martes, 7 de febrero de 2023

EL EFECTO GOOGLE: LA MEMORIA EN PELIGRO

 

Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación del domingo 22 de enero de 2023. Todos los derechos reservados.

Si te pregunto cuál es la capital de Hungría o cómo se llama el grupo que canta "Vuela vuela"... ¿qué es lo primero que se te viene a la mente? ¿Intentar recordar lo que diste en el colegio o la música que bailaste en los 90, o simplemente abrir tu teléfono y buscarlo en Google? La respuesta es obviamente la segunda. Lo buscamos todo, lo consultamos todo, incluso ya no recurrimos a las referencias o a los croquis para llegar a un lugar, sino que dejamos que Google Maps o Waze nos lleven a ella y por la "ruta más corta". Beneficios de la modernidad del siglo XXI dirían muchos, pero otros, principalmente los neurocientíficos, estamos seriamente preocupados por esto y por el impacto que podría tener tanto en la vida diaria como en la misma educación.

El efecto Google es un fenómeno en el que la memoria de las personas rinde peor con información de fácil acceso que con información difícil de obtener. Como resultado, inconsciente o conscientemente una persona ve inútil esforzarse por recordar datos que quizás hace unos años sí habría retenido mentalmente. Diversos estudios ya han ahondado el efecto Google de forma empírica. Es un mecanismo adaptativo que impide al cerebro almacenar información innecesaria. Al fin y al cabo, ¿por qué querríamos recordar datos complicados, números o fechas de aniversario si podemos confiar en el celular o la computadora? 

Aunque el efecto Google tiene ventajas (podemos recordar otros datos), los expertos tienen una inquietud al respecto. Todavía hay que investigar más a fondo al respecto. Algunos estudiosos creen que el efecto Google ayuda a ser más eficiente en un entorno dominado por las nuevas tecnologías mientras que otros hablan de riesgos potenciales. El primer riesgo es el de la dependencia. Si se ha creado una memoria tecnológica externa a la nuestra, inevitablemente sentimos la necesidad de estar el mayor tiempo conectado a ella, y esta sensación puede causar estrés y ansiedad, incluso siendo un posible colapso tecnológico algo que podría ser terrible para las personas más dependientes de la tecnología donde muchos perderán años de información y conocimiento irrecuperable si ocurre algún error técnico. 

El segundo riesgo es una ausencia de pensamiento crítico. Las personas pueden aprender a creer la primera información que encuentren online, y que por ello se pierda la facultad de saber leer entre líneas o conectar datos aparentemente dispares para sacar nuevas conclusiones. Hay un tercer riesgo que aún se está estudiando: la perdida de información visual. 

¿Cómo evitar el efecto Google? Hay 3 estrategias simples que mejorarán la memoria en tiempos modernos. 

1. Hacer un esfuerzo consciente por buscar información: tomar total atención de la información que se está procesando en lugar de leer mientras haces otras cosas a la vez. Evitar la actividad multitarea. 

2. Tomar notas a mano en lugar de imprimir la página de la Wikipedia con todos los datos. El proceso de sintetizar y escribir información fuerza a la mente a ir más lenta y prestar atención, lo que ayudará en el procesamiento y recuerdo de datos.

3. Dejar los dispositivos en casa o buscar formas de usar menos los celulares o computadoras. Si nos distanciamos de la tecnología, nos forzamos a recurrir a la mente y capacidad de aprendizaje. 

Eso sí: todos los extremos son malos. No se debe cortar toda comunicación con Google o apagar por siempre tu móvil. A día de hoy, distanciarse demasiado de la tecnología también tiene efectos negativos. No olvidemos que la tecnología también nos tiene DE LA CABEZA. Nos leemos en siete días.


CHAT GPT: EL NUEVO CEREBRO NO HUMANO

 

Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación del domingo 29 de enero de 2023. Todos los derechos reservados.

Nunca pensé en preguntarles esto, pero: ¿están seguros que yo escribí este artículo hoy?. Probablemente piensen que estoy loco si les pregunto esto, pero hoy en día nos encontramos con una nueva maravilla de la ciencia que, como todo en la vida científica, tiene claros y oscuros. Hoy les hablo del ChatGPT.

ChatGPT, es un modelo de procesamiento de lenguaje desarrollado por OpenAI en 2018, basado en el modelo de lenguaje por Inteligencia Artificial GPT-3 que ha sido entrenado con un gran volumen de texto en diversos idiomas, lo que le permite generar textos coherentes y naturales. Al igual que en las novelas de Isaac Asimov, en el desarrollo de GPT-3 se tuvo en cuenta la ética en la programación, ya que se trata de un modelo de procesamiento de lenguaje que puede ser utilizado en una amplia variedad de ámbitos, y debe estar diseñado para garantizar la justicia y la transparencia en su uso. La inteligencia artificial es un campo en constante evolución, con orígenes remontándose a la década de 1950. Sin embargo, ha sido en las últimas décadas cuando ha experimentado un auge en su desarrollo y aplicación en diversos ámbitos, incluyendo el sector laboral. En este ámbito, las tecnologías de inteligencia artificial han demostrado su capacidad para automatizar tareas repetitivas y mejorar la eficiencia en el proceso de toma de decisiones. Este nuevo programa puede ayudar a ahorrar tiempo y esfuerzo en la revisión manual de documentos, lo que se traduce en una mayor eficiencia y una reducción de costos. Esto se hace con el uso de algoritmos y procesos que la Inteligencia Artificial va "aprendiendo" e internalizando, alimentándose de las interacciones con la gente y evolucionando en sus conocimientos en ese interín. Está al alcance de todos en casi todos los idiomas y usted mismo lo puede experimentar ahora si tiene una conexión a internet.

Pero como todo en la tecnología, tiene sus bemoles. Una de las principales preocupaciones a este respecto es la falta de transparencia en la toma de decisiones de los algoritmos, lo que puede llevar a resultados injustos. También existe el riesgo de reemplazar el juicio humano con la automatización, lo que puede tener consecuencias negativas. Siguiendo con las referencias a la literatura de ciencia ficción, otro posible riesgo inherente a estas tecnologías de procesamiento del lenguaje es convertirse en una suerte de dispositivo como el «hablaescribe» de la novela «1984» de George Orwell utilizado por el gobierno totalitario del libro para controlar la información y la comunicación de la sociedad, registrando así todas las conversaciones y escritos de las personas. 

El futuro del lenguaje humano ejecutado por máquinas, sin duda, ya está aquí. Con unas pocas indicaciones (o «prompts» como se les suele llamar en la jerga anglosajona), son capaces de generar un texto con un alto nivel de coherencia y precisión. No obstante, este no está exento de imprecisiones y errores por lo que siempre será necesario la revisión y verificación de la información por parte de un especialista, tal y como lo necesita el famoso Wikipedia. Y el primer campo en el que uno puede pensar es en el mundo de los contenidos y la educación en salud creando por ejemplo coachs de salud operados por IA, el desarrollo de tableros personales de estados de salud que sean utiles como monitores de comportamiento, por supuesto interconectados con dispositivos wearables o asistentes inteligentes para equipos de salud y pacientes. En una fase posterior es posible que estos desarrollos puedan ayudar en tareas más complejas como detección de patrones específicos de texto o voz que puedan predecir enfermedades como los sindrome demenciales o trastornos del movimiento e inclusive incursionar en salud mental con base en patrones de búsqueda.

El problema es que un desarrollo completo de la Inteligencia Artificial se re-diseñaría a un ritmo cada vez mayor. Los humanos, que estamos limitados por la lenta evolución biológica, lo tendríamos cada vez más difícil para competir y el miedo del reemplazo se tornaría real. Algunos dirán que exagero y estoy DE LA CABEZA, pero les repito para termina ¿qué me dirían si les digo que este artículo no ha sido escrito por mí? Nos leemos en siete días.

EL CEREBRO Y LA REALIDAD

 

Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación del domingo 8 de enero de 2023. Todos los derechos reservados.


A medida que pasa el tiempo, lo que creemos saber sobre el cerebro queda corto. Más días pasan, más sabemos, pero más ignoramos. Y uno de los ítems más difíciles de comprender es acerca de lo que es real, lo que no lo es, lo que yo, en mis libros llamo "Neuromátrix". ¿Cómo crea el cerebro nuestra realidad? Según los expertos en neurociencia, nuestras neuronas trabajan para crear lo que denominamos experiencia consciente o consciencia. El propio cerebro hace una diferencia entre la inteligencia y la consciencia, pues la segunda tiene que ver directamente con la naturaleza en la que vivimos. Algunos investigadores afirman que somos seres que, constantemente, estamos alucinando de forma más o menos controlada. Cuando aceptamos esas alucinaciones las llamamos “realidad”.¿Qué es realmente la consciencia? Habrían dos formas de comprenderla. En primer lugar, las experiencias que vivimos a partir del mundo que nos rodea formado por sonidos, aromas o sensaciones que crean una panorámica multisensorial 3D. Es decir, como si se tratara de una película interior. Y en segundo lugar, está el “yo consciente”, el sentirse o no parte de esa película interior que conforma el mundo a nuestro alrededor. nuestra realidad. 

El cerebro como organismo único ni ve, ni oye, sino que crea conjeturas gracias a todas las señales que recibe del mundo exterior. Aunque lo más curioso es que las percepciones no se crean de fuera hacia dentro, sino al contrario. Los neurocientíficos determinan que los humanos construimos nuestra realidad a partir de alucinaciones que controlamos, siempre que no haya una enfermedad mental previa. Incluso el “yo” se construye a través de esas alucinaciones. Nuestras experiencias del mundo y de nosotros mismos como parte de él son diferentes tipos de alucinaciones controladas. Y que, como seres humanos, las hemos ido moldeando a lo largo de los siglos para mantenernos vivos ante los peligros. realidad De este modo, cuando una persona sufre una enfermedad mental, como la depresión o la esquizofrenia, percibe el mundo de forma errónea y, por ende, se percibe a sí mismo de manera inexacta. Esto es porque los mecanismos de predicción no están funcionando correctamente. 

Sin embargo,haber podido llegar a entender que hay personas a las que les sucede esto, abre puertas a la investigación, tanto en psiquiatría como en neurología. Porque no se trata de síntomas de percepción, sino del propio mecanismo del cerebro, que tiene esa función en nuestro cuerpo.¿La realidad, es eso que vemos? ¿Es el mundo tal y como lo percibimos? ¿Percibimos todos la misma realidad? Este es uno de esos temas apasionantes a los que la neurociencia ha intentado dar respuesta. Es una de esas áreas sorprendentes que los neurocientíficos conocemos y estudiamos y que me encantaría seguir hablando en otros domingos neuromágicos que compartiremos en este 2023 como desde hace 4 años. Feliz año para todos y nos encontramos todos los domingos de este 2023...!!!


COMIENZAN LAS CLASES: ¿HACIA DÓNDE NOS ENFOCAMOS?

 

Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación del domingo 2 de febrero de 2023. Todos los derechos reservados.

Una de las cosas que me van a leer o escuchar siempre es mi eterna protesta contra los programas educativos de cualquier nivel de enseñanza, desde la primera infancia o nivel inicial hasta cualquiera de las carreras universitarias (aunque menos en estas). Siempre me quejo sobre lo que me imagino: que los programas están hechos por burócratas trajeados encerrados en una habitación sin ventanas, con aire acondicionado, sin comunicación con los seres vivos, aislados y encerrados a cal y canto, solo transcribiendo programas y programas de otros lados y otras realidades, sin contactar con nadie y, lo que es peor, sin haber pisado nunca (o al menos, hace años) un aula de enseñanza. Los programas de estudios, principalmente de la educación de los niveles medio y superior, son una oda a la desconexión de la realidad, una completa sarta de inutilidades que, contra un año de programa, pueden ser resumidos en 1 minuto de búsqueda en un teléfono de los que tienen los alumnos. Son SOLO CONTENIDOS. 

¿Cuándo será el día en el que los docentes dejemos de ser cargadores de contenidos y pasemos a ser ADMINISTRADORES de ellos? No tenemos que enseñarle al alumno cosas que busca en Google, porque es inútil, ya hemos perdido esa batalla con el motor de búsqueda (ahora se viene el Chat-GPT del cual les hable el domingo pasado). Entonces, debemos, de una buena vez, aprender a ser los que les indican qué buscar y, sobre todo, prescindir del contenido por el contenido, alimentando en ellos el bicho voraz (si lo estimulamos correctamente) de la curiosidad: ¿para qué sirve esto? ¿qué utilidad tiene? O apelar a la anécdota: ¿qué sucedió aquí y cuándo? Incluso para las matemáticas, podemos usar esa tentación irresistible a la porción emocional de los cerebros de nuestros alumnos que son los cuentos, historias, fábulas... por ejemplo, recomiendo fervientemente leer a cualquier docente de matemáticas "El hombre que calculaba" de Malba Tahan, una obra increible. 

Alguna vez daremos el golpe de timón y entenderemos que, más que una computadora por alumno, el objetivo tiene que ser cargar esa computadora, no solo dársela. Pero la mejor carga que podemos hacer es la del conocimiento útil y práctico de lo que enseñemos. Debemos, de una buena vez, dejar de enseñar lo que creemos importante para pasar a lo que es verdaderamente RELEVANTE. Pero ¿quién determina eso? No son los señores trajeados dentro de la pieza hermétia con aire acondicionado, somos nosotros los docentes. Nunca antes la educación estuvo más en nuestras manos que ahora. Debemos, obviamente, primero formarnos, alimentar nuestro criterio, abrir la mente, amigarnos con la tecnología y, en un mundo inundado de un inagotable mar de conocimientos, ser el faro vigía de la relevancia de los mismos para nuestros alumnos. Hoy en día, el compromiso del docente no es cargar de conocimientos el cerebro del alumno, sino administrar el caudal de información, enseñar a discriminar, formar los criterios, no unificar el pensamiento ("another brick in the wall" u otro ladrillo en la pared como decía Pink Floyd), sino fomentar el análisis, la creatividad, de la que hablaremos algún otro domingo.

Ser docente es algo DE LA CABEZA. Apasiona. Se ama. Es una hermosa droga el enseñar. Docentes: déjense llevar por el amor por la profesión que, hace tiempo, dejo de serla para convertirse en un arte: el arte de esculpir cerebros. Nos leemos en siete días.

"...HAY MENTIRAS EN LOS LABIOS, HAY MENTIRAS EN LA PIEL..."

 

Articulo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación del domingo 12 de febrero de 2023. Todos los derechos reservados.

Arrancar mi columna semanal con una letra de Maná y Shakira no es común pero tampoco casualidad. Digamos que me viene como anillo al dedo porque hoy la columna habla de eso, de la mentira. Según expertos, la mentira cumple una función adaptativa, es decir, que tiene importancia para el desarrollo de las personas. No es de extrañar que, estudios mediante, hoy sepamos que todas las personas dekl mundo (si, todas, incluso el Papa o tu abuelita santa) expresamos de una a dos mentiras cada día. Algunos científicos consideran que ha sido la evolución la que a través del engaño inconsciente ha permitido al individuo sobrevivir. Citan como ejemplo el caso de los chimpancés, que ocultan objetos, se muestran amables y engañan a sus cuidadores o a otros chimpancés con el objetivo de lograr supervivencia, sexo e, incluso, diversión. 

Ahora... ¿el cerebro miente para sobrevivir o es algo innato, tanto que no podríamos considerarla como algo malo? Si vemos lo que sucede en el neocórtex, la parte más desarrollada del cerebro humano, la que nos da el razonamiento, la moral, la enseñanza, el concepto de leyes... bah, lo que nos hace humanos,evolucionó a la velocidad de un bólido, siendo capaz de controlar a las porciones emocional (el cerebro límbico) y, en cierta medida, a la instintiva (el cerebro reptiliano). Igualmente, razona, interpreta, descifra, asocia ideas, crea hipótesis de acción, genera pensamientos, crea soluciones y, dentro de esa vorágine de acciones, se convierte en el arma más potente de la mentira: la genera, la crea, la mantiene y la perfecciona. Cuando la persona miente hay un aumento en la actividad cortical de los lóbulos frontal y temporal y del sistema límbico. 

Pero, ojo, no nos sale gratis. La mentira se puede manifestar fisiológicamente por aumento de la presión arterial, la frecuencia cardiaca y respiratoria y la sudoración de la piel. Este incremento de la actividad cerebral es, a la vez, un estímulo para desplegar más interconexiones neuronales que contribuyen a expandir la inteligencia. Cuando se miente interesadamente, la amígdala produce una sensación negativa que limita el grado de las mentiras. No obstante, esta respuesta se reduce a medida que se continúa mintiendo, aumentando la escala de los engaños; esto conduce a una espiral desde los pequeños actos de falta de sinceridad hasta una vida llena de ilusiones y autoengaños. Lo que todavía no se sabe es si esta respuesta de la amígdala es innata o nace del aprendizaje como una adaptación del organismo humano. Perdón por darle tantas vueltas, pero lo digo ahora sin tanta rimbombancia: la mentira nos hace más creativos. OJO: creativos no significa inteligentes. Ya se los explico.

En el cerebro humano (así como en el de otros animales como los primates), existen unas células de las cuales hable en alguna entrega de esta columna: las neuronas espejo. Estas son fundamentales para las acciones de imitación y para las interacciones con los demás, incluso fundamentales para el desarrollo del lenguaje. Gracias a ellas el cerebro entiende lo que ve y lo que ve determina lo que siente y es posible que la imitación funcione en ambos sentidos, positivamente (lo que consideramos cierto o bueno) o negativamente (recurriendo a la mentira), es decir, más de acuerdo a lo que haga la sociedad que a lo que ella diga. Es por eso que, en esta época de campañas políticas donde se miente descaradamente dañando sin ningún sonrojo a otras personas, los frontales de muchos paraguayos (no de bien, dicho sea de paso) estarán activando sus redes de la mentira con una asombrosa rapidez. Ya lo dice la misma música de Shakira y Maná: "hay doctrinas y oradores que gobiernan sin piedad, hay mentiras en los diarios, en las redes, en la radio"... y así nos va.

Si bien les dije que mentir nos hace más creativos, también la mentira sistemática reduce nuestra capacidad cognitiva, simplemente porque acarrea consecuencias emocionales como el rechazo o el descreímiento que desgastan el sentimiento de las personas, causando estrés. Y ya me leyeron innumerables veces diciéndoles que el estrés es el peor enemigo del cerebro.

Cuando nos mienten, no tenemos que quedarnos solo con lo superficial sino que hay que acudir a la esencia: ¿cuál es la causa por la que nos mienten? O sea, hay que mirar el porqué está ocurriendo esto. Si mentimos lo hacemos fundamentalmente por evitar un castigo o para aprovechar una oportunidad. Pero detrás de esto está la ética personal de cada uno. Aunque eso ya es "harina de otro costado" como dijo alguna vez un "gran pensador" autóctono. Está demostrado que los individuos que más mienten son los narcisistas, aquellos que tienen altos rasgos de psicopatía, los deshonestos y los egoístas que solo buscan su propio beneficio. Cuando sus mentiras son frecuentes los tornan inseguros y con altos niveles de ansiedad. Cualquier parecido con la realidad que vivimos a diario leyendo algunos diarios, viendo algunos canales, escuchando algunas radios o hartándonos del parafraseo de algunos políticos, no es culpa de esta columna. Simplemente, estamos DE LA CABEZA. Y espero que se nos pase el 1 de mayo. Nos leemos en siete días.


miércoles, 21 de diciembre de 2022

EL CEREBRO EN NAVIDAD Y AÑO NUEVO

 

Artículo correspondiente a la columna dominical del diario La Nación de los domingos 25 de diciembre de 2022 y 1 de enero de 2023. Todos los derechos reservados.

Decir que en estas épocas del año "nos sentimos diferentes" no es una simple acepción. Es realmente una buena forma de describir que, en determinadas fechas, sin tener una razón real sino más bien eminentemente emocional, el cerebro literalmente "cambia", se comporta diferente, actúa y funciona de manera distinta. Y es que estamos llenos de estímulos afectivos y sociales: calles y comercios adornados, promesas de reunión, cierre de ciclos que, si lo pensamos bien, son solo convencionalismos y nada racionalmente diferente al paso de los días (no hay "magia" que suceda simplemente por cambiar de año). Estos cambios, repercuten en el cerebro y las Neurociencias no han quedado ajenas a eso. Un estudio científico ha verificado que, en efecto, esta época propicia una actividad cerebral diferente y que los cambios en los hábitos y en el entorno modifican la mente. 

Un grupo de científicos de la Universidad de Copenhague llevó a cabo una investigación sobre los efectos de la Navidad en el cerebro. Su objetivo fue ubicar el “espíritu navideño” dentro de la actividad cerebral, y para ello emplearon imágenes de resonancia magnética funcional. Para el estudio se partió de dos grupos de personas. Uno de ellos correspondía a quienes habían celebrado la Navidad desde la infancia y tenían una actitud positiva hacia estas fechas. El otro grupo no tenía por costumbre hacer festejos navideños. En el primer grupo se detectó una activación de ciertas zonas cerebrales ante imágenes o estímulos que evocaban la Navidad. En concreto, se observaban cambios en la corteza motora sensorial, la corteza motora primaria y premotora y el lóbulo parietal. En el otro grupo no se veían estas reacciones. ¿Qué significa esto? Que quienes tienen presentes las tradiciones navideñas reaccionan a estas poniendo en juego aspectos como la memoria y las sensaciones motoras, activando evocaciones y recuerdos profundos. 

Las variaciones en el entorno provocan modificaciones en el estado de ánimo y, por supuesto, esto tiene un referente en el cerebro. Durante la Navidad cambian las costumbres, los eventos, la actitud de las personas e incluso la apariencia de las casas y de las calles. Así que, en mayor o menor medida, hay una transformación en la mente. No se puede hacer una generalización sobre la forma en la que la Navidad cambia el cerebro. Depende de cada entorno y de cada persona. Sin embargo, lo que sí es posible es establecer los factores que tienen el potencial para producir modificaciones. Por ejemplo, las compras y compromisos sociales que se generan de manera más habitual que de costumbre Es habitual que durante la Navidad se tengan más compromisos sociales que de costumbre. Hay más reuniones, despedidas, fiestas y toda suerte de eventos. Así mismo, lo común es que en esta época se destine tiempo a las compras de regalos, en medio de tiendas repletas de gente. Todo esto en conjunto hace que se incremente el estrés. Igualmente, es muy común que, quienes experimentan una sensación positiva con la Navidad, también sientan una cierta tristeza cuando esta se terminan. Puede haber una sensación de agotamiento o de vacío, acompañada por la obligación de regresar a la rutina. 

La Navidad y los regalos son como el pan con manteca: suelen ir juntos. Tanto dar como recibir obsequios produce satisfacción emocional. La generosidad se asocia con la liberación de dopamina y endorfinas, lo cual incrementa la sensación de bienestar. También, durante la Navidad se establece más contacto con otras personas, lo cual debe ser bien regulado para que no sea agobiante, en especial para quienes no se sienten cómodos socializando con tanta intensidad. Por lo demás, resulta excelente para llenarse de la buena actitud navideña de otros. 

Sin embargo, también esta época es tiempo de excesos, principalmente  en el gastar, en el comer y en el beber. Pasar el límite suele tener consecuencias, que al final solo se notan en enero. Mejor controlarse un poco y disfrutar de estas festividades con moderación. Recordemos lo que dijimos antes: tenemos una “red espiritual navideña” que comprende varias áreas corticales en el cerebro humano. Esta red tuvo una activación significativamente mayor en personas que celebran la Navidad con asociaciones positivas en comparación con personas que no tienen tradiciones navideñas y asociaciones neutrales. Se estima que millones de personas son propensas a mostrar problemas psicológicos importantes en Navidad, como una gran tristeza y hasta angustia. Incluso aún después de muchos años de celebrar la Navidad. La localización precisa del espíritu navideño es un primer paso fundamental para poder ayudar a pacientes con este síndrome. La ubicación del espíritu navideño también podría contribuir a una comprensión más general del papel del cerebro en las tradiciones culturales festivas, haciendo una contribución a las festividades interculturales y al espíritu de buena voluntad para todos.Otro estudio mostro que las personas que invirtieron su dinero de forma generosa para beneficiar a otras personas, mostraron más actividad en el área del cerebro vinculada al sentimiento de felicidad. En otro estudio similar, dos psicólogas de la Universidad de British Columbia y uno de Harvard, le pidieron a los participantes que calificaran su nivel de felicidad. Luego se les entregó a los participantes un sobre con dinero que debían gastar antes de las 5pm de ese mismo día. Pero los investigadores dividieron a los participantes en 5 grupos diferentes, con base en el uso que le darían al dinero Unos lo debían usar para hacer un pago pendiente Otros lo debían usar para un gasto necesario Otros lo debían usar para un regalo para sí mismos Otros lo debían usar para un regalo para alguien más Después de las 5pm, los participantes debían regresar a reportar su nivel de felicidad de nuevo. Los participantes que recibieron la indicación de usar el dinero para un regalo para otra persona reportaron los mayores índices de felicidad. 

Los problemas cardiacos aumentan durante las fiestas de fin de año. Si bien este dato no es sobre la actividad del cerebro en Navidad, lo cito porque es un aspecto que se puede abordar (solucionar) desde la Economía Conductual. Diciembre es el segundo mes con más fallecimientos por problemas cardiacos Durante navidad y año nuevo existe un menor control de factores de riesgo cardiovascular. La emotividad y la nostalgia son factores psicológicos que tienen un impacto en el funcionamiento del corazón. El estrés típico de la temporada navideña y de año nuevo también es un factor a considerar. Uno de los sentimientos que se apodera del cerebro en navidad, y que repercute en otros órganos, es la tristeza y la melancolía, sobre todo en personas que están separadas de sus seres queridos. Sin embargo, estos elementos pueden ser más perjudiciales si ya se sufren problemas cardiacos o un riesgo alto de padecerlos. Pero ante esta información preocupante, quiero terminar con un hallazgo científico positivo: cantar juntos disminuye el estrés e incrementa la vinculación social. Si alguna vez cantaste a todo pulmón en un concierto, o simplemente cantaste con un grupo de amigos, es probable que no necesites una base científica para saber que cantar juntos fomenta la identificación y el sentido de pertenencia. Un estudio de la Western Michigan University mostró que esta tradición puede incrementar el bienestar físico y fisiológico así como generar vínculos sociales. En el estudio, los autores investigaron la neuroquímica y dinámicas sociales de cantar en grupo. Cantar juntos es una forma inusual pero muy efectiva de generar buenos lazos entre personas. Encontraron que cantar en grupo disminuía los niveles de la hormona adrenocorticotrópica, (ACTH) que está asociada a la producción de estrés y excitación. El estudio propone que el cantar en grupo reduce el estrés. Un dato curioso es que cantar improvisadamente en grupo parece aumentar la oxitocina, una hormona que ha sido asociada a la vinculación social en humanos. Así que, cantar villancicos, karaoke o lo que fuera, aumenta enormemente el bienestar cerebral.

Nuestro cerebro no es la excepción cuando hablamos que todo cambia en estas fechas. Porque, al fin y al cabo, todo es DE LA CABEZA. Que tengan un hermoso 2023.

viernes, 16 de diciembre de 2022

EL CEREBRO A LA HORA DE VOTAR

 

El domingo los paraguayos comenzamos un camino de elecciones que nos llevará indefectiblemente a elegir un nuevo mandatario para el quinquenio 23/28, así como nuevas autoridades en el Congreso y en las Gobernaciones departamentales. Llega el momento en que un acto (mecanizado, es cierto, por las maravillas de la informática) nos ayuda a tener un país diferente. Donde si vamos o no vamos a elegir es la diferencia entre el que queda sentado en su casa criticando desde el teclado otros cinco años, quejándose en corrillos de amigos o de compañeros de trabajo, peleando en reuniones familiares, o, por el contrario, entrar al grupo donde el protagonista de esa elección es uno mismo con su decisión. Pero esa decisión ¿es siempre pensada y evaluada, o, por el contrario, es más bien visceral o emocional?

La gente que desarrolla marketing político sabe que el voto es casi siempre emocional. De hecho, construyen sus plataformas en base a la movilización de las emociones más básicas e instintivas de la gente. Cuando te amenazan de que vas a perder tu trabajo o de que el candidato tal va a venir de la mano poco más o menos de la destrucción apocalíptica de nuestra sociedad tal y como la conocemos, el cerebro manda el mensaje de alerta y votamos por miedo que es la emoción más básica y conservadora. A esta emoción contribuyen muchas veces los medios de prensa aliados (siempre, no hay prensa independiente, se los afirma una persona que está en medios hace tiempo) con los diferentes intereses en juego. Ninguna voz que se levante en cualquier entorno lo hace pensando en la persona de a pie, la que espera el colectivo que no viene bajo el sol o la lluvia, la que se atemoriza al oír el sonido de una motocicleta pensando que le van a asaltar sus magros guaraníes y su preciado aparato celular, la que se desespera a veces para llevar el pan a la casa.

Pero ¿qué sucede en el cerebro del elector mientras escucha a los candidatos o las informaciones que recibe en los días previos a las eleccione? Cuando sucede esto, la actividad cerebral registra movimientos en varias de sus áreas y estructuras. Una de ellas es la corteza cerebral, concretamente los lóbulos frontales, que tienen la capacidad de generar modelos de la realidad futura y de construir las imágenes concretas de lo que está por venir. Las palabras de los candidatos modelan la forma del mundo en la mente de los votantes. Además, por acción de las neuronas espejo, un conjunto de células que parece ser el sustrato neurológico de la empatía, los votantes experimentan en el plano subconsciente las emociones, los sentimientos y las acciones de los candidatos que están observando. Aunque se sabe que la toma de decisiones ocurre en una red cerebral ampliamente distribuida en la que intervienen múltiples regiones, es el sistema límbico el centro en que se crean y procesan las emociones. El sistema límbico está compuesto por un conjunto de estructuras repartidas y distribuidas por el encéfalo. Una de estas estructuras es la amígdala, cuyo papel en la respuesta emocional que le damos a las situaciones es esencial. La información de los estímulos llega antes a la amígdala que a la corteza cerebral. Esta es la razón por la cual sentimos primero y después pensamos, aunque nos parezca que el proceso sea al contrario. Cuando aparece la preferencia o el rechazo ante un candidato, estamos recibiendo un mensaje de la amígdala.

Pero si hay candidatos que nos ofrecen más de lo mismo,y pese a ello, seguimos votándolos, ¿qué pasa en el cerebro de la gente que lo hace?. Obviamente, dando por descontado el factor miedo ("vas a perder tu trabajo si no ganamos nosotros" o "te vamos a echar si gana el otro candidato", frases del "arreo" infeliz con el que nos quieren "asustar" a muchos que trabajamos en sitios de dependencia estatal o similares), esta conducta se explica por lo que, en Neurociencia Conductual se llama "sesgo cognitivo" y que les paso a explicar a continuación. Para entender estos sesgos cognitivos, debemos tener en cuenta que nuestro cerebro necesita una enorme cantidad de energía cuando realiza procesos cognitivos complejos. Esta energía que requiere el cerebro la adquiere en forma de glucosa y oxígeno. Para ahorrar energía y liberar presión, el cerebro crea atajos. Estas sendas o caminos mentales son necesarios para el cerebro, ya que no sería capaz de procesar toda la información sensorial que recibe de los estímulos externos y necesita filtrarla de manera selectiva. Los atajos, por tanto, son útiles para que el cerebro invierta menos recursos mentales en la resolución de problemas y en la toma de decisiones, algo así como mantenerse en "zona de confort". 

Lo que sucede es que no siempre los atajos desembocan en una buena conclusión. Cada vez que dan como resultado un juicio incorrecto se incurre en un sesgo, que nos lleva a extraer una conclusión alterada, distorsionada o ilógica. Aunque hay catalogados más de cien, vamos a describir algunos de los sesgos más comunes y fáciles de reconocer: 

- El sesgo de la comprobación nos induce y lleva a buscar y encontrar toda información que corrobore y confirme la opinión que tenemos sobre algún asunto, mientras evitamos la información que ponga en tela de juicio nuestras ideas. En este sentido, le concedemos una extrema importancia a la información y a los datos que están en concordancia con nosotros y ninguna a todo lo que la contradiga. Por eso, obviamos los datos contenidos en las declaraciones de los candidatos contrarios a nosotros, aunque esta información esté en línea con nuestro pensamiento. Censuramos a la persona porque convenimos que no corrobora ni representa nuestra opinión. 

- El sesgo de proyección es la inclinación inconsciente a pensar y asumir que las demás personas tienen creencias, pensamientos, visiones o valores similares a los que nosotros tenemos. Nos proyectamos en los políticos, creyendo que están hechos a imagen y semejanza de nosotros y creemos que los conocemos como si fueran personas de nuestro entorno más cercano. 

- El efecto marco indica que las personas se sienten más inclinadas a valorar la forma en la que se presenta la información que la información misma. En esta línea, las palabras usadas tienen un gran poder. Los términos positivos son más valorados que los negativos y pueden hacer que, ante dos propuestas parecidas, las personas se decanten por la que emplea palabras con enfoques positivos, amables y favorables. Por ejemplo, los datos del desempleo tienden a compararse con otros datos más desfavorables del pasado para que resulten más positivos. 

- El efecto arrastre es la inclinación a creer algo solo porque muchas otras personas lo creen. Este efecto tiene que ver con la dimensión social del ser humano y la tendencia a crear grupos. Las tendencias, las modas y ciertos movimientos de opinión se sirven de este efecto. Si nos sentimos identificados con un grupo, es fácil adoptar el criterio general. Por eso desde la política se habla de colectivos y se les atribuye unas características y una forma de pensar para que pasemos a considerarlos como una unidad. 

- El sesgo de autoridad es la credibilidad que otorgamos a los políticos en los datos que presentan porque asumimos o presuponemos que están informados y saben de lo que hablan. Quizá este sesgo funcione menos que antes en política, ya que se ha comprobado cómo se maneja información incompleta o incluso tergiversada en mítines, debates y entrevistas. La correlación ilusoria hace acto de presencia cuando se establece una relación entre dos variables cuando no existe evidencia alguna acerca de su relación. Son las falsas causa-efecto tan usadas en política. 

- El efecto halo hace que tendamos a extender los atributos o rasgos positivos de algo o de alguien, obviando los aspectos negativos. Es un efecto ilusorio mediante el cual permanecemos ciegos a parte de la realidad. Si un político genera efecto halo, se le perdonarán o pasarán faltas o errores y sus partidarios tendrán inclinación a minimizarlos. Como se puede apreciar, el procesamiento cognitivo y emocional están conectados. 

Los sesgos hacen que varíe nuestra percepción y que sigamos tendencias y comportamientos inconscientes que condicionan el análisis de la realidad, y, como consecuencia, la toma de decisiones y el voto que emitimos. Los sesgos son difíciles de cambiar o de neutralizar, por eso, este domingo cuando vayas a votar, antes, sería interesante reflexionar y tratar de comprender la acción de los sesgos en su posicionamiento y elección. En un mundo tan complejo y turbulento como el actual conviene parar y tratar de obtener la imagen completa del cuadro, en lugar de conformarnos con los bocetos rápidos que nos ofrece nuestro cerebro por acción de los sesgos. 

 Quizá debemos asumir que no somos tan racionales e imparciales como pensamos. Somos mas DE LA CABEZA.

LO QUE SUCEDE EN EL CEREBRO CUANDO DAMOS UNA BUENA CLASE

  Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación correspondiente al domingo 10 de setiembre de 2023. Todo...