazo, el sueño añade uno más: una copa de vino inhibe temporalmente el sueño REM del feto. ¡Déjale dormir o se vengará cuando nazca! 

Cervantes, ese soldado que tan bien nos conocía, decía que «el sueño es el alivio de las miserias para los que las sufren despiertos». El sueño es el momento de cerrar cerebralmente el pasado, bien DE LA CABEZA, y empezar con fuerzas renovadas y las neuronas limpias, el nuevo día. ¡Buenas noches y dulces sueños!

LO QUE SUCEDE EN EL CEREBRO CUANDO DAMOS UNA BUENA CLASE

  Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación correspondiente al domingo 10 de setiembre de 2023. Todo...