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martes, 29 de agosto de 2023

FOBIAS

 

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del domingo 28 de mayo de 2023. Todos los derechos reservados.

Hay miedos y miedos, causas y causas, algunas hasta llamativas. Pero cuando se salen de control hablamos de las fobias. Son trastornos de ansiedad caracterizados por un miedo intenso, irracional y persistente hacia un objeto, situación o actividad específica. Algunas de las fobias más comunes incluyen a la acrofobia (miedo a las alturas), la claustrofobia (miedo a los espacios cerrados), la aracnofobia (miedo a las arañas), la agorafobia (miedo a los espacios abiertos o situaciones difíciles de escapar), la hematofobia (miedo a la sangre o a las heridas) la aerofobia o aviofobia (miedo a volar en avión), la increiblemente diseminada coulrofobia (miedo a los payasos) y la cinofobia (miedo a los perros). 

Cuando una fobia se activa, se desencadenan respuestas físicas y emocionales en el cerebro y el cuerpo. El sistema límbico, que incluye la amígdala, juega un papel fundamental en el procesamiento del miedo y la ansiedad. La amígdala, una estructura en forma de almendra ubicada en el cerebro de la que tantas veces habláramos como interviniente en las emociones, es responsable de la respuesta de "lucha o huida" y puede activarse de forma excesiva en las fobias. Además de la amígdala, otras áreas cerebrales también están involucradas en las fobias, tal es el caso del córtex prefrontal, encargado del razonamiento y la toma de decisiones que puede influir en cómo se interpretan y se manejan los miedos. También se ha encontrado que el hipocampo, relacionado con la memoria y el aprendizaje, desempeña un papel en la adquisición y el mantenimiento de las fobias. 

Aparte de las fobias comunes ya descritas, también existen algunas fobias raras que pueden resultar sorprendentes. Estas incluyen la hexakosioihexekontahexafobia (si, asi de dificil, es el increible miedo al número 666), la pogonofobia (miedo a las barbas), la ablutofobia (miedo a lavarse o bañarse), la nomofobia (miedo a estar sin un teléfono móvil), la increible coulrofobia inversa (si, es cierto, es el miedo a las personas que no usan maquillaje de payaso), la linonofobia (miedo a las cuerdas). la eufobia (miedo a dar respuestas a preguntas) y la quilofobia (miedo a los labios). 

El tratamiento de las fobias generalmente se realiza a través de enfoques terapéuticos efectivos. Algunos de los tratamientos más comunes incluyen: 

- Terapia de exposición: Es una forma de terapia cognitivo-conductual (TCC) en la que gradualmente se expone a la persona a la fuente de su miedo o fobia. 

- Terapia cognitiva: Se centra en identificar y cambiar los pensamientos negativos o distorsionados relacionados con la fobia. 

- Técnicas de relajación y manejo del estrés: El aprendizaje de técnicas de relajación, como la respiración profunda, la relajación muscular progresiva o la meditación, puede ayudar a reducir los niveles generales de ansiedad y el malestar asociado a la fobia. 

- Terapia de desensibilización: Similar a la terapia de exposición, la terapia de desensibilización implica exponer gradualmente a la persona a la fuente del miedo mientras se le proporcionan técnicas de relajación para reducir la ansiedad. 

- Medicación: En algunos casos, se pueden prescribir medicamentos para ayudar a controlar los síntomas de ansiedad asociados con las fobias. Los medicamentos pueden incluir antidepresivos, ansiolíticos o betabloqueantes. Sin embargo, es importante tener en cuenta que los medicamentos no curan la fobia, sino que pueden aliviar los síntomas mientras se realiza la terapia. 

Es recomendable buscar la ayuda de un profesional de la salud mental, como un psicólogo o psiquiatra, para recibir un diagnóstico preciso y un plan de tratamiento individualizado- Las fobias son, sin lugar a dudas, unas de las afecciones DE LA CABEZA más comunes. Nos leemos en una semana. 

jueves, 17 de noviembre de 2022

EL CEREBRO Y LA ANSIEDAD

 

Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación del domingo 20 de noviembre de 2022. Todos los derechos reservados.

Desde el vamos tengo que aclararles que no estamos hablando de la misma cosa cuando decimos ansiedad y cuando nos referimos al miedo. Este último es una reacción a peligros externos, es la respuesta a un fenómeno real que desencadena una cascada de síntomas fisiológicos como podrían ser la taquicardia, el temblor o la sensación de ahogo. A diferencia del miedo, la ansiedad es una respuesta compleja que necesita la participación de los lóbulos frontales, que son órganos ejecutivos que procesan la información a un nivel superior. Todo lo sucedido durante, por ejemplo, un evento traumático, se ha grabado detalladamente en nuestra memoria (hipocampo). El cerebro empieza a escanear nuestro entorno de manera constante (vigilancia). Si vemos algo que nos recuerda a lo que nos amenazara y que está "grabado a fuego" en nuestra memoria, este estimulo es clasificado como “peligroso” y el cerebro paraliza otras actividades y se concentrará en este estimulo, dicendo: “ALTO. Todo lo demás puede esperar, nuestra seguridad está en peligro, vamos a analizar esto con detalle.” Adicionalmente, los lóbulos, frontales con su capacidad de hacer proyecciones de futuro, de originar pensamiento abstracto y de hacer generalizaciones, puede empezar a hacerse preguntas en proyección de futuro, con proyección a otras personas (como nuestros afectos), a referencias geográficas o de lugares: los lóbulos frontales, entonces, están presentando hipótesis. Estas no están basadas en la realidad, son proyecciones de futuro o generalizaciones. No son peligros reales, son posibilidades abstractas que el cerebro evolucionado nos ofrece para poder defendernos. 

Este fenómeno es el que definimos como ansiedad. La preocupación no es real, ni es externa, si no una creación de nuestro propio cerebro. Y esta ansiedad no siempre es mala. La evolución ha puesto esta capacidad a nuestro servicio para que podamos defendernos mejor de los peligros externos. El problema es que, cuando nuestras redes cerebrales no están bien reguladas, este mecanismo de defensa de nuestro cuerpo puede convertirse en una patología. ¿Qué ocurre cuando estas áreas no están bien reguladas? Ante hechos que causen impresión, por ejemplo, se pueden estimular los lóbulos frontales de modo exagerado (hipersensibilización) y de manera permanente, a fin que el escaneo del entorno, la búsqueda de peligros, las generalizaciones se hacen constantes. El circuito esta tan activado que no puede parar. En este caso, la ansiedad, la preocupación y la tensión nos llevan a un estado patológico. Este circuito, trabajando a una velocidad y frecuencia tan elevadas, puede llevarnos a hacer generalizaciones y racionalizaciones de nuestro entorno que están totalmente distorsionadas de tal manera que vivir en la sociedad puede ser interpretado como estar permanentemente viviendo en la jungla. En este estado, no podemos relajarnos, nos costará dormir y nos despertaremos frecuentemente. Todo ello es señal de la hiperactivación y desregulación de estas redes neuronales. 

¿Cuáles son las áreas cerebrales que se activan con la ansiedad y el miedo? El cerebro tiene la capacidad de poner en marcha hasta un total de 21 áreas cerebrales distintas y todas ellas trabajando en redes. En primer lugar está la Amígdala que es el órgano ejecutivo de la ansiedad y el miedo, es muy rápida y automática,  analiza todos los estímulos que podrían ser causa de peligro y envía la señal de alarma inicial y su conexión con la Sustancia Gris PeriAcueductal (SGPA) provoca una sensación de miedo intensa, alerta, huida y paralización. Por su parte, el sistema Noradrenérgico Ascendente inicia la vigilancia constante y la atención selectiva al peligro. En este circuito se encuentran núcleos como el Sistema de Activación Reticular (SAR) que forma parte de nuestro sistema de activación, excitación y vigilia, nos mantiene atentos, concentrados y focalizados. y el Locus coeruleus, que es el principal núcleo productor de noradrenalina, el neurotransmisor que utiliza el Sistema Nervioso Simpático y que forma parte de las reacciones de pánico y estrés. Paralelamente la amígdala envía señales al hipotálamo que regulan las emociones y el miedo y aumentan el ritmo cardiaco, la respiración, tensión muscular, necesarios por si tenemos que huir o luchar, poniendo en marcha el eje hipotálamo-Hipófisis-Adrenal y dando como resultados la producción y secreción de cortisol, la hormona del estrés. 

Por su parte, los lóbulos frontales son los órganos ejecutivos del cerebro, procesan la información a un nivel superior. Dan órdenes de cómo se debe organizar y ejecutar una acción. Un rol importante es el de análisis de estímulos y situaciones complejas. Tiene diferentes roles en el control de las emociones y los estados de ánimo El córtex prefrontal tiene comunicación directa con la amígdala y a través de esta interacción, la potencia o la inhibe. Esto hace que, por ejemplo, no nos asustemos y salgamos corriendo del cine o del sofá de nuestras casas cuando vemos una pelicula de terror porque el frontal "sabe" que es una fantasía recreada, mientras que si estamos en una calle oscura y oímos el sonido de una motocicleta, el frontal preparará todo para una huida ante el riesgo de "motochorros", es decir, peligro real. Finalmente me toca hablar del hipocampo, un núcleo esencial para la formación y consolidación de la memoria y es necesario para la activación de alarma. Cuando nuestros sentidos detectan señales que pueden significar peligro, el hipocampo hace un repaso de los archivos de memoria, si el resultado es positivo, pone en marcha los mecanismos de alerta.

Entonces: ¿qué es la ansiedad? Es simplemente la hiperactivación permanente y sin descanso de los circuitos de alerta del cerebro, que pueden o no tener motivo. La regulación de estos mecanismos (por medios farmacológicos, psicoterápicos, etc.) es un arte que manejan quienes conocen en profundidad el funcionamiento de estos centros. No solo se trata de dar un sedante, un hipnótico o una benzodiacepina: el paciente es más que una pastilla: es realmente solucionarle el problema que puede ser multifactorial. Es lo que nos tiene DE LA CABEZA lo que termina por controlarnos, siendo que en realidad debemos controlarlo nosotros. Así que, si te sirvió, se agradece tu comentario y tu sugerencia para temas a tratar en esta columna. Nos leemos en una semana. 

miércoles, 7 de septiembre de 2022

¿FALSO TESTIMONIO O JUEGO CEREBRAL?

Artículo de la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación correspondiente al domingo 7 de agosto de 2022. Todos los derechos reservados.

La memoria está llena de olvidos. No es la amiga fiel que todos creemos como depositaria de nuestros más preciados tesoros, los recuerdos, sino que muchas veces nos falla o no nos muestra "la película completa". Por ejemplo, ahora sabemos que los testimonios de los testigos en un juicio, por ejemplo, son muy poco fiables. Esto se debe a que la memoria no funciona solamente recuperando información almacenada. Nuestras mentes normalmente construyen los recuerdos utilizando una mezcla de experiencias recordadas y conocimiento sobre el mundo. Sin embargo, nuestros recuerdos pueden ser alterados por nuevas experiencias que terminan enredando el pasado con el presente. 

Confundir los recuerdos puede tener consecuencias nefastas, lo que ha llevado a psicólogos a tratar de descubrir qué causas explican los recuerdos defectuosos. Esto es lo que se conoce como efecto DRM que es una forma de inducir recuerdos falsos y que fue descubierta hace décadas. Este nombre combina las iniciales de tres investigadores: James Deese describió por primera vez la ilusión psicológica en 1959, pero no fue hasta 1995 que Henry Roediger y Kathleen McDermott la vincularon a los falsos recuerdos y a partir de entonces fue ampliamente utilizada en experimentos psicológicos. Este efecto explica que nuestros recuerdos no se basan en lo que sucedió exactamente, sino que hay algo que ocurre que es más como una aproximación, a menudo referido como recuerdo esencial. En lugar de codificar cada palabra, la mente construye un concepto general que se almacena en la memoria. Este efecto es influenciado por el grado de relación entre los significados de las palabras (semántica), pero muchos también se cree que los recuerdos falsos reflejan cómo nuestra mente organiza los conocimientos. Los seres humanos tienen un gran almacén de conceptos y estamos excepcionalmente capacitados para usar esos conceptos haciendo generalizaciones que nos permiten encontrar soluciones a las nuevas situaciones y problemas. Los estudios de falsos recuerdos nos muestran que nuestra memoria es siempre una mezcla de nuestros conocimientos sobre el mundo en general, junto a lo que logramos retener acerca de una reciente experiencia. Eso es un proceso adaptativo porque en general usamos nuestra memoria para hacer frente a nuevas situaciones. Un recuerdo es siempre una reconstrucción de esas dos fuentes, lo que nos permite hacer una inferencia razonable acerca de lo que probablemente haya sucedido que es casi siempre útil y solo en algunas ocasiones nos fallará. 

Los estudios de imagen cerebral muestran que numerosas regiones del cerebro juegan un papel en la memoria semántica. Parece que diferentes propiedades son almacenadas en diferentes áreas. Las formas, colores y movimientos distintivos de cosas se almacenan en la corteza visual; los sonidos, sean estos palabras o un tintineo de tazas y cucharas por ejemplo, se almacenan en la corteza auditiva. Nuestro conocimiento acerca de la forma de interactuar con los objetos, como el usar los cubiertos o pedalear una bicicleta, se almacena en la corteza motora. La distribución del conocimiento sobre el mundo por todo el cerebro de esta manera, sin embargo, no nos permitiría inferir la relación entre, por ejemplo, un avestruz y un colibrí. Estos no son parecidos físicamente, y no se mueven de forma similar, ni emiten sonidos parecidos y, sin embargo, sabemos que son lo “mismo” a un cierto nivel. Este alto nivel de abstracción, tan importante para la cognición humana, puede, según algunos investigadores, depender de un “centro de operaciones” con conexiones a diferentes áreas de una red distribuida por todo el cerebro. Este centro se encuentra en el lóbulo temporal anterior del cerebro (ATL, por sus siglas en inglés) y eso se sospecha por hallazgos como, por ejemplo, en pacientes con demencia semántica, una enfermedad neurodegenerativa que afecta principalmente el ATL, se ven principalmente problemas para recordar y comprender palabras, mientras que otras funciones no son afectadas. 

Las explicaciones para el efecto DRM a menudo se basan en la hipótesis de que los significados similares pero no idénticos están representados por patrones similares de actividad en el cerebro y dicha actividad de superposición conduce a falsos recuerdos. Pero en realidad nadie había podido confirmar esta idea estableciendo claramente como funciona la actividad cerebral. Estudios de neuroimágenes demostraron que todo el mundo experimenta actividad cerebral relacionada con falsos recuerdos. Esta región temporal tiene un código para el conocimiento semántico que está basado en la similitud, el cual es mayormente compartido, pero cada cerebro a su vez tiene ligeras variaciones en algunas representaciones, lo que da lugar a diferencias en los errores que cometemos en cuanto a los recuerdos falsos. Todos compartimos un mapa genético común que nos ayuda a conectar nuestros cerebros cuando somos niños, pero cambiamos de acuerdo a la naturaleza de nuestras experiencias, y eso va a producir similitudes en la generalidad que son compartidas por todo el mundo, además de diferencias individuales, dependiendo de las experiencias. La memoria, así organizada, además de permitirnos ver fácilmente las relaciones entre las palabras y los conceptos, mejora su rendimiento. Los falsos recuerdos pueden ser simplemente el precio que pagamos por ese alto nivel de organización aunque parezca paradójico. Ese es exactamente el tipo de problema que a los algoritmos actuales les cuesta mucho resolver y que tiene implicaciones para los problemas que se presentan en la intersección entre la psicología y la ley, al igual que para los recuerdos falsos en los testimonios. En materia jurídica (o "cerebrando el Derecho" como se titula un libro nuevo en el que estoy trabajando), entender qué mecanismos hacen que las personas estén seguras de falsos recuerdos podría ser importante para resolver ese tipo de problemas legales. Saber realmente cómo se representan los conceptos y el grado en el que la superposición puede causar recuerdos falsos, podría llevar a diseñar formas de interrogación para evitar este tipo de trampas cognitivas.

La memoria también nos tiene DE LA CABEZA. Nos leemos la semana que viene.

COMO REGENERAR NEURONAS... CON EL SEXO...!!!

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 20 de agosto de 2022. Todos los derechos reservados. 

En mis épocas de Facultad, decir que en el adulto se producían neuronas de nuevo era una herejía que culminaba con la hoguera del aplazo y el escarnio público a cargo del docente que escuchase esa infamia intelectual neurocientífica de los 90 del siglo pasado. Uno venía "de fábrica" con las neuronas que traía y debía llegar al final de su vida con las que podía, ni hablar de que "en el camino" se agreguen más. Bueno, como todo en Neurociencias, eso cambió (el cambio es lo único que no cambia en esta disciplina donde lo que ayer fue no es hoy y lo de hoy ya no lo será mañana): hoy sabemos que el ser humano adulto tiene zonas del cerebro donde se producen neuronas nuevas que, generalmente, son destinadas a formar nuevos circuitos en el entramado neuronal de nuestro órgano rey, principalmente para que, por esas nuevas conexiones, se formen nuevos recuerdos o aprendizajes que, de esa manera, van adquiriendo su lugar físico (y funcional) en el cerebro adulto. 

Dicho esto, debemos saber ¿cómo hacemos para formar nuevas neuronas? Entre 1300 y 2000 neuronas nuevas se producen cada día, y el cerebro tiene mecanismos para ser ayudado en esa tarea: el ejercicio aeróbico, los antioxidantes incluidos en la dieta, dejar el tabaco y el alcohol en exceso, controlar el estrés y mantener el cerebro siempre activo. Pero existe una manera más agradable de generar neuronas diariamente y esa es... el sexo. Y está demostrado científicamente: un estudio realizado por el Departamento de Psicología de la Universidad de Maryland desvela que la experiencia sexual restaura el declive que se produce con la edad en la neurogénesis y cuya disminución está relacionada con un deterioro del hipocampo, un órgano relacionado con la memoria y la adquisición de nuevos conocimientos, lo cual en proyección de patologías se relaciona con entidades como el Alzheimer. Lo que este estudio consiguió demostrar era precisamente que una experiencia gratificante como la práctica sexual puede estimular la producción de nuevas neuronas. El estudio se realizó con ratas adultas jóvenes para ver si se producían efectos en la neurogénesis y la función del hipocampo una vez se convertían en mayores y el resultado fue claramente positivo. Y lo curioso es que, para que la función cognitiva mejorase, no sólo se necesitaba la presencia de nuevas neuronas sino que la actividad sexual fuera prolongada. Es decir, si la experiencia sexual paraba, también lo hacía la mejora del sistema cognitivo. La actividad sexual continua y sostenida se relaciona con un mejor rendimiento en determinadas funciones cognitivas como la memoria y funciones ejecutivas. Esto se debería a la influencia en el sistema nervioso central de hormonas sexuales como la testosterona o la oxitocina y la alteración de diversos neurotransmisores (por ejemplo la relación de la dopamina y la actividad sexual).

Hoy en día sabemos que el estrés afecta negativamente al cerebro. Si estamos estresados nos volvemos irritables, dormimos mal, nos falla la memoria y el razonamiento, estamos "más lentos" de cabeza, nos volvemos hostiles, etcétera. Todo esto es reflejo de lo que pasa a nivel celular y molecular en nuestro organismo en general, y en nuestro cerebro en particular. El estrés y su efecto molecular, el incremento de los niveles de corticosterona, provocan la atrofia de las dendritas neuronales, suprimen la proliferación celular y reducen drásticamente la formación de nuevas neuronas en el adulto. Cuando es crónico, es estrés puede acabar provocando un trastorno de ansiedad, lo que afecta al hipocampo, alterando negativamente el aprendizaje y la memoria. Es ahí donde la experiencia sexual tiene un efecto ansiolítico temporal que además induce la proliferación neuronal en el adulto. El tener una vida sexual activa, es decir, una experiencia sexual crónica, induce la neurogénesis en el cerebro adulto, y también incrementa el número de conexiones entre las neuronas y el aumento de complejidad de las mismas. Este efecto beneficioso para el cerebro se produce aún a pesar de que el organismo se encuentra bajo condiciones de estrés, por lo que la experiencia sexual continuada y estable no solo "tapa" los efectos negativos del estrés, sino que induce efectos beneficiosos a largo plazo como la proliferación neuronal y la formación de nuevas, más numerosas y más complejas conexiones entre las neuronas, lo que se acaba reflejando en una reducción de la ansiedad y sus derivados comportamentales, y un mejor aprendizaje y memoria. 

Así que ya sabemos: para estar DE LA CABEZA con nuevas neuronas, generemos neuronas cada vez que podamos. Usted ya me entiende, querido lector. Nos vemos en siete días.


ALCOHOL Y NIÑOS, AGUA Y ACEITE.

 

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del domingo 11 de setiembre de 2022. Todos los derechos reservados.

Nos hemos escandalizado en esta semana cuando un conocido influencer de redes sociales presentó como un hecho "simpático" y hasta "folclórico" (por darle un nombre a la atrocidad cometida en redes) el darle de beber cerveza a un bebé menor de un año de edad, aparentemente su propio hijo. Independientemente de lo deleznable que pueda ser el hecho, de la naturaleza del hecho, de que la justicia ya haya puesto manos a la obra, o de las razones que deseen esgrimir (en contra o, sorprendentemente, a favor), nos da pie nuevamente en esta columna a tomar un tema de actualidad y aprovecharnos del mismo para que podamos hablar de lo que puede suceder en el cerebro de los niños cuando consumen alcohol. Y es que ofrecerle un trago de alcohol a un niño o a un adolescente, dejarle probar “un poquito” o pensar que “ya está grandecito para tomar” son algunas de las actitudes erróneas que asumen algunos padres, madres y cuidadores quienes, a simple vista, las ven como inofensivas e, incluso, graciosas, cuando, en realidad, se trata de hechos que atentan contra el bienestar de las niñas, los niños y los adolescentes. 

Ofrecerle alcohol a un menor de edad, además de ser ilegal, es un acto que constituye una vulneración tan grave como el maltrato físico. El alcohol genera consecuencias negativas a nivel biológico, psicológico y emocional. Por lo tanto, es una forma de ejercer violencia hacia los niños y los adolescentes y una vulneración a sus derechos. Basta con revisar la evidencia científica para conocer los profundos riesgos que genera el consumo de alcohol a temprana edad y comprender por qué constituye una vulneración a sus derechos. Diversas investigaciones han concluido que, debido a que el cerebro solo alcanza su máximo desarrollo hacia los 21 años de edad, el consumo de alcohol a temprana edad afecta el progreso madurativo de este órgano. En este sentido el efecto que generan las bebidas alcohólicas produce deficiencias en la formación de la corteza cerebral, las conexiones con los lóbulos parietales y la comunicación entre ambos hemisferios cerebrales. Por lo tanto, el efecto se verá en procesos como la memoria, las habilidades de pensamiento y planeación, la toma de decisiones, la resolución de problemas o cualquier otra de las funciones ejecutivas que son realizadas por la corteza prefrontal o el hipocampo y que, según los estudios de neuro imágenes, son zonas del cerebro que muestran diferencias significativas entre los adolescentes consumidores de alcohol y los que no lo hacen. Esto produce bajo rendimiento escolar ya que el aprendizaje se torna más lento debido a las deficiencias en los procesos de atención y a la afectación de las habilidades de memoria y pensamiento que genera el consumo de alcohol en la infancia y la adolescencia. 

Sabemos hoy que los niños que empiezan a tomar alcohol antes de los 14 años de edad tienen hasta 10 veces mayor probabilidad de desarrollar consumos problemáticos y dependencia o adicciones al llegar a la adultez, así como mayor posibilidad de consumir otras sustancias psicoactivas, que aquellos que empiezan a tomar después de los 18 años.Igualmente, la ingesta de bebidas alcohólicas durante la fase de crecimiento afecta el desarrollo normal de los órganos. La pubertad es un período asociado con cambios hormonales importantes para la madurez sexual del ser humano como la testosterona y estrógeno los que, a su vez, se relacionan con la producción de hormonas de crecimiento que permiten el desarrollo de órganos, músculos y huesos. Está demostrado que el consumo de alcohol afecta estás funciones e incluso, provoca efectos severos en el funcionamiento de órganos como el hígado que se encarga de regular las funciones metabólicas y la eliminación de toxinas. En el caso de los adolescentes, estos son más vulnerables o están más expuestos a riesgos como las relaciones sexuales no consentidas o sin protección, lo que conlleva a embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual. En otros casos, el consumo de bebidas embriagantes los hace más susceptibles a ser víctimas de robos, golpes o accidentes. 

En términos de salud mental y emocional, diversos estudios han concluido que el consumo de alcohol a temprana edad incrementa el riesgo de que las niñas, niños y adolescentes exacerben o desencadenen trastornos psicológicos como conductas oposicionistas y desafiantes, agresividad, depresión e, incluso, riesgo de suicidio. Esto se explica en parte porque, el alcohol es un depresor del sistema nervioso central. Esto quiere decir que, una vez pasa su efecto, se genera un bajonazo emocional que, en los adolescentes, por estar en una etapa de cambios hormonales significativos, tiene un efecto mucho mayor y más intenso. Las secuelas que genera el consumo de alcohol en el desarrollo físico, cognitivo y emocional de las niñas, niños y adolescentes plantean la necesidad de pensarlo dos veces antes de ofrecerles, aunque sea un solo trago de alcohol. Es más que algo DE LA CABEZA: es un delito, un atentado a sus derechos y una forma de asesinar su futuro y el de su salud.


jueves, 20 de enero de 2022

¿QUE ES LA CORONAFOBIA?


Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 22 de enero de 2022. Todos los derechos reservados. 

Hoy sabemos que el miedo es un factor que ha colaborado en la evolución de la humanidad, ya que es un mecanismo cerebral que involucra porciones cerebrales como la amígdala, la corteza prefrontal y el hipocampo para inducirnos esa sensación que nos aleja de lo que puede ser potencialmente peligroso. Esto, entonces, nos protegió durante la historia de factores que podían habernos dañado. Entonces, podemos decir que el miedo como tal es una conducta adaptativa. Sin embargo, existen en Neurociencias aquellas conductas que conocemos como "miedo desadaptativo", es decir, el miedo que no conduce a ninguna conducta de proteccion o útil para la supervivencia. 

Dentro de esos miedos desadaptativos se anota ahora la llamada "Coronafobia" que se define por la OMS como el miedo irracional a padecer Covid o su síntomas. Este nuevo padecimiento se califica en el Manual de Enfermedades Mentales encuadrado dentro de lo que se conoce como fobia: el miedo, la ansiedad o la evitación causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento. Y esta es precisamente la característica fundamental que convierte a la fobia en un problema de salud mental. La pandemia de covid-19 ha erosionado la salud mental de una gran parte de la sociedad. Del mismo modo, en personas vulnerables o con predisposición ha supuesto un aumento alarmante de los trastornos mentales. Los más prevalentes son la depresión y la ansiedad. De forma más concreta, cualquier situación alarmante o catastrófica (como una pandemia) supone el caldo de cultivo perfecto para la aparición de trastornos relacionados con el miedo excesivo. niños en la escuela. Son destacables aspectos como el riesgo de infección a través del contacto físico o los espacios cerrados, la muerte o infección de seres queridos, las medidas de contención, el aislamiento social y la soledad, la pérdida masiva de empleo o la inestabilidad financiera, entre otros. En este contexto, sabemos que no todo el mundo tiene la misma posibilidad de desarrollar una fobia ante un determinado evento desencadenante. Dependerá de la presencia de factores genéticos y ambientales, además de otros factores específicos de cada tipo de fobia. Por ejemplo, en el caso de las fobias asociadas a las pandemias (como la de covid-19), se ha visto que las variables de diferencia individual como la falta de tolerancia a la incertidumbre, la vulnerabilidad percibida a la enfermedad o la propensión a la ansiedad parecen desempeñar un papel fundamental. Los individuos con este miedo extremo tienden a experimentar un conjunto de síntomas fisiológicos desagradables desencadenados por pensamientos o información relacionada con esta enfermedad. Es realmente incapacitante en la medida en que está fuertemente relacionada con el deterioro funcional y la angustia psicológica y, por tanto, tiene importantes implicaciones para el bienestar mental. Se la relaciona con trastorno obsesivo compulsivo (TOC), otra alteración relacionada con la ansiedad cuyos síntomas pueden verse exacerbados en el contexto del covid-19: las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes no deseadas (la idea de contagiarse o de contagiar a los seres queridos) y las compulsiones que aparecen para hacer frente al malestar generado por las obsesiones en forma de comportamientos repetitivos que la persona aplica de manera rígida (lavarse las manos con frecuencia excesiva). 

Es sumamente importante desarrollar mecanismos diagnósticos (test psicométricos, evaluaciones psicológicas) y el abordaje inicial no medicamentoso y medicamentoso si fuese necesario. Recordemos que según la OMS, en el año 2030 la salud mental será la principal causa de discapacidad en el mundo. Y contra eso debemos combatir para evitar estar DE LA CABEZA. Nos vemos en diete días.

sábado, 12 de junio de 2021

¿PAPEL O TABLET? ESA ES LA CUESTIÓN...

 


Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 27 de abril de 2021. Todos los derechos reservados.

En tiempos de educación pandémica a distancia, las Neurociencias deben acudir prestas a evacuar las dudas que surgen y que siempre van orientadas a la capacidad de aprender. Una de las grandes dudas es: la tecnología facilita el aprendizaje o, por el contrario, los "arcaicos" métodos de aprender deben conservarse por ser mas "cerebralmente amigables"?. La escritura en notebooks, tablets y pads, incluso el mismo teléfono como ayuda memoria, parece haber, en apariencia, "matado" al papel como método de tomar notas. Sin embargo... ¿es eso cierto?

No lo es. Estudios japoneses publicados en Frontiers in Behavioral Neuroscience demostraron que escribir en papel físico puede conducir a una mayor actividad cerebral al recordar la información una hora más tarde. Según los investigadores, la información asociada con la escritura a mano es probablemente la que conduce a una mejor memoria. ¿A qué se debe? El papel es más avanzado y útil en comparación con los documentos electrónicos porque contiene más información única para una mejor recuperación de la memoria. Contrariamente a la creencia popular de que las herramientas digitales aumentan la eficiencia, las notas tomadas "a mano" en papel fueron un 25% más rápidas que aquellas que se hicieron en tablets o teléfonos inteligentes. Los investigadores dicen que los cuadernos de papel contienen información espacial más compleja que el papel digital, permite una permanencia tangible, trazos y formas irregulares, como esquinas dobladas, mientras que el papel digital es uniforme, no tiene una posición fija al desplazarse y desaparece cuando se cierra la aplicación. Por ende, recomiendan desde ese estudio es usar cuadernos de papel para la información que necesitamos aprender o memorizar. 


Se realizaron mediciones en voluntarios mientras realizaban tareas en dispositivos digitales (notebooks, tablets o smartphones) y analógicos (cuadernos comunes de papel) utilizando registro visual de actividad cerebral por medio de la resonancia magnética funcional (fMRI) de la cual solemos hablar cada sábado aquí, y donde visualizamos el aumento del flujo sanguíneo observado en una región específica del cerebro interpretándolo como un signo de aumento de la actividad neuronal en esa área. Los resultados fueron sorprendentes. Aquellos voluntarios examinados que usaban papel tenían más actividad cerebral en áreas asociadas con el lenguaje, la visualización imaginaria y en el hipocampo, nuestra área conocida ya en esta columna semanal por ser importante para la memoria y la navegación. Los investigadores dicen que la activación del hipocampo indica que los métodos analógicos contienen detalles espaciales más ricos que se pueden recordar y navegar en el ojo de la mente. Las herramientas digitales tienen un desplazamiento uniforme hacia arriba y hacia abajo y una disposición estandarizada del tamaño del texto y la imagen, como en una página web. Pero si recuerda un libro de texto físico impreso en papel, puede cerrar los ojos y visualizar la foto un tercio del camino hacia abajo en la página del lado izquierdo, así como las notas que agregó en el margen inferior. Esta ventaja del papel puede igualarse en las formas digitales si se tiene por costumbre personalizar documentos digitales resaltando, subrayando, encerrando en círculos, dibujando flechas, escribiendo notas codificadas por colores en los márgenes, agregando notas adhesivas virtuales u otros tipos de marcas únicas, lo cual puede imitar el enriquecimiento espacial de estilo analógico que puede mejorar la memoria. Esto personalmente, me reconforta, ya que demuestra que los "herejes" que pintamos y resaltamos o anotamos en nuestros libros de texto, aprendemos más (mamá, ¿viste que yo tenia razón?)


Por último, señalemos que este estudio también indicó que es probable que la diferencia en la activación cerebral entre los métodos analógicos y digitales sea mayor en las personas más jóvenes, ya que los cerebros de los estudiantes de secundaria aún se están desarrollando y son mucho más sensibles que los cerebros de los adultos. Y algo no menor: el uso del papel es un gran estimulador de las actividades creativas, ya que es razonable que la creatividad de uno probablemente sea más fructífera si el conocimiento previo se almacena con un aprendizaje más sólido y se recupera con mayor precisión de la memoria, lo cual se demuestra sabiendo que el arte, la composición musical u otras obras creativas, enfatiza el uso de papel en lugar de métodos digitales. Y vos... ¿usás papel o medios digitales? ¿Verdad que estamos DE LA CABEZA con estos temas? Nos leemos el sábado que viene.




ENTRENANDO EL CEREBRO PARA LA POST PANDEMIA



 

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación de los sábados 8 y 15 de mayo de 2021. Todos los derechos reservados.

De que esta pesadilla va a acabar no tengo duda. Cada vez más cerca está el final, un día a la vez, con el advenimiento de las vacunas a todos, de la adopción de medidas permanentes de higiene y convivencia, y del cambio de mentalidad... aunque sea por la fuerza. La humanidad en su historia ha sobrevivido a peores épocas y ha salido triunfante y airosa. Y para ese entonces, nuestro órgano rey debe estar preparado, porque si bien estamos preparados para seguir peleando, también debemos prepararnos para la victoria, para ganar esta dura guerra. 

Desde que comenzó la pandemia, el confinamiento y el cercenamiento de nuestras libertades y comodidades del "mundo como lo conocíamos", han campeado sentimientos de incertidumbre, soledad, trauma, duelo, estrés, ansiedad y tantos otros que han socavado nuestra conducta, nuestro ánimo, nuestra emocionalidad. Nuestro cerebro nos acostumbró en mayor o menor medida a vivir con el miedo a contagiarnos o infectar a alguno de nuestros seres queridos más próximos, así como a sustituir por videollamadas las reuniones familiares o entre amigos. A los que manejan nuestra salud mental les gusta llamar a este acostumbramiento con un término que ha tomado cuerpo más que nunca y que, probablemente, ya se ha incorporado a nuestro vocabulario como tantos otros conceptos en estos últimos tiempo: la resiliencia. Esta no es otra cosa que la capacidad de adaptarse a los cambios bruscos o de recuperarse frente a un acontecimiento adverso, y de la cual ya les hable el año pasado en esta columna ni bien comenzábamos este derrotero juntos. Esta aptitud depende, es cierto, de la personalidad de cada uno pero también... ¡se puede entrenar!. Al ser un concepto un tanto abstracto, alude a una capacidad mental que surge cuando nuestro cerebro se ve sometido a situaciones de conflicto o estrés, de ahí que esté focalizada en el hipocampo y la corteza prefrontal, el centro de emociones como el miedo o la memoria. 


Sin embargo, es importante saber que padecer episodios de ansiedad crónica puede dañar la conexión entre la corteza prefrontal y la amígdala, haciéndonos menos resilientes Además, hay variantes genéticas que afectan a los niveles y actividad de las hormonas que inducen al estrés, así como aquellas que las contrarrestan. Algunas personas pueden nacer con más capacidad de resiliencia, pero también hay mucha influencia del entorno, desde su nivel socioeconómico, su acceso a la atención médica, nivel educativo o el hecho de sentirse apoyado por una comunidad de gente. Es por ello por lo que no podemos resignarnos y pensar que nuestra capacidad de resiliencia viene determinada solo por nuestra información genética, sino que gran parte del desarrollo de esta cualidad viene de saber cómo regular la respuesta al estrés, lo cual hace que sea un conjunto de habilidades que podemos aprender prácticamente cualquiera de nosotros. ¿Pero cómo? Fortaleciendo el centro de control ejecutivo del cerebro (la corteza prefrontal) y el centro de excitación (la amígdala) para que no se vea invadido por el miedo y despierte en nosotros emociones negativas, sino que logrando la activación de las emociones positivas, las cuales reducen los niveles de excitación, amplían nuestra capacidad de atención y aumentan el espíritu creativo, lo que ayuda finalmente a las personas a ser más flexibles en sus pensamientos y actitudes, de manera tal que miremos al estrés no como un problema insuperable, sino como una desafío que hay que resolver. 


Hay cosas que no podemos cambiar; de hecho, fuimos muy conscientes de esto mismo durante la pandemia, cuando tuvimos que guardar el confinamiento domiciliario durante meses. Muchos se llevarían las manos a la cabeza y vivirían bajo continuas situaciones de estrés, pero también otros tantos otros comprendieron que se trataba de una oportunidad para pasar tiempo en casa o desarrollar alguna habilidad que debían aprovechar (si, ya se, la famosa "masa madre" o el hacer cerveza en casa). Esto tiene un nombre en Psicología: lo llaman "optimismo realista" y consiste en tener una actitud orientada hacia el futuro y creer en que las cosas van a salir bien. No es una disociación de la realidad ni el "vivir en una nube de gases emanados por el aparato digestivo por via baja" (por decirlo de manera fina), tampoco es no saber ver los problemas o tener mucha capacidad para resolverlos, sino simplemente no vivir pegados a una connotación negativa de lo que le pasa, teniendo una gran capacidad para desconectarse de forma rápida, particularmente de todo lo negativo que no tiene solución. 

En el otro extremo de la escala resiliente, aparece lo que también la Psicología definió como antípodas del "optimismo realista", y es el llamado "realismo depresivo". Esta nueva corriente filósofica y psicológica es un tipo de flexibilidad cognitiva que se asocia con un control ejecutivo más fuerte de la corteza prefrontal que surge como respuesta de esa sensación de miedo o incertidumbre que despierta en la amígdala y provoca el estrés. De ahí que padecer episodios de ansiedad crónica pueda dañar la conexión entre la corteza prefrontal y la amígdala como dijimos, desregulando esta capacidad para hacer frente a los problemas y obviar aquello que no se puede remediar, produciendo trastornos que pueden ir hasta el estrés postraumático. 

Pero vamos a lo práctico: ¿cómo se puede ejercitar la resiliencia? Al ser una cualidad tan abstracta y con cierto componente genético, muchos se preguntarán cómo podemos aumentar nuestra capacidad de sobreponernos a lo malo. Una de las mejores maneras es mediante la meditación, la cual ejercita la corteza prefrontal, ya que ayudará a concentrarnos mejor y a autorregular nuestros propios pensamientos. Y eso sucede porque el cerebro es mucho más plástico de lo que pensamos, es como un músculo que se puede fortalecer o ejercitar. A esta capacidad la conocemos como "neuroplasticidad dependiente del uso", es decir, cuando más lo ejercito, más y mejor responderá mi cerebro y empleará menos esfuerzo en el futuro. En este tren de cosas, la respiración profunda que se da en la meditación ayuda a activar el sistema nervioso parasimpático, lo contrario a los sentimientos de lucha o huida, y comenzar a quitarse de encima las sensaciones de estrés. Y aunque parezca algo vano y superficial, está demostrado por estudios que, a corto plazo, respirar profundamente unas cuantas veces en un momento puntual de estrés puede activar este sistema, reduciendo los niveles de noradrenalina, la sustancia química del cerebro que aumenta la excitación. 


Finalmente, remarcar que quizás la forma más esencial de entrenar al cerebro para ser resiliente sea hacerle caso al proverbio japonés que dice "si quieres ganar, corre solo; pero si quieres llegar más lejos, corre acompañado". En nuestro camino hacia la recuperación de un suceso traumático o de un conflicto, sentirse acompañado en el camino es esencial para salir victoriosos. Eso si, elegir bien la compañía eliminando a los tóxicos y sumando a los positivos. Recordemos que no somos islas condenadas a soportar la embestida de las olas de forma estoica, sino que estamos rodeados de personas que seguramente estén pasando una situación parecida a la nuestra. Solo la solidaridad (lo vemos día a día) salva al mundo en el sentido literal de la palabra. Y, finalmente, si es demasiado difícil o no encontramos salida a los problemas que nos tienen DE LA CABEZA, siempre se debe pedir ayuda profesional. Porque esta guerra, te lo aseguro, la vamos a ganar como siempre lo hicimos a lo largo de la historia de la humanidad. Y debemos tener un buen y saludable cerebro para disfrutar de esa victoria. Nos vemos el sábado que viene, cada vez más cerca de ganar esta guerra.





jueves, 28 de enero de 2021

LAS COSAS QUE DEBEMOS SABER ACERCA DEL SUEÑO

 


Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 16 de enero de 2021. Todos los derechos reservados.


Esta semana en mis redes sociales lancé algunos tips acerca del buen sueño, su importancia y las formas que debemos encarar dichos problemas. Y la avalancha de preguntas no se hizo esperar, denotando que el trastorno del sueño es algo que es muy común en muchísima gente. Es por ello, y aunque haya escrito ya en esta columna acerca de la importancia del sueño, que me atrevo a compartir las preguntas más frecuentemente hechas por quienes compartieron la información. Espero les sirva. Aquí van:

¿Por qué duermo mal y entrecortado?

Porque probablemente falta higiene del sueño, mal ambiente, exceso de estrés, factores alimentarios, sedentarismo, etc. Estos son factores a corregir para poder tener buena calidad de sueño.

Duermo pocas horas, ¿está mal eso?

En el sueño no importa la cantidad sino la calidad. Si dormís 10 horas al día pero el despertar es cansino, agotado, "como si te hubiera pasado un camión por encima", el problema no está en la cantidad de horas sino en la calidad de sueño. Los tratamientos siempre deben ir destinados a mejorar la calidad y no cantidad de sueño.


¿Conciliar el sueño con fármacos tiene el mismo efecto que hacerlo sin ellos?

Absolutamente no. Con los fármacos hipnóticos, por ejemplo, corremos el riesgo de "saltarnos" fases del sueño que justamente son las "reparadoras". Siempre es mejor buscar otras opciones y, como último recurso, acudir a los fármacos para dormir. Igualmente, dejan "sueño residual", es decir, la persona queda "embotada" al día siguiente. La indicación de inductores al sueño o de hipnóticos debe hacerla un profesional médico, no se debe tomar por "indicación de la vecina o el farmacéutico".

¿Se pueden tomar benzodiacepinas como alprazolam, clonazepam, bromazepam o diazepam para dormir?

La respuesta es no. Estos fármacos solo son coadyuvantes como ansiolíticos, es decir, contra la ansiedad, siendo la somnolencia uno de sus efectos secundarios y la relajación física uno de los primarios. Realmente, el consumo crónico de cualquier benzodiacepina disminuye de manera importante la capacidad de formación de memoria a largo plazo, por lo que su consumo en el tiempo definitivamente va a trastornar la memoria de quienes lo consumen. Después de un mes de consumo, aumentan la fase de "sueño superficial" provocando que la persona se despierte constantemente y no pueda profundizar en las otras fases del sueño, siendo un sueño "incidentado" y nada reparador.

¿Por qué me cuesta concentrarme si duermo mal?

Sencillo: porque en el sueño se construye la memoria y el aprendizaje. En el sueño, el hipocampo, ese caballito de mar que tenemos en la región temporal profunda del cerebro, actúa como un "croupier" que reparte las cartas del conocimiento por toda la corteza cerebral. Es decir, el conocimiento se almacena y se consolida en el sueño profundo y reparador, y los sueños, esas experiencias que todos tenemos a miles cada noche y de las cuales (como también vimos en esta columna alguna vez), son la forma en la que "grabamos" lo que aprendimos en los circuitos neurales. En resumen: a buen sueño, buen aprendizaje. Sépanlo señores padres de alumnos chateadores hasta el amanecer.

¿Qué es la higiene del sueño?

Son los hábitos que debemos cultivar para tener un sueño de mejor calidad: acostarnos (y levantarnos) cada día a la misma hora, apagar las luces, evitar artefactos que produzcan luminiscencia como televisores y celulares, evitar la música estridente y si es posible cualquier fuente de sonido, no consumir cafeína, glucosa ni ningún estimulante después de las 18 hs, tener una buena rutina de ejercicios físicos diariamente, no abusar de la siesta, no consumir alcohol a la noche. Pero principalmente, despejar la mente de preocupaciones que no vas a resolver a la hora de dormir.



¿Qué fármacos puedo consumir para dormir?

Existen fármacos que pueden consumirse de manera relativamente inocua en sus efectos secundarios. Entre los de libre venta, la valeriana y la pasiflora (en tés o pastillas) son excelentes opciones. La melatonina, el neurotransmisor del sueño, puede consumirse e inmediatamente apagar la luz porque solo funciona como "gatillador" del sueño con la luz apagada. Entre los controlados, el cannabidiol (cannabinoide aislado del Cannabis sativa) demostró gran eficiencia a la hora de relajar el cuerpo y desconectar la mente sin efectos residuales ni secundarios. 

Con estas preguntas, espero haber ayudado a no quitarles el sueño dejandolos DE LA CABEZA. Nos leemos el otro sábado.


jueves, 14 de enero de 2021

EL CEREBRO Y EL LUTO

 

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 19 de diciembre de 2020. Todos los derechos reservados.


Vivimos un año de despedidas. Algunos despedimos muchos afectos, cercanos o no, pero que por la contingencia mundial que vivimos hace que nuestros adioses sean mayores que nuestros holas. Pero ¿Cómo responde el cerebro ante el dolor de la pérdida física de un afecto? ¿Cómo reacciona ante el rompimiento del vínculo que nos une, material o emocionalmente, a otra persona?

El duelo se define como todo periodo necesario para dejar de tener aquello que se tiene. Nuestro corazón no es el órgano que sufre, ya que esa es una construcción romántica pero absolutamente desacertada, ya quien sufre es el cerebro, y lo hace mediante nuestra manera de procesar toda la información de la novedad. El sufrimiento abarca todo el proceso de recuperación de todo nuestro aprendizaje previo respecto a la persona que nos falta, todo ello almacenado en áreas de hipocampo, conectadas con la amígdala, bajo el control del poderoso córtex prefrontal, porque todo recuerdo está asociada a una emoción pero bajo la orden consciente o inconsciente de un complejo circuito de áreas interconectadas entre sí. 


Podríamos suponer que el cerebro, ese órgano del cuerpo, único y personal, sobrevive a episodios de alto riesgo mortal, pero sale adelante, se reorganiza, recupera e incluso progresa a un cerebro en versión mejorada, más rápido, más eficaz, selecciona la información relevante, dejando de atender a la no importante, la que no se necesita para vivir, la que permite adaptarse al medio. Un cerebro capaz de hacer esto, permite sobrellevar pérdidas, pérdida de la salud, de un ser que amamos, de una ocupación, de una vida, de un hábito…y en todo proceso de duelo, entra en juego de alguna manera esta forma de “reorganización neuronal”. El dolor también tiene su localización en áreas de una porción cerebral conocida como corteza cingular, situada en la profundidad del órgano, y que es parte fundamental del sistema límbico donde se procesan la mayor parte de las emociones, sentimientos y experiencias, las cuales nos hacen reaccionar y actuar, a través de las funciones ejecutivas. En todo suceso traumático, es el hipocampo capaz de bloquear acontecimientos de este tipo que garanticen la supervivencia. 

El ser humano tiene la necesidad de dar nombre a cada acontecimiento que sucede, busca explicaciones y es capaz incluso de construir teorías falsas, como buen cerebro creativo que poseemos. Por eso es tan dificil superar el duelo de algo que ha permanecido tanto tiempo en nuestros recuerdos, sin estar preparados. Aunque la realidad es que no nos educan ni nos entrenan para afrontar estas situaciones, tan difíciles de gestionar emocionalmente. Focalizar, seleccionar, mantener e incluso dividir nuestra capacidad de atención es una de las capacidades cognitivas que nos hacen más o menos felices. Sólo las mentes capaces de tener más flexibilidad cognitiva sobrevive a contratiempos, daños cerebrales, y deterioro cognitivo. La mente humana, buscador de soluciones, el autocontrol de conductas y pensamientos que nos permiten adaptarnos al medio y sobrevivir, y esto es nada más y nada menos que selección natural pura y dura, desde un punto de vista cognitivo. Como dice mi amigo Pablo Herken, "duele decirlo pero hay que decirlo".


El duelo es pues todo proceso necesario que nos obliga a dirigir nuestro foco de atención, hacia los estímulos “distractores”, a la vez que se mantienen los hábitos que permiten avanzar y vivir, “aparentemente” mientras se supera el maravilloso arte de transformar la ausencia que duele en nostalgia. Y es que, aunque parezca un contrasentido, la tristeza en estos casos puede ser beneficiosa, porque es una reacción que está programada en el cerebro y en realidad puede ser muy útil. Cuando perdemos algo, cuando una relación termina o cuando no alcanzamos una meta, el organismo responde con la tristeza: una indicación de que debemos renunciar a una meta que podría carecer de sentido. La depresión que sobreviene, entonces, es un programa orgánico para ahorrar energía. Cuando nos sentimos sin energía, nos detenemos y reflexionamos, y al final a menudo encontramos nuevas fuerzas y claridad. Esto funciona así, por ende el "duelo" debe "doler", de ahí su nombre. La mente humana es capaz de olvidar las emociones negativas asociadas a un evento traumático. Y únicamente, en esa nueva necesidad de avanzar, se suman personas, nuevos hábitos, nueva información, nuevas conductas, que hacen que se vaya construyendo toda esa trayectoria de vida, desde el principio hasta el final, absolutamente de nuevo, con la ausencia como protagonista. 

Para procesar el duelo no hay metas a largo plazo, el día a día es la parte fundamental para dirigir a la persona cuyo vacío existencial debe cubrir con paciencia y con el apoyo de los que le rodean. Nuestro cerebro y nuestro cuerpo debe seguir un tiempo de recuperación, hasta un año, para acomodar al paciente a la nueva situación. “DARSE TIEMPO, DARSE PERMISO”. Y seguir adelante. A fin y al cabo, todo es una cuestión DE LA CABEZA. Nos leemos el siguiente sábado.


martes, 22 de diciembre de 2020

INTENSA-MENTE: EL REGALO DE PIXAR A LA DIVULGACION NEUROCIENTIFICA

 

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del diario La Nación de los sábados 21 y 28 de noviembre y 5 de diciembre de 2020. Todos los derechos reservados.

Lo más probable es que ya la hayan visto en compañía de sus hijos o... solos. Y es que, como tantas obras de Pixar, esta animación dirigida a niños tiene grandes (enormes) guiños a la cultura pop de todos los mayores. Pero en el caso de Intensa-mente, el gran protagonista es el cerebro humano. Sin ánimos de spoilear (pero con aviso previo de que así tendré que hacerlo), voy a referirme hoy y en los sábados siguientes a la película dirigida magistralmente por Pete Docter basada en lo que experimentó personalmente viendo a su hija crecer, y que trata sobre lo que sucede en el cerebro de Riley, una preadolescente de 11 años, convirtiéndose en un magistral y sumamente didáctico paseo de 94 minutos por la mente, su construcción y su mantenimiento a cargo de las protagonistas reales de la película: las emociones. 

Riley, con sus 11 años, tiene un cerebro con muchos conflictos emocionales propios de la edad, que se ven magistralmente reflejados en la película. Sabemos que las emociones básicas son realmente más, pero aquí se toman cinco para desarrollar la trama, centrándose en las dos principales: Alegría y Tristeza. Y si bien la película no representa lo que neurobiológicamente ocurre de manera exacta en el cerebro, sin embargo es una excelente aproximación a las Neurociencias y al maravilloso mundo del funcionamiento cerebral. El mérito neurocientífico de la película radica en darle la importancia real a las emociones como motor de todo, desde almacenar un recuerdo hasta generar una conducta, influenciándolo todo, incluso la producción de sueños al dormir. 

El quinteto emocional (Alegría, Tristeza, Ira, Miedo y Desagrado) ocupan un "centro de comando" cerebral que en la realidad no existe como tal, pero que si tuviéramos que elegirlo estaría sin dudarlo en el córtex prefrontal, esa parte más externa del cerebro situada por encima y detrás de los ojos, y su relacion con los núcleos de la amígdala, dos pequeñas estructuras del tamaño de una almendra localizadas una a la derecha y otra a la izquierda en la profundidad del cerebro. Mientras que la amígdala modula nuestra conducta y la formación de la memoria emocional, no es la única fuerza motriz de nuestras acciones. La corteza prefrontal cumple una función muy importante en la regulación de las emociones, en la toma de decisiones, en la planificación y en el pensamiento abstracto. Este, entonces, vemos que es nuestro real centro de control y es también una de las últimas regiones de nuestro cerebro en madurar totalmente, es por eso que llamamos "adolescentes" a los que no lo han madurado aún, porque "adolescen" de maduración cerebral allí. De hecho, para los niños las emociones pueden tener una influencia especialmente fuerte justamente debido a esa falta de desarrollo que hace que tengan menos control del impulso. 

Un interesante tip neurocientífico de la película es que mientras las emociones no se hallen en control de las acciones, el cerebro no tomará las decisiones correctas porque se verá afectada la forma en que se percibe una situación y, sobre todo, la manera en que la vamos a recordar. Y esos recuerdos que en la cinta se simbolizan por una especie de bolas de bowling que se colorean según la emoción que posibilitó su almacenamiento, un guiño a las formas en las que se almacena la memoria en forma de circuitos conectados para cada experiencia vivida. Estos recuerdos circulan por una canaleta por todo el cerebro, mientras que los cambios neuroplásticos que suceden constantemente en toda la vida para almacenar información se asemejan a un árbol con gran cantidad de ramas unidas entre sí por las sinapsis que son los puntos de unión de las más de 86 mil millones de neuronas que poseemos. La neurociencia nos ha mostrado que cuanto más se comunican un par de neuronas, más se fortalecen las conexiones y las espinas se agrandan y se vuelven más estables. En este cambio o plasticidad sináptica, como es el término científico, se basa lo que hoy conocemos sobre cómo se guardan las memorias. 

Y es que existen cosas más de interesantes en la película: lo más resaltante es que aun en las memorias a largo plazo, nuestros cerebros permanecen maleables. Nuestras memorias a largo plazo no son bolas duras que se pueden reproducir como un DVD una y otra vez y otra vez sin cambios. Cada vez que recordamos una memoria la cambiamos en un proceso que se denomina reconsolidación. Así que en lugar de encapsular cada nueva experiencia en una bola de bowling sólida que se guarda como tal hasta que queramos o necesitemos recordar, nuestro cerebro siempre está cambiando a nivel celular, en el momento en que se forma la memoria e incluso cuando recordamos. En cierto modo, esto se muestra en la película, cuando la tierna figura azul que caracteriza a Tristeza toca la brillante bola para tornarla azulada ante la sorpresa de Alegría que trata de que permanezcan tal como fueron creadas. Luego muchas de estas bolas viajan a lo largo de tubos para su almacenamiento a largo plazo en un laberinto de estantes altísimos que mirados desde arriba se asemejan a los pliegues de la corteza. Es un retrato convincente del procesamiento de la memoria: los neurocientíficos conocen que las memorias pasan un corto tiempo en una estructura cerebral llamada hipocampo donde se forman para luego ser transportados a la corteza para su depósito a largo plazo. 

Pero así como hay memoria tambíén hay olvido. Una de las partes más llamativas es cuando dos operarios (muy simpaticos) se encargan de aspirar los recuerdos que no son significativos o que están duplicados. De hecho, siempre en mis conferencias de Neuroeducación suelo recalcar que el saber sí ocupa lugar, y que para aprender primero hay que desaprender. Es decir, debemos borrar memoria inútil para dejar lugar a lo que es nuevo, lo que se aprende y cambia lo aprendido. Y cuando esto sucede, los recuerdos que no enciendan algún aspecto de la personalidad del individuo (como sucede con Riley y sus "islas" de la familia, del juego o del hockey), son desechados y enviados a un abismo oscuro donde se vuelven literalmente polvo en la película. Esto sucede en la vida constantemente para los recuerdos irrelevantes... o acaso ustedes recuerdan que almorzaron el 23 de agosto de este año? A menos que haya sido el cumpleaños, es decir, una fecha emocionalmente significativa, y que al tener esa "etiqueta" emocional pudo almacenarse como un recuerdo básico en una de las "islas" de nuestra mente que confirman la personalidad, Pero el olvido no siempre es pasivo, ya que recordar hechos que compiten puede causar que otra información relacionada sea olvidada. El olvido también puede ser beneficioso, liberando el poder de procesamiento de nuevos recuerdos. 

Otro hermoso tip neurocientífico de la película es el que se produce durante el sueño de Riley. Más que nunca nos muestra Intensamente que durante el sueño de la niña es cuando estas memorias de corto plazo son enviadas al laberinto de las memorias a largo plazo y cuando la fábrica de sueños se pone a trabajar reproduciendo todos los eventos del día. En efecto, los científicos que estudian estos procesos están encontrando evidencias que estos dos procesos están íntimamente relacionados. Tal como se retrata en la película, el sueño es el período en el que las memorias de los eventos diarios se envían para ser depositadas – lo que llamamos consolidación de la memoria. Este proceso es crítico para el aprendizaje. Necesitamos dormir para aprender y recordar, exactamente como lo hace la niña de la película. 

Sin lugar a dudas, y visto desde el conocimiento de las Neurociencias, el momento en el que la película es más exacta es en su representación de los recuerdos hablando de la memoria a largo plazo. En Intensa-Mente, los recuerdos de Riley son pequeñas esferas coloreadas según el tipo de emoción. Emergen constantemente a lo largo del día, pero por la noche cuando Riley se duerme, las disparan por un conducto y las envían a la Oficina Central y a la “Memoria a Largo Plazo”. Aunque en realidad nuestros recuerdos son cambios en la comunicación entre nuestras neuronas como hemos visto, y que ocurren en forma de circuitos neuronales y sinapsis en lugar de pequeñas bolas brillantes, los principios generales de la memoria representados en la película son notablemente precisos. En primer lugar, hay que destacar que los recuerdos de Riley son enviados a la Memoria a Largo Plazo específicamente cuando está durmiendo, ya que se sabe que el sueño como también dijimos, promueve la consolidación de la memoria, la cuál es el almacén de nuestros recuerdos a largo plazo en el cortex (superficie) del cerebro. 

El papel de las emociones a la hora de ayudar a Riley a crear recuerdos también tiene base neurocientífica. La amígdala (importante en todas las emociones, no sólo en miedo) se comunica extensivamente con el hipocampo, la región del cerebro clave en la formación de nuevos recuerdos y consolidación de la memoria a largo plazo. Por tanto, la amígdala es importante específicamente para la codificación de la memoria (creando recuerdos en primer lugar) y en recuperación (recordar más tarde). El retrato de cómo Riley recuerda las cosas de su infancia es particularmente intrigante. La visión moderna de la memoria a largo plazo es que el hipocampo coordina diferentes regiones del cortex cerebral para “almacenar” los recuerdos. Cuando recordamos algo, el hipocampo reactiva esas regiones corticales, igual que cuando las esferas de memoria de Riley son devueltas a través del conducto desde la Memoria a Largo Plazo hasta la Oficina Central siempre que recuerda algo. Sin embargo, según pasa el tiempo, los recuerdos se vuelven menos dependientes del hipocampo para ser recordados. En lugar de ello, el cortex prefrontal adopta un papel más activo y coordina la actividad de las partes del cortex donde reside la memoria sin ayuda del hipocampo. 

 Claramente, existen muchos ejemplos de cómo la película captura maravillosamente muchos de los importantes y sofisticados aspectos de la memoria. Mientras que el hipocampo es importante en la reactivación de areas del cortex al recordar algo, a lo largo del tiempo, el cortex prefrontal es el que directamente reactiva esas areas del cortex sin el hipocampo. El tipo de memoria que se muestra en la película se llama memoria episódica y está asociada con el lóbulo temporal, siendo el tipo de memoria que almacena los recuerdos vinculados a acontecimientos que han sucedido en nuestras vidas, en un lugar y momento específico. Por otro lado, existe también otro tipo de memoria que no está representados en la película: la memoria semántica, que corresponde a nuestro conocimiento general sobre el mundo, como saber quien es el Presidente del Paraguay ahora, y la memoria de procedimiento, lo que nos permite desarrollar las habilidades motoras, cognitivas y verbales necesarias para realizar una acción como el hecho de tomar los cubiertos para comer. 

En la película, la intensidad del color de los recuerdos, modificado mientras la personalidad de Riley evoluciona, ilustra la construcción de la identidad de una manera muy poética y nos recuerda el importantísimo rol que juegan las emociones en la formación de recuerdos. Cuando Riley está durmiendo, vemos su cerebro completamente inactivo, salvo por una criatura que está de guardia, supervisando la generación de los sueños, en una pantalla. En realidad, nuestro cerebro está lejos de apagarse mientras dormimos, y el sueño juega un papel importantísimo en la solidificación de la memoria. Ya que no podemos recordar todo, el cerebro selecciona la información de acuerdo a nuestras necesidades y mientras dormimos, refuerza o debilita las conexiones cerebrales. El sueño es fundamental para la consolidación del aprendizaje al volver a experimentar, en cierta medida, lo que hemos hecho cuando estábamos despiertos. Por tanto, el tren de pensamientos debería funcionar las 24 horas del día (¡a pesar de que los empleados se quejen!) 

Si algo hay que discutirle a la película es el uso de la metáfora de que hay una criatura humanoide manejándolo todo por medio de botones en una consola. Si esto fuera así... quién controla a esa criatura?  Este problema ha sido discutido a profundidad en las ciencias cognitivas, y es conocido como el problema clásico del homúnculo, un hombrecito que gobierna el funcionamiento del cerebro, pero cuyo propio funcionamiento queda sin explicarse. 

La película es altamente recomendada si no la vieron, algo poco probable, o de volver a verla si leyeron este escrito. No hay ni una neurona a la vista, pero aún así, como Pixar suele hacer, hay infinitos detalles que demuestran que los productores hicieron sus deberes. El retrato de la interacción entre las emociones, de la consolidación de la memoria, y de los cambios que sufre el cerebro de los niños durante la adolescencia está hecho no sólo de forma perfecta e increíblemente emotiva, sino que también refleja fielmente el actual conocimiento sobre las emociones en el cerebro. Una de las cosas más impactantes de la película es el par de heroínas tan inesperado que forman Alegría y Tristeza. Pero también hay inexactitudes neurocientíficas: por ejemplo, los aspectos principales de nuestra personalidad no se encuentran en “islas” específicas en nuestra mente; no todas las emociones se controlan necesariamente desde una única “oficina central” y nuestro subconsciente no es un enorme agujero situado físicamente bajo nuestra conciencia. Con todo eso, Intensa-mente es un hermoso regalo de Pixar a las Neurociencias para seguir teniendonos DE LA CABEZA. Nos leemos el otro sábado.




PERO... ESTO YA ME PASO ANTES...!!!

 

Artículo correspondiente a la columna DE LA CABEZA del diario La Nación del sábado 14 de noviembre de 2020. Todos los derechos reservados.

¿Quién de nosotros no ha vivido la extraña (pero no menos común) sensación de que algo que le sucede o un momento que está viviendo ya lo hubo experimentado antes? Es lo que llamamos "deja vu" ("ya visto" en francés), y aunque hay personas que piensan que se trata de un fenómeno paranormal, místico o de ciencia ficción. La realidad es que un déjà vu no es ni de cerca un hecho místico o paranormal, sino más bien algo al menos dos tercios de la gente ha podido experimentar en su vida. 

Existen algunas posibilidades del por qué se produce este fenómeno. Por un lado, el conflicto que ocurre en nuestro cerebro durante un Déjà vu encierra diferentes mecanismos, entre ellos uno cognitivo. No se conoce realmente de dónde se escapa este “falso recuerdo” que nos hace sentirnos familiar con algo que no hemos vivido, pero los investigadores teorizan que tiene algo que ver con la corteza rinal, la misma parte del cerebro que tiene un rol conocido por su participación en la formación de recuerdos a largo plazo, sin activar al hipocampo, esa parte del cerebro similar a un caballito de mar que es el que sirve para indicar cuales recuerdos almacenar y cuales no. Según la neurociencia, los déjà vu tienen lugar cuando las regiones frontales del cerebro están examinando nuestros recuerdos en busca de algún error en la memoria. El cerebro, al intentar resolver el conflicto entre la sensación de recordar algo y reconocer que aún no lo hemos experimentado, lo atribuye a una señal errónea de la memoria. 

Otra teoría expone que este 'flashback' quizá es producto de que la escena que vivamos en ese momento nos resulte muy parecida a otro momento que recordamos, aunque vagamente -no prestamos mucha atención probablemente-, y por eso tenemos esa sensación de 'haber vivido esto anteriormente'.

Por otro lado, una teoría con bastantes seguidores se basa en que el sistema visual del encéfalo está organizado en dos vías paralelas que procesan información complementaria a velocidades distintas. Una, la vía ventral, se encarga de identificar a las personas y objetos presentes en una escena; la otra, la vía dorsal, se ocupa de la información más estructural y dinámica. Normalmente, la información de ambas vías está perfectamente integrada en una única experiencia sensorial; el déjà-vu podría ser causado por lapsos temporales en la coordinación de estas dos vías de forma que, conscientemente, podríamos pensar que estamos experimentando un suceso por segunda vez cuando en realidad nos está llegando de una fuente, la vía ventral, más lenta y ligeramente retrasada con respecto a la otra, la vía dorsal. O sea: vemos lo que vimos milésimas de segundo antes y ya almacenamos en nuestra memoria, por eso nos parece conocido.

Una teoría más y que vuelve a tener relación con la memoria es la que dice que la información que tomamos del exterior llega a nuestro sistema de memoria a largo plazo a través de un cuello de botella funcional denominado memoria a corto plazo. En raras ocasiones, esa información podría pasar simultáneamente a los dos tipos de memoria generando un retraso y la extraña sensación de que ya hemos experimentado el acontecimiento antes. En favor de esta hipótesis, los pacientes con alteraciones en estructuras implicadas en el procesamiento de memorias episódicas tienen mayor probabilidad de sufrir el fenómeno, y su estimulación en el quirófano puede, de hecho, inducir un episodio de déjà-vu. 

El por qué existen los deja vu no es algo casual, sino que probablemente tenga algún motivo biológico, como ser el de un posible sistema de defensa que nos ayudaría facilitando la resolución de problemas o evitando amenazas. Y su producción, independientemente de la causa exacta, implica peculiaridades en los sistemas de procesamiento, percepción y memoria que, definitivamente, nos tiene DE LA CABEZA. Buen fin de semana...!!!




jueves, 16 de julio de 2020

TIPS NEUROEDUCATIVOS PARA LA EDUCACION EN TIEMPOS COVID


Articulo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nacion de los sabados 9, 16 y 23 de mayo de 2020. Todos los derechos reservados.

La encrucijada COVID-19 no solo es sanitaria. Tambien abarca otras areas como la economia, la repercusion social, hasta la espiritualidad, y, por supuesto, la educacion. De golpe y porrazo, de la noche a la mañana, hemos tenido que adaptar nuestra forma de vivir a un nuevo estilo, bien denominado por el Ministro de Salud como "Modo Covid de vivir". Muchos se han bancarizado para no tocar el papel moneda o no salir de casa aprendiendo a usar pagos electronicos, muchos ya formalizamos lo que veniamos haciendo hace tiempo que es la consulta medica a distancia y asi. Pero realmente donde todos coinciden es que tenemos serios problemas a la hora de "transplantar" el aula presencial al mundo virtual. Y eso es porque, como nos enseñara Leslie Hart "querer enseñar sin saber como funciona el cerebro es como querer hacer un guante sin haber visto jamas una mano". Por eso, antes que usar computadoras o aprender los secretos de cualquier plataforma virtual de clases, tenemos que conocer que pasa en el cerebro ante la mal llamada "virtualidad", porque virtual es algo que no existe en la realidad, y esto es mas bien el uso de tecnologia para poder enseñar. Y en ese contexto nace la Neuroeducacion y la Neurodidactica, que no son mas que disciplinas que integran el conocimiento del funcionamiento del cerebro para mejorar el proceso de enseñanza y aprendizaje. En estos sábados me permitiré proporcionarles un resumen de mi próximo libro CEREBRA LA EDUCACIÓN (muy pronto ya a disposición) para intentar que el proceso de aprendizaje sea el más agradable para todos, alumnos y docentes.

Y he ahi el primer concepto errado: enseñar no es transmitir conocimientos, no solo en tiempos COVID sino en todo momento. Enseñar es transmitir capacidades. Si eso no lo hemos hecho en la realidad, no lo haremos por nada del mundo a distancia. Entonces, antes que conocer tecnicamente como "llegar" a nuestros alumnos, debemos replantearnos seriamente: estamos educando para el lobulo frontal o lo hacemos tambien para el sistema limbico? O dicho de otra manera, menos neurocientifica: estamos transmitiendo solo conocimiento vacío, o realmente estamos impregnando el saber de capacidad de fijación para que pueda ser usado cuando sea necesario? Es decir, enseñamos para que sirva o solo por transmitir elementos para memorizar? La revolucion, entonces, no es la de "una computadora por alumno" o "la mejor plataforma para enseñar", sino el concepto de docente "llegador", que "compra" emocionalmente al alumno para, como siempre digo, introducirle sin que se percate, el conocimiento en su cerebrito ávido de conocimiento, que es así aunque el mismo no se de cuenta. Y es que las emociones importan, son el mecanismo que la evolucion ha puesto en nuestro cerebro para poder sortear los obstaculos, ya que todo lo que esté movido por un impulso emocional siempre tiene más éxito. La gestión de esas emociones es un factor que no hemos incorporado aún a la docencia, el manejo de ellas nos garantiza mejores competencias en nuestro desempeño. Enseñar emociones es un concepto que debemos comenzar a manejar los docentes, ya que no solo es la base de la capacidad de actuación del ser humano, sino que, como vimos muchas veces en este espacio, es el "pegamento" con el cual quedan adheridos los conocimientos al cerebro humano, ya que las emociones positivas facilitan el aprendizaje, mientras que las negativas activan la amígdala que es nuestro centro de alarma cerebral, dificultando el paso de la información entrante a las zonas donde reside la memoria: el hipocampo y la corteza prefrontal, sedes de la llamada "memoria ejecutiva", la encargada de la ejecución de los procesos. Nos preocupamos mucho de la consabida "gestión del conocimiento" pero nunca lo hemos hecho acerca de gestionar las emociones. El ambiente neuroeducativo propicio aumenta el aprendizaje, y la empatía, factor que debemos cultivar los docentes, es fundamental para educar desde la comprensión.

Es muy importante saber que cada cerebro es distinto, no hay cerebros iguales en ningun caso. Esto es mas que un cliché neuroeducativo, es una realidad comprobada por neuroimágenes. Si bien la anatomía es similar, la conformación del entramado neuronal es diferente y jamás igual para ningún ser que habitó esta tierra, y eso hace de cada individuo (y su cerebrito) absolutamente especial y diferente. Y tiene una gruesa implicancia educativa: si educamos a todos por igual, habremos incurrido en el pecado de convertir a nuestros alumnos en "another brick in the wall" otro ladrillo en la pared, como denunciaba Pink Floyd alla por los finales de los 70 en el siglo pasado. El concepto de diversidad amplía mucho más el concepto de educación inclusiva, no limitándose solo a personas con discapacidades diversas, sino considerando que todos, en mayor o menor medida, tenemos menos capacidad en algunas áreas que otros. Por ello, nuestra enseñanza a distancia debe ser lo menos homogenea posible... suena como una bofetada, si, pero enseñar "en bloque" es el peor error que podemos cometer... a distancia y en el aula.

No podemos dejar de saber que para el cerebro, descubrir es una consigna inconscientemente impregnada en su funcionamiento. En el proceso de aprendizaje, la novedad es un elemento fundamental, indispensable e irrenunciable, ya que facilita el aprendizaje de una manera brutal. El cerebro es muy curioso y lo nuevo siempre concita la atención y vuelca la voluntad hacia el deseo de saber. Los contenidos académicos abstractos, descontextualizados e irrelevantes hacen que la experiencia del aprendizaje sea aburrida y frustrante para el alumno, ya que la atención comienza una caída en picada violenta a los 10 minutos de clase y se pierde por completo luego de 15 minutos de vacío académico en forma y contenido, algo que mi gran amigo neurocirujano, neurocientífico y docente Roberto Rosler dió en llamar "una amplia desperdiciolandia cognitiva". Los alumnos tienen una tendencia natural a no querer reflexionar, pero son todos y sin excepción, curiosos por naturaleza, y esa curiosidad activa a las emociones que al final llevan a la búsqueda del conocimiento, y finalmente, al aprendizaje. Estimular la curiosidad es el camino a sus cortezas prefrontales, como docentes no desactivemos nuestro GPS educativo.Y uno de los hechos que debemos aprender de esto es que en el proceso educativo no importa la recompensa, sino la sorpresa que conlleve esta, lo que traiga aparejado de la mano de manera absolutamente imprevista. Yo soy enemigo de las estrellitas como premio al esfuerzo, soy más proclive a una recompensa inesperada, como el conferirle una responsabilidad diferente ante el grupo (liderar un grupo de lectura, sacar un chupetín del bolsillo (aunque no sean buenas las golosinas), o regalarle un pequeño libro o un presente sencillo hecho por el docente que signifique más que una distinción como una medalla, y sea algo más personal, como "una parte" del propio maestro. Y tomar en cuenta este tip: siempre es mejor aprovechar los primeros minutos de la clase, cuando la atención aún no ha entrado en picada, para transmitir los contenidos más relevantes, para luego dividir la clase en segmentos de 15 minutos, entre los cuales el docente pueda recurrir a elementos sensoriales, como el movimiento, una actuación que implique un remedo gestual, o algún recurso que estimule los sentidos, como el cambio del timbre de voz, el cual, está demostrado, actúa como un gancho de atracción muy poderoso para llamar la atención de los alumnos.

Por otro lado, siempre se ha dicho que la práctica hace al maestro, aunque en realidad construye al alumno. Y es que el cerebro conecta la nueva información con la ya conocida, por lo que aprendemos mejor y más rápidamente cuando relacionamos la información novedosa con los conocimientos ya adquiridos, porque entrelaza los circuitos neuronales de la corteza en donde hubo almacenado el conocimiento, con otros circuitos que contienen información diferente, pero relacionada con la primera. De esta manera, se hace más sencilla la evocación del contenido posteriormente, y se refuerza la fijación del concepto que se desea aprender. Es la base funcional del llamado "aprendizaje por asociación".. Para optimizar el aprendizaje, el cerebro necesita la repetición de todo aquello que tiene que asimilar y lo realiza mediante la adquisición de toda una serie de automatismos, siendo esta la forma en la que memorizamos. Pero esto necesariamente requiere tiempo. La automatización de los procesos mentales hace que se consuma poco espacio de la memoria de trabajo (asociada a la corteza prefrontal, sede de las funciones ejecutivas) y sabemos que los alumnos que tienen más espacio en la memoria de trabajo están más dotados para reflexionar. Sin embargo, es aquí donde nos encontramos con que la repetición o la memorización muchas veces puede ser aburrida, por lo que los docentes hemos de ayudar a adquirir y mejorar las competencias necesarias según la práctica. Por ejemplo, la práctica continua de cálculos aritméticos y la memorización de la tabla de multiplicar es imprescindible en la resolución de muchos problemas matemáticos o el conocer de memoria las reglas ortográficas es imprescindible para escribir con corrección. El problema reside en que muchas veces la práctica intensiva puede resultar aburrida por lo que sería aconsejable espaciar la práctica en el tiempo y variarla con otras actividades. Esta es una de las razones por las que siempre estoy en contra de los contenidos programáticos, ya que en vez de ser lineales deberían ser "en espiral", es decir, en forma progresiva en el tiempo prolongado con un eje principal y subsidiarios cognitivos basados en el mismo con buen margen de tiempo para la práctica, no encajonados en una serie de objetivos cognitivos a conseguir entre dos fechas.

Otra frase cliché en la enseñanza es la de "aprender jugando". Y es más que eso, porque el juego constituye un mecanismo natural arraigado genéticamente que despierta la curiosidad, es placentero y permite descubrir destrezas útiles para desenvolvernos en el mundo. Los mecanismos cerebrales innatos del niño le permiten, a los pocos meses de edad, aprender jugando. Se libera dopamina que hace que la incertidumbre del juego constituya una auténtica recompensa cerebral y que facilita la transmisión de información entre el hipocampo y la corteza prefrontal, promoviendo la memoria de trabajo. El juego constituye una necesidad para el aprendizaje que no está restringida a ninguna edad, mejora la autoestima, desarrolla la creatividad, aporta bienestar y facilita la socialización. La integración del componente lúdico en la escuela resulta imprescindible porque estimula la curiosidad y esa motivación facilita el aprendizaje. Se ha demostrado que jugando durante 16 horas durante un mes, se aumenta la cantidad de materia gris en ciertos lugares del cerebro relacionados con el aprendizaje, lo cual es un obvio indicador del aumento en la capacidad cerebral, Igualmente, se mejora la coordinación entre regiones cerebrales, la comprensión verbal, el razonamiento y la percepción visual. El juego motiva, ayuda a los alumnos a desarrollar su imaginación y a tomar mejores decisiones. Además, existe una gran variedad de juegos que mejoran la atención, uno de los factores críticos en el proceso de aprendizaje: ajedrez, rompecabezas, juegos compartidos, programas de gratuitos de descarga para celulares o computadora, etc. La cuestión de integrar adecuadamente el componente lúdico en la actividad diaria.

Muchas veces menospreciamos al arte como uno de los pilares en la educación. Para muchos, enseñar arte o aprenderlo podría parece una frivolidad, una pérdida de tiempo ante la premura aparente de aprender operaciones numéricas, contenidos científicos o datos históricos. Sin embargo, hoy la neurociencia está demostrando que las actividades artísticas involucran a diferentes regiones cerebrales. ya que (principalmente la actividad musical) promueven el desarrollo de procesos cognitivos. Se ha demostrado que la instrucción musical en jóvenes mejora la capacidad intelectual como consecuencia del incremento y la estimulación de la plasticidad cerebral, sobretodo en aquellos con mayor interés y motivación hacia las actividades artísticas. Además, en algunos niños, aparecen correlaciones entre la práctica musical y la mejora en geometría o las capacidades espaciales cuando el entrenamiento es intenso. Por otra parte, el teatro o el baile desarrollan habilidades socioemocionales como la empatía y son beneficiosos para la memoria semántica. Por ejemplo, al hablar en público se genera noradrenalina, una sustancia que se sabe que interviene en los procesos relacionados con la atención, la memoria de trabajo o el autocontrol. Es por eso que, basándonos en las Neurociencias, la educación artística debe ser obligatoria. La instrucción musical o el teatro que tantas habilidades sociales, emocionales y cognitivas son capaces de desarrollar deberían de formar parte del contenido programático y no, como ocurre frecuentemente, quedar como actividades marginales u optativas.

Un último factor a tener en cuenta en los procesos de Neuroeducación es el factor social. Los humanos somos seres sociales porque nuestro cerebro se desarrolla en contacto con otros cerebros. El descubrimiento de las neuronas espejo (que detallaramos alguna vez en esta columna semanal) resultó trascendental en este sentido porque estas neuronas motoras permiten explicar cómo se transmitió la cultura a través del aprendizaje por imitación y el desarrollo de la empatía, es decir, qué nos hizo realmente humanos. Se ha demostrado que los bebés con pocos meses de edad ya son capaces de mostrar actitudes altruistas, por lo que hemos de evitar en la educación la propagación de conductas egoístas fruto de la competividad. El aprendizaje del comportamiento cooperativo se da conviviendo en una comunidad en la que impera la comunicación y en la que podemos y debemos actuar. Cuando se colabora se libera más dopamina y ya sabemos que este neurotransmisor facilita la transmisión de información entre el sistema límbico y el lóbulo frontal, favoreciendo la memoria a largo plazo y reduciendo la ansiedad. La implicación de la corteza orbitofrontal en el proceso explica por qué a los niños les cuesta demorar la gratificación, dado que el proceso de maduración de esta región cerebral se alarga hasta pasada la adolescencia. La colaboración efectiva en el aula requiere algo más que sentar juntos a unos compañeros de clase. Los alumnos han de adquirir una serie de competencias básicas imprescindibles en la comunicación social como el saber escuchar o respetar la opinión divergente. Además, han de tener claro los beneficios de trabajar en grupo y saber cuáles son sus roles en el mismo. La escuela ha de fomentar también la colaboración entre alumnos de distintos niveles y la compartición de conocimientos (por ejemplo, mediante presentaciones de trabajos de investigación de los alumnos), sin olvidar la realización de actividades interdisciplinares. Y no hemos de olvidar que la escuela ha de abrirse a toda la comunidad. La socialización es un factor sumamente importante tanto en el aprendizaje como en la maduración del cerebro, las conductas y el las capacidades de relacionamiento, sobre todo en una sociedad tan atomizada por dispositivos y redes sociales que nos distancian físicamente, pero nos acercan cognitivamente. Pero esto último es tema de otro sábado.

En fin, si debemos resumir este artículo en que hablamos de Neuroeducación para enfrentar tiempos COVID y no COVID, debemos concluir que es una gran época para aprender e innovar. Los nuevos tiempos requieren nuevas estrategias y los últimos descubrimientos que nos aporta la neurociencia cognitiva desvelan que la educación actual requiere una profunda reestructuración que no le impida quedarse desfasada ante la reciente avalancha tecnológica, manifiesta ahora "de golpe" con la pandemia. Aunque hemos de asumir que la educación no se restringe al entorno escolar, la escuela y los docentes hemos de preparar a los futuros ciudadanos de un mundo cambiante, y que mejor ejemplo hemos tenido absolutamente todos que esta contingencia mundial. Para ello, hemos de erradicar la enseñanza centrada en la transmisión de una serie de conceptos abstractos y descontextualizados que no tienen ninguna aplicación práctica. Nuestros alumnos han de aprender a aprender y la escuela ha de facilitar la adquisición de una serie de habilidades útiles que permitan resolver los problemas que nos plantee la vida cotidiana: un aprendizaje para la vida. Y para ello se requiere inteligencia principalmente socioemocional. El aprendizaje se optimiza cuando el alumno es un protagonista activo del mismo, es decir, se aprende actuando. Y esto se facilita cuando es una actividad placentera y se da en un clima emocional positivo. Nuestro cerebro nos permite mejorar y aprender a ser creativos y es por todo ello que la neuroeducación resulta imprescindible.

Nos seguimos leyendo en mi siguiente libro CEREBRA LA EDUCACION. Y cada sabado en esta columna semanal que nos tiene DE LA CABEZA.



LO QUE SUCEDE EN EL CEREBRO CUANDO DAMOS UNA BUENA CLASE

  Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación correspondiente al domingo 10 de setiembre de 2023. Todo...