miércoles, 31 de agosto de 2022

NEUROCIENCIA DE LA LECTURA

 

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del domingo 28 de agosto de 2022. Todos los derechos reservados.


Ya lo dijo el gran filósofo italiano Umberto Eco: "El que no lee, a los 70 años habrá vivido solo una vida. Quien lee, habrá vivido 5.000 años. La lectura es una inmortalidad hacia atrás". Indudablemente, el hecho de poder poner por escrito un código de símbolos que representan imágenes mentales ha constituido una verdadera revolución (o sea, la re-evolución, una evolución superlativa) de la especie humana. Y es que la capacidad de hablar la hemos adquirido por procesos de mutaciones genéticas con el Homo habilis hace unos 2 a 3 millones de años, y es desde ese entonces que los humanos nacemos con los circuitos neuronales del lenguaje, aunque vale la pena aclarar que la acción de hablar solo se aprende en contacto con otros. Se podría decir que nacemos con un disco cerebral en el que poder grabar, pero que estará vacío si no se graba nada en él, para ser gráficos y directos. 

Sin embargo, la lectura nació hace apenas unos 6.000 años por la necesidad de comunicarnos más allá de la tribu propia, del corto alcance del boca a boca. Además, su base no es genética sino artificial o, mejor dicho, cultural. Leer es un proceso que, al no estar genéticamente codificado (y, por tanto, no transmitido por la herencia) se repite costosamente en cada ser humano y necesita cada vez del trabajo duro del aprendizaje y la memoria. Leer, y desde luego leer bien o muy bien, requiere un laborioso proceso de aprendizaje, atención, memoria y entrenamiento explícito que dura años e, incluso, gran parte de toda la vida si se aspira a leer de un modo altamente eficiente. Pero lo de "costoso" y "laborioso" no tiene por qué significar sufrimiento, sino todo lo contrario, se precisa de una verdadera revolución en el ámbito de la enseñanza para poder enseñar correctamente el arte de la lectura No olvidar que los niños son "verdaderas máquinas de aprender" ya desde el útero. Y como, por naturaleza, el ser humano necesita aprenderlo casi todo, no hay pensamiento sin el fuego emocional que lo alimenta. La lectura es uno de esos grandes hitos en el desarrollo infantil, uno que llena a los padres de orgullo… o de preocupación. Cuando una madre se da cuenta de que a su niño de 5 años todavía le cuesta mucho aprender a leer y que el vecinito de enfrente con 4 años ya lee de corrido, se puede preguntar: ¿es que mi niño es más torpe?. Sin embargo, la neurociencia ha demostrado que para aprender a leer, hay ciertas partes del cerebro que tienen que haber madurado previamente, algo que puede llegar a suceder a los 3 años, pero que por lo general culmina cuando tienen 6 o 7 años. Por eso, lo aconsejable es que la lectura se empiece a enseñar formalmente a los 7 años, edad en la que, casi seguro, las áreas cerebrales base de la lectura están en todos los niños lo suficientemente desarrolladas y maduras para captar en todo su sentido y emoción la tarea de comenzar a leer. Precisamente esa es la edad en la que se empieza a aprender a leer en ese país tan avanzado en la enseñanza que es Finlandia. Es que además de que forzar a un niño a aprender a leer prematuramente puede provocarle un sufrimiento y frustración innecesarios, que lo logre a los 3 o 4 años no tiene trascendencia alguna a futuro. En otras palabras, no le da una ventaja académica ni lo hace más inteligente. 

La maduración cerebral tiene un componente genético, pero también uno cultural, vinculado sobre todo, al hogar: crecer con padres que leen o te leen, tiene una dimensión emocional que facilita enormemente el aprendizaje de la lectura. Pero aquí surge un gran problema actual: la hiperconectividad. Nadie duda que internet ha supuesto una revolución cultural, creando una 'era digital' en la que la lectura no solo se hace más deprisa sino también de modo diferente. Sin embargo, diversos estudios sobre los efectos de internet en el cerebro de niños y adolescentes también empiezan a mostrar aspectos negativos, que van desde la disminución de la empatía hasta el decaimiento de la capacidad de tomar decisio­nes. Sobre la lectura en concreto, es necesario inhibir de forma temporal el 99% de todo aquello que normalmente pensamos o entra a nuestro cerebro y solo prestar atención al 1% de ello. Además, precisa de un cierto tiempo. En cambio, navegar en internet necesita de un foco de atención muy corto y siempre cambiante, lo que conocemos como memoria ejecutiva. Es la que tienes cuando diseñas un plan de trabajo, la que requieres para el estudio, un tipo de inteligencia y memoria sostenida y reposada. Incluso hay quienes hablan de una nueva forma de atención, a la que llaman digital. Hoy en día no tiene sentido retener la fecha de nacimiento de una figura histórica, dato que Google responde de forma rápida y correcta. Pero eso no quiere decir que la memoria haya dejado de importar en el aula. Necesitas memorizar y mucho, porque tus memorias son lo que somos. Incluso, memorizar frases célebres o trozos de poesía o canciones pueden usarse para embellecer el propio discurso, como una dimensión importante de nuestra individualidad, de lo que nos hace diferentes. 

Sucede que, aunque no lo crean pero como ya he dicho en otras entregas de esta columna, leer cambia al cerebro (y a uno mismo) Si bien el cerebro no está genéticamente diseñado para leer, este órgano posee una propiedad clave para lograrlo: la plasticidad. La palabra proviene del griego "plastikós", que significa "cambio" o "modelado". Quizás el máximo ejemplo sea que aprender a leer modifica la función de un área del cerebro principalmente programada para identificar formas y detectar caras, la cual también pasa a procesar y construir palabras. Pero las transformaciones no son solo a nivel fisiológico. Lo que enseña (el maestro) tiene la capacidad de cambiar los cerebros de los niños en su física y su química, su anatomía y su fi­siología, haciendo crecer unas sinapsis o eliminando otras y conformando circuitos neuronales cuya función se expresa en la conducta. Cada persona cambia no solo en función de lo vivido, sino también de lo leído. Leer no es un acto pasivo de absorción de lo que hay escrito en un determinado documento o libro, sino un proceso activo, o recreativo ('volver a crear') si se quiere, de lo que allí se describe. Implica activar un amplio arco cognitivo que involucra la curiosidad, la atención, el aprendizaje y la memoria, la emoción, la consciencia y el conocimiento. Y cambiar, estar DE LA CABEZA. Gracias por leerme y modificar tus estructuras cerebrales. Nos LEEMOS en una semana.

¿QUERÉS MEJORAR TU MEMORIA E INTELIGENCIA? LEÉ ESTE ARTÍCULO.

 

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del domingo 4 de setiembre de 2022. Todos los derechos reservados.

Si nos guiamos por lo que se publica, sabremos que el cerebro humano es capaz de almacenar la información que aprende cada día mediante diversas experiencias, pero sin embargo, tiene que decidir entre qué detalles vale la pena recordar y cuáles no. Si son asiduos lectores de esta columna semanal sabrán que les suelo comentar que existen diferentes tipos de memoria, como la de corto plazo, que almacena información por unos pocos segundos o minutos; o la memoria de largo plazo, la cual almacena por un período más largo de tiempo. La jalea real contiene silicio, potasio y fósforo que puede ayudar al rendimiento intelectual. Pese a ello, la memoria no siempre funciona a la perfección, ya que ciertos detalles pueden ser olvidados sin que ello necesariamente implique la existencia de un problema neurológico. Por supuesto, en caso de que los olvidos se vuelvan demasiado constantes o impliquen una importante cantidad de información, es recomendable acudir a un especialista médico para recibir un diagnóstico acertado. Y es que a medida que se envejece, el recordar algunas cosas puede tomar más tiempo que antes. 

Existen diversos consejos que les puedo dar para mejorar memoria y ser más inteligente aprovechando más lo que se aprende. Estos implican tres elementos fundamentales: el primero de ellos es intentar recordar el nombre de una persona o repasar detalles de algún hecho que haya sucedido recientemente. La dinámica es similar a los ejercicios de memoria que hacen los estudiantes cuando intentan memorizar datos como capitales del mundo o fórmulas matemáticas, por ejemplo. Una posibilidad para desarrollar este ejercicio es sentarse en la noche, antes de ir a dormir, y hacer un repaso por lo hecho durante el día, intentando recordar el máximo de detalles como sea posible. Es durante este proceso donde sugiere su segundo tip: la técnica denominada ‘elaboración’, la cual consiste en usar la total atención del cerebro para conectar nueva información con recuerdos que ya existen, lo cual hace que se vuelvan más complejos y detallados. Finalmente, viene el proceso llamado ‘consolidación’, donde se busca guardar la información y los recuerdos a largo plazo, lo cual implica formar conexiones entre conjuntos específicos de neuronas que codifican elementos de la memoria, reproduciendo la actividad cerebral específica.

Para esta incógnita, lo primero es entender que la inteligencia es algo flexible, por lo cual se pueden adquirir ciertos hábitos y comportamientos que van a permitir incentivarla, al igual que hicieron las personas que se consideran más inteligentes. Sin embargo, se necesita desarrollar tres variables mentales para que al momento de aprender cómo ser más inteligente, esto sea mucho más fácil. Cada una de ellas será indispensable para este objetivo: lo primordial es entrenar el proceso mental, tener muchas fuentes de información y referentes, y enfocarse en un problema, área de interés o campo de trabajo. Aquí algunos consejos que te doy, sencillos, fáciles y gratuitos, que se pueden hacer todos los días para ser más inteligente:

- Tomar dos vasos de agua dentro de los 30 minutos luego de despertar: debido a que el cuerpo lleva muchas horas durmiendo, no se ha hidratado de la manera correcta por un largo periodo de tiempo. Se encontró un mejor rendimiento en niños que bebieron agua a esas horas antes de ir al colegio. 
- Leer el resumen de un libro durante el desayuno: Leer libros es algo grandioso, pero al momento del desayuno, con el poco tiempo que la mayoría de gente dispone, es preferible algo más corto como un resumen.  
- Escuchar pódcast o audiolibros :así sean tan solo diez minutos camino al trabajo, auto, colectivo o en el baño,, mantener en el celular algún audio que estimule el aprendizaje. 
- Tomar té verde mientras se trabaja: mientras que la cafeína vuelve a las personas ansiosas, el té verde contiene L-teanina. Este aminoácido genera un incremento en las ondas alfa cerebrales. Esto quiere decir que, mientras que el café puede inducir a la ansiedad, el té verde de calidad induce a un estado de enfoque tranquilo sin producir sueño. 
- Tomar siestas durante el día: esto le permite al cerebro estar fresco. Incluso, está demostrado que las siestas durante el día incrementan la velocidad de aprendizaje y, por ende, contribuye en cómo ser más inteligente. La siesta hará que el cerebro sea más productivo y que rinda a un mayor nivel durante el día. 
. No tomar azúcar durante el día:  los altos niveles de azúcar, seguido de unos bajos, no son recomendados para que la mente funcione inteligentemente. 
- Leer un libro en vez de ver televisión: la lectura de un libro exige la construcción de imágenes mentales de lo que está leyendo. Los beneficios de leer son los mismos, no importa lo que se lea: logra volver a las personas más inteligentes, reduce el estrés e incrementa los tres tipos de inteligencia–cristalizada, fluida y emocional. 
- Practicar ejercicios simples: esto no significa ir al gimnasio todos los días. Hacer algunas flexiones y abdominales durante el día, caminar y subir las escaleras del edificio o trabajo puede tener un impacto positivo.

No les digo más nada. Hoy si que la columna estuvo DE LA CABEZA. Nos leemos en una semana.


lunes, 22 de agosto de 2022

NEUROEDUQUEMOS EN LAS AULAS!!!

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 11 de junio de 2022. Todos los derechos reservados.

No es una moda. La Neuroeducación es el nuevo norte en las aulas. O debería serlo. Aunque tengamos clases sin techos o bajo un mango, se pueden usar recursos neuroeducativos de bajo presupuesto o incluso gratuitos, totalmente dependientes del grado de creatividad del docente... justamente creatividad que nunca enseñamos ni aprendimos pero que debemos desarrollar en un camino autodidacta pero satisfactorio, donde los límites los ponemos nosotros y nadie mas. 

Dice Damasio que aprender y generar memoria es simplemente el proceso de tallar, modelar, dar forma, hacer y rehacer los diagramas de conexión de nuestro cerebro, y nada más certero que esto. Conocer que el cerebro es como un barro amorfo o un bloque de piedra sin atisbos de nada que se parezca a una obra de arte, es reconocer que ese barro, esa piedra o ese cerebro están allí esperando ser moldeados, tallados o enseñados. La neuroeducación se refiere a la dotación de un sustento científico para el arte de la enseñanza que posibilita nuevas formas de encarar los desafíos presentados por la educación del siglo XXI. Ha acercado a las ciencias neurológicas y a las psicológicas a la pedagogía y permite establecer un nuevo paradigma de investigación denominado neurociencias de la educación, aplicable a la psicopedagogía. 

Uno de los puntos críticos para el origen de este paradigma ha sido la disponibilidad de herramientas no invasivas para la obtención de imágenes del cerebro humano, lo cual ha permitido a los investigadores estudiar cómo cambia el cerebro a lo largo del desarrollo. Este avance sin precedentes ha impulsado los esfuerzos para forjar mayores vínculos entre neurocientíficos y educadores en un esfuerzo por mejorar el aprendizaje. El reto está, entonces en que a partir de una mayor comprensión sobre las bases neuronales y cognitivas de las competencias académicas se estructuren mejor los entornos de aprendizaje, favoreciendo la adquisición de las competencias cruciales en nuestra sociedad occidental moderna. 

Además de las razones metodológicas también existe una razón práctica para recurrir a la neurociencia en búsqueda de las respuestas a preguntas educativas pendientes. La base de la neurociencia está representada por colaboraciones interdisciplinarias, constituyéndose como un espacio de investigación en el que situar esfuerzos para generar enfoques educativos basados en la evidencia como se refleja en el gran número de inversiones en programas de investigación interdisciplinarios. La originalidad de este aporte de las neurociencias a la psicopedagogía ha sido investigar los puntos de contacto y de interacción entre la biología del sistema nervioso central y los estímulos culturales, verbales y emocionales con las estrategias pedagógicas. La posibilidad de obtener imágenes de los efectos neurales del aprendizaje nos está ayudando a entender tanto las trayectorias típicas como atípicas del desarrollo, caracterizando los límites de plasticidad de los circuitos cerebrales implicados en el aprendizaje. 

Es evidente que se ha avanzado mucho en la comprensión de los mecanismos neuronales subyacentes a las competencias básicas de la educación formal,tales como la lectura y las matemáticas. Y eso que aún no hablamos del aporte de la socialización a los entornos educativos, la alimentación, el ejercicio físico, el buen sueño, los hábitos correctos, etc. La Neuroeducación nos debe tener DE LA CABEZA y debemos imponerla lo antes posible para tener resultados óptimos y favorables en el desarrollo de nuestras nuevas mentes. Nos leemos la semana que viene. 

EL CEREBRO Y EL DOBLE SENTIDO

 

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 4 de junio de 2022. Todos los derechos reservados.

Una de las cosas que siempre se "des-atribuyen" al "cerebro paraguayo" es la baja comprensión de la ironía y el doble sentido, hecho a mi criterio errado, ya que muchos (muchísimos diría yo) connacionales disfrutan el humor de sutil ironía de Les Luthiers o de genios de la comedia que usan este recurso buscando la mal llamada "risa inteligente". La risa es risa independientemente de lo que la origine, y es saludable como alguna vez dijéramos en esta columna sabatina. 

Sin embargo, el doble sentido suscita opiniones dispares en el ámbito de la comedia. Los críticos aducen que es la menos ingeniosa de las ocurrencias para arrancar risas. Pero algunos escritores, como el mismísimo Shakespeare, recurren a él sin mesura. El propio cerebro parece dividido por los juegos de palabras, según un reciente estudio publicado en "Laterality: Asymmetries of body, brain and cognition". Los resultados apuntan a que el hemisferio derecho y el izquierdo, las dos mitades en las que se divide nuestro cerebro, cumplen cometidos distintos en el procesamiento de estos juegos de palabras, y que la comunicación entre ambos es imprescindible para rematar el chiste. 

Para comprobar de qué modo maneja el cerebro este tipo de humor, investigadores de la Universidad de Windsor, en Ontario, mostraron a los participantes un vocablo relacionado con un juego de palabras en el campo visual izquierdo o derecho (regidos por el hemisferio opuesto del cerebro, derecho e izquierdo). Seguidamente analizaron el tiempo de reacción de los sujetos en cada situación a fin de averiguar qué hemisferio era el dominante. El izquierdo, el hemisferio del lenguaje, es el encargado de procesar la mayoría de los aspectos lingüísticos del juego de palabras, mientras que el derecho se pone en marcha un poco más tarde para revelar el doble sentido de la palabra. Esa interacción permite entender el chiste, como una forma de juego de palabras, pues completa la fórmula básica del humor: la suma de expectación e incongruencia da como resultado la risa. 

En los dobles sentidos, donde las palabras adquieren significados ambiguos, el contexto de la frase nos prepara para interpretar la palabra de forma específica, un proceso que tiene lugar en el hemisferio izquierdo. La risa se desata cuando, un poco más tarde, el hemisferio derecho nos da pistas acerca del otro significado inesperado de la palabra, una especie de "reinterpretación sorpresiva". El estudio concuerda con las observaciones precedentes de que las lesiones cerebrales que afectan al hemisferio derecho pueden acarrear déficits en el sentido del humor de algunas personas, que entienden el significado de la broma pero "opinan que no es graciosa".

Estudios como estos nos muestran que el humor es cosa seria, una verdadera cuestion DE LA CABEZA. Nos vemos en siete días.

lunes, 4 de julio de 2022

EL ARTE DE HABLAR CON LAS MANOS

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 14 de mayo de 2022. Todos los derechos reservados.

La mímica es el arte de hablar con las manos. Para las personas que no oyen, ese pequeño recuadro en la parte inferior izquierda de la pantalla con una señora que gesticula con sus manos “como pájaros en el aire” al decir de la música, es un medio de comunicación que los hace reír y emocionarse como si estuviesen escuchando un relato o un chiste. Y es que la mímica es un lenguaje propio con sintaxis, semántica, retórica, y hasta ironía. Su construcción se basa en los mismos principios que el lenguaje hablado, es decir, una serie de símbolos convencionales a los que se les da significado. Pero la diferencia es que aquí no existe sonido alguno. 

Cuesta creer que hasta hace poco, algunos países prohibían el lenguaje mímico. Los alemanes, incluso, pusieron en boga el llamado “método alemán”: ataban las manos a la espalda de los niños que intentaban comunicarse con gestos. Esto originó una verdadera “epidemia” de jóvenes que egresaban de la escuela secundaria en Alemania, absolutamente incapaces de comunicarse con el entorno, e incluso considerados en muchos casos como infradotados cognitivamente. Esto duró, aunque pueda parecer irreal, hasta el año 2002, cuando el gobierno alemán reconoció al lenguaje de señas como un idioma. Hoy en día, gracias a Dios, tenemos desde poesía hasta coros mímicos. Sin ir más lejos, en uno de los episodios de la serie juvenil “Glee” muy popular hasta hace unos diez años y que aún puede verse en algunas plataformas de streaming, y que cuenta la historia de un coro de una secundaria en los Estados Unidos, presenta la integración con un coro de sordomudos que interpretan muy emotivamente en lenguaje de señas, nada más y nada menos que “Imagine” de John Lennon. 

Las zonas del habla comprenden el área de Broca y el área de Wernicke , que en los diestros y en la mayoría de los zurdos se encuentra en el hemisferio izquierdo. Cuando se lesiona la primera, el habla no fluye aunque la comprensión de la palabra está intacta, conformando la llamada afasia de Broca . Cuando se lesiona la segunda, la comprensión es nula, y aunque la persona pueda articular las palabras, estas no tienen sentido ni orden, y la persona experimenta algo similar a que le hablen en otro idioma, conformando la llamada afasia de Wernicke . En el caso del lenguaje mímico, las lesiones en el área de Wernicke llamativamente no repercuten en el mismo, pudiendo los pacientes con este trastorno expresarse en el lenguaje de señas sin ningún tipo de inconvenientes. En cambio, los pacientes que presentaron afasia de Broca encuentran gran dificultad para efectuar posiciones de señas con la mano, como si sus extremidades “tartamudearan” para producir palabras por el lenguaje de señas, aunque no tuvieran ningún tipo de problemas para los movimientos finos requeridos, sino hasta el momento de expresarse con mímica, donde no eran seguros. Esto demuestra que, pese a correr por canales diferentes dentro del sistema nervioso, tanto el lenguaje hablado como el de señas, sin embargo ambos se procesaban en el mismo lugar. No existe una zona cerebral para cada idioma, sino que existe un centro del lenguaje único, sea este verbal en cualquiera de sus orígenes, o por señas. Por lo que vemos, el lenguaje si ocupa lugar y, obviamente, nos tiene DE LA CABEZA. Nos leemos en una semana.

EL CEREBRO Y EL TALENTO

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 30 de abril de 2022. Todos los derechos reservados.

 ¿Qué tiene el cerebro de Lionel Messi que no tiene el mío? ¿O el de Joaquín Sabina o el de Joan Manuel Serrat, mis ídolos (a tal punto que mis mellizos se llaman como ellos)? Talento. Esa es la respuesta. Pero… ¿cómo lo veo, lo mido o lo localizo? Muchos científicos donaron sus cerebros para el estudio frenológico que era el método disponible en épocas pasadas: Broca, Gauss, Pavlov entre otros. Sin embargo, poco se podía hacer más que pesarlos y examinarlos con las rudimentarias técnicas disponibles. Pero cuando falleció Albert Einstein en 1955 a los 76 años en Princeton, y su cerebro fue extraído, luego de pasar por un tortuoso camino que incluyo estar guardado en un armario por años (historia que se las he contado en esta columna hace ya algún tiempo), se examinó para ver en qué se diferenciaba respecto a los cerebros comunes del resto de los mortales. El resultado fue sorprendente: su cerebro no tenía diferencias con otros cerebros tipo, salvo en la zona de los lóbulos parietales donde se procesan los conocimientos de la información visual en relación al espacio y del razonamiento matemático, llegando a tener hasta un centímetro más de espesor. Pero eso no es todo: cada uno de sus lóbulos parietales posteriores tenía un compartimiento totalmente diferenciado en vez de los dos separados por la cisura de Silvio. Además, el examen del lóbulo parietal izquierdo correspondiente al área 9 de Brodmann de Einstein tiene un 77% más de células gliales por neurona que otros cerebros examinados, lo cual indica una respuesta metabólica más alta a las necesidades de las neuronas de dicha localización cerebral. El cerebro de Einstein tenía más mielina que otro cerebro. 

Sin embargo, al examinar el talento de otros seres humanos, como por ejemplo los músicos, nos damos cuenta que ostentan varias funciones sobresalientes comparativamente con otros cerebros estudiados: oído, percepción, apreciación, memoria y ejecución. Para el oído se implica la corteza auditiva primaria que asienta en el lóbulo temporal y estudios en cerebros de músicos han demostrado que este giro es hasta 2 o 3 veces más grande en los cerebros de estos respecto a la población general. Para que esto se produzca, se consideran mecanismos que comprenden la creación de nuevas sinapsis entre neuronas existentes y el aumento de la eficiencia de las sinapsis que ya están establecidas, a lo que sumamos también la génesis de nuevas neuronas demostrada a la luz de los nuevos conocimientos. Los concertistas de piano son ejemplos de un cerebro modificado en pos del talento. A más de la zona auditiva descrita, estos ejecutantes poseen un flujo sanguíneo aumentado a la zona de la corteza motora prefrontal correspondiente a los dedos, la mano y el brazo a ambos lados, lo cual sugiere una mayor actividad metabólica en esa zona, con mayor consumo de oxígeno para satisfacer la actividad alta que existe para movilizar diestramente las manos sobre el teclado. Un cerebro entrenado tiene igualmente mayor flujo sanguíneo a la zona de mayor despliegue funcional.

El talento, entonces, también tiene bases anatómicas y funcionales: mayor cantidad de conexiones entre las neuronas involucradas en las zonas "talentosas", mayor tasa de actividad revelada en un mayor consumo de energía (o sea, mayor metabolismo) y un incremento en la irrigación sanguínea de dichas zonas, ya que, obviamente, el talento si requiere gasto por parte del cerebro. Al fin y al cabo, el talento también es algo DE LA CABEZA. Nos leemos en una semana.

SI NO LEO ME A-BURRO

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 23 de abril de 2022. Todos los derechos reservados. 

El 23 de abril recordamos el fallecimiento de dos grandes de la literatura universal: Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega. Y por ende, en muchos países recordamos el día consagrado a la lectura. En este contexto, es interesante saber que la revista Science publicó no hace mucho un artículo más que interesante respecto a las zonas cerebrales activadas en adultos y niños en respuesta a la lectura. En él se describe que la lectura provoca cambios anatómicos en el cerebro humano, favoreciendo el aumento de las conexiones nerviosas e incrementando notoriamente la actividad cerebral, sobre todo en el hemisferio izquierdo. El mecanismo es así: cuando leemos una palabra aislada, se estimulan numerosas zonas del cerebro, y cuando tratamos de leer un texto, nuestro cerebro completa la frase con experiencias propias almacenadas en él, y con la imaginación. Al leer, podemos recrear situaciones emocionalmente cargadas de contenido, rostros, escenas o estados emocionales, y al hacerlo, se estimulan zonas del cerebro similares a las que se activarían si lo que estamos leyendo sucediera en realidad. 

La lectura es un proceso que requiere de una coordinación altísima entre retina y cerebro. Su aparición en la evolución de la especie humana es de hace “apenas” 5.400 años, y ello ha implicado que nuestro cerebro y nuestro sistema visual se hayan adaptado de una manera sorprendente a la nueva asignación de tareas que trajo consigo el mecanismo de lecto-escritura. Gracias a este trabajo conjunto de retina y cerebro podemos entender a la escritura y descifrar su significado. Para ello, el área central de la retina recibe la información visual en su porción central denominada fóvea. Pero, por qué la fóvea es la encargada de captar la información de la lectura, y no toda la superficie de la retina?. Sencillo: la fóvea es la que contiene la totalidad de los fotorreceptores sensibles al color, mientras que el resto de la retina contiene predominantemente fotorreceptores sensibles al movimiento. Por ello, la fóvea es la porción de la retina encargada del “HD”, es decir, de la visión con alta resolución. Posee solamente un ancho de 0,5 milímetros, por lo que solo alcanza un ángulo de visión de 15 grados, lo cual implica que solo somos capaces de reconocer un total de entre 7 y 9 letras al mismo tiempo. Por ende, y aunque somos inconscientes de ello, leemos con un movimiento rápido de los ojos de entre 20 y 200 milisegundos, conocidos como movimientos sacádicos, que nos permiten obtener las imágenes relevantes, y de esa manera, proporcionar al cerebro las herramientas para obtener nuestro mapa mental de la situación. Cada movimiento sacádico transmite información al cerebro a través del nervio óptico, a la cual adosa información relativa al brillo y al contraste. Para que nuestro campo visual captara la totalidad de una imagen en alta definición, el ancho de nuestro nervio óptico debería ser muchísimo mayor de lo que actualmente es. En el aprendizaje de la lectura, la porción occipito-temporal izquierda del cerebro juega un papel sumamente importante. Los estudios muestran que todos los seres humanos, independientemente del idioma en el que estén leyendo (aún el árabe o el hebreo que se leen de derecha a izquierda, o el mandarín que se lee en sentido vertical), activan esta zona del cerebro de manera exclusiva en el momento de la lectura.

Debemos fomentar la lectura. Madura el cerebro. Crea conexiones. Moldea el entramado neuronal. Leer cambia literalmente la estructura cerebral. Leer, en resumen, es una cuestión DE LA CABEZA. Nos leemos en una semana.

LO QUE SUCEDE EN EL CEREBRO CUANDO DAMOS UNA BUENA CLASE

  Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación correspondiente al domingo 10 de setiembre de 2023. Todo...