sábado, 12 de junio de 2021

¿SE PUEDEN MANIPULAR LAS EMOCIONES?

 


Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 29 de mayo de 2021. Todos los derechos reservados.

"Bueno pero no te enojes..." La archifamosa frase de Quico, el eterno niño marinerito del Chavo , nos viene a la mente cada vez que alguien se enoja en exceso y de sobremanera. Cuando alguien se altera o se enoja, sufre en realidad física y psicológicamente. Pero... realmente ¿por qué nos enojamos? ¿Por qué las emociones nos manejan? ¿O nosotros manejamos a las emociones?

Hace 50 años entendíamos que cualquier emoción era una actividad puramente cognitiva. Sin embargo, algunos investigadores cuestionaron que las respuestas fisiológicas no tuvieran ninguna importancia en la generación de una emoción. El análisis científico mostraba que muchas veces distintas emociones generaban reacciones fisiológicas similares, por lo que estos estudiosos propusieron la llamada teoría bifactorial de la emoción: según ellos el origen de las emociones proviene, por un lado, de la interpretación que hacemos de las respuestas fisiológicas periféricas del organismo (mi corazón late más acelerado, siento palpitaciones, estoy acelerado), y, por otro, de la evaluación cognitiva de la situación que origina tales respuestas (estoy bailando como loco en una fiesta, estoy en medio de la barra brava de mi club y vamos perdiendo, estoy en un semáforo y el idiota de atrás no para de tocar la bocina aunque el semáforo aún no cambia a rojo). Habría un aspecto cuantitativo, la intensidad de la emoción, que dependería de la forma en que cada persona interpreta sus respuestas fisiológicas ("el insulto fue para mi", "acaban de ofender a mi país") y un aspecto cualitativo, el tipo de emoción, que estaría determinado según la forma en que cada persona evalúa cognitivamente la situación en la que se encuentra y que ha podido provocar esas respuestas ("estan hablando mal de mi familia y yo estoy presente"). De esta teoría surgen diversas dudas: si se induce de forma encubierta un cambio fisiológico en un sujeto, ¿asignará cognitivamente un estado emocional al notar una mayor excitación de su cuerpo cuando no tiene una causa aparente para sus cambios corporales? Y si la persona tiene una razón causal, es decir, sabe que está recibiendo un fármaco por ejemplo, o si sabe que está siendo provocado por comentarios buscando que reaccione, entonces ¿puede racionalizar la experiencia y no tendrá una reacción emocional? Por el contrario, si se inhiben los cambios fisiológicos como palpitaciones, sudoración, ¿podría una persona estar en peligro extremo y, sin embargo, no tener una respuesta emocional? En otras palabras, ¿una persona reacciona emocionalmente sólo cuando experimenta cambios fisiológicos? ¿Y su reacción variará si sabe el motivo de esos cambios fisiológicos o si no lo sabe? 


En los estudios se observó que parece claro que las personas asignan una emoción a un cambio fisiológico en función de las emociones disponibles en la situación social Es decir, dado un estado de activación simpática, para el que no se dispone de una explicación inmediatamente apropiada, los sujetos humanos pueden ser fácilmente manipulados hacia estados de euforia, ira o diversión según el caso, lo cual indica claramente que la estimulación conduce a la percepción de la emoción y de ahí a la interpretación de esa emoción. Por ejemplo, si notamos que nuestro corazón late más rápido, podemos mirar alrededor para ver qué está causando esta respuesta. Si estamos en una fiesta con amigos, es más probable que interpretemos este sentimiento como felicidad, pero si alguien nos ha insultado, es más probable que interpretemos este sentimiento como ira. Por supuesto, muchas veces este proceso ocurre rápidamente y fuera de nuestra conciencia, pero puede volverse consciente, especialmente si no hay un factor situacional inmediatamente obvio que explique cómo nos sentimos. 

Resumiendo lo que les quiero contar hoy: las emociones pueden ser manipuladas. Para bien o para mal. Si racionalizamos eso, si internalizamos esa posibilidad siempre, entonces sabremos reaccionar DE LA CABEZA a cualquier emoción externa y no nos dejaremos influir ni manipular por nadie. Ni amigos, enemigos, políticos o cualquiera que nos intente manejar para su propio provecho. Nos leemos el otro sábado.



EL CEREBRO INFANTIL EN PANDEMIA

 


Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 5 de junio de 2021. Todos los derechos reservados.

Y un día, todo cambió. Nos tuvimos que encerrar, reaprender hábitos de higiene, a cubrirnos las sonrisas y a decir adioses muy prematuros. Lo hemos sufrido y lo seguimos padeciendo. Si a nosotros nos fue difícil... ¿Cómo les habrá sido a los niños?

No hay mucho secreto. Los más grandes sufrimientos los padecieron a los extremos de la vida: los ancianos y los niños. Y aunque para los abuelitos ya se habilitaron las vacunas (que no se aplicaron a todos vaya uno a saber por qué mecanismos cerebrales que ni me animo a escrutar), en los niños el apego es la única vacuna que como adultos tenemos para brindarles para prevenir enfermedades físicas y mentales. Y es que nosotros conspiramos contra ellos, porque toda  la información que nosotros procesamos, aunque creamos que no la ven o escuchan siempre lo hacen y no la procesan como nosotros (si a nosotros nos cuesta horrores, qué será a ellos?. Todos estos datos, aunque parezca que no le están poniendo atención, activa zonas del cerebro relacionadas con el estar alerta y les genera estrés. Este fue nuestro primer error.

En pandemia, nuestro segundo error fue olvidarnos del juego. Hoy en día, nuestra sociedad tiene infravalorado el juego y resulta que la ciencia ha revelado que es una necesidad biológica de los niños, es un impulso vital y primario que los empuja a explorar el mundo, conocerlo y dominarlo. El juego se presenta también como alternativa para comprender la realidad, aprenden todo, desde conocimientos básicos como colores, números, días de la semana hasta las habilidades más complejas como la empatía y la compasión. Es el traductor a través del cual interpretan el mundo. Cuando los niños juegan no solo aprenden sino que además es un proceso terapéutico, porque jugar es un canalizador de emociones. Mientras se juega se producen una serie de hormonas y neurotransmisores que les hace sentir bien, felices, en calma y satisfacción, sentimientos necesarios en esta situación que estamos viviendo. No olvidemos que si queremos niños sanos, elos deben jugar. 

El tercer error que hemos cometido es relegar al cerebro a un último lugar en tiempos de pandemia y aislamiento. El cerebro es el órgano más importante de nuestro cuerpo. Olvidamos de cómo cuidarnos y de implementar en casa hábitos saludables para que en esta difícil tormenta que vamos navegando, para de esta manera, al menos asegurarnos de que vamos en un barco seguro. El hecho de relajarnos con los horarios del sueño, con los alimentos que se compran y consumen en casa, el buscar excusas para no hacer actividad física porque las salidas son complejas o porque se nos ha quedado el hábito de salir poco de los momentos más estrictos, y el elegir evitar los conflictos y confrontaciones en casa y remplazarlo con las pantallas, hace que nos hayamos relajado enormemente ante lo que deberíamos haber priorizado. 

Es importante que exista una completa sincronía familiar, cardíaca, biológica y cerebral, pregonar hábitos apropiados para cuidar la salud mental; buen sueño, más de calidad que de cantidad, con una correcta higiene del sueño, priorizar el consumo de alimentos que nos hagan bien como los llamados neuroalimentos que tienen nutrientes de buena calidad, que nos permitan mantenernos con energía, que protejan nuestro cerebro de las enfermedades mentales, que nos ayuden a aprender con agilidad y a sentirnos felices (de eso hablaremos en otro sábado). No olvidemos que la próxima gran pandemia que esta ya entre nosotros es la de la salud mental y es algo que debe desde ya tenernos DE LA CABEZA, sobre todo para proteger a nuestros niños, de los más vulnerables mentalmente hablando. Nos leemos el siguiente sábado.

domingo, 6 de junio de 2021

"TUVE COVID Y ESTOY MENTALMENTE LENTO..."

 


Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación de los sábados 27 de febrero y 6 de marzo de 2021. Todos los derechos reservados.

Uno de los motivos principales de consulta últimamente en mi consultorio lo llevan los pacientes que han tenido Covid-19 en cualquier grado de afectación clínica, desde la simple pérdida del olfato y el gusto hasta aquellos grandes guerreros que han ganado la guerra llegando al límite de ser intubados y con complicaciones diversas en varios órganos del cuerpo, pero que van superando gradualmente. Todos ellos, sin excepción ni distinción de grado de severidad, manifiestan que consultan porque, literalmente, se sienten "más torpes, más lentos, como diferentes, habiendo perdido mi lucidez y mi rapidez mental de antes". En la literatura médica que se actualiza a diario, se cuenta en un 10% del total de los enfermos contagiados de coronavirus, la mayoría mujeres, que refieren arrastrar durante meses las secuelas de la enfermedad a pesar de haberla superado y dar negativo en las pruebas del Covid-19. Muchas veces estas secuelas sobre el sistema nervioso hacen que, incluso, tengan que depender de otras personas para realizar sus actividades. Y dentro de todo, uno de los eventos que más quejas suscita entre los que han vencido al Covid-19 es... el desconocimiento médico-científico respecto a lo que les sucede.

Cuando irrumpió el coronavirus, era un virus eminentemente respiratorio. Luego, de a poco, se fueron revelando más síntomas asociados a otros órganos quedando demostrado que el virus ataca casi todos los órganos del cuerpo. Incluso, se ve que muchos pacientes nunca se curan, por lo que se acuñó el término "covid persistente" o "long covid" donde los diversos órganos afectados no se recuperan más. Incluso, se habla de otra ola, cuyas cifras no se actualizan a diario pero que no cesa, de pacientes que nunca se recuperaron del coronavirus o que, pese a pasar la enfermedad de forma leve, presentan ahora síntomas que les hacen imposible hacer una vida normal: cansancio/astenia, malestar general, dolores de cabeza, bajo estado de ánimo, dolores musculares o mialgias, falta de aire, dolores articulares, falta de concentración o déficit de atención, dolor de espalda. presión en el pecho, ansiedad, febrícula, tos, fallos de memoria, dolor en el cuello, diarrea, dolor torácico, palpitaciones, mareos, hormigueo en las extremidades. difucultad manifiesta al ir al trabajo o atender sus obligaciones familiares o sociales, manifestaciones cutáneas, como urticaria o reactividad excesiva ante roces mínimos de la piel; caída de pelo, daños vasculares. 


Pero los síntomas que se están revelando como más frecuentes e incapacitantes son de otro tipo: los neurológicos. Pacientes que ahora son incapaces de concentrarse, hasta el punto de no poder leer un libro; que sufren desorientación; que no dan con la palabra adecuada al hablar, que sufren lagunas de memoria, que pueden quedarse en blanco en cualquier lugar o que olvidan de repente tareas mecánicas y rutinarias relacionadas con su trabajo. Y lo conforman toda una variedad de síntomas que se sufren en mayor o menor intensidad y a los que se está aludiendo con el nombre genérico de "niebla mental". 

Entonces vemos que el sistema nervioso es el que, tras el respiratorio, con más frecuencia resulta afectado durante la fase aguda, por lo que es hoy considerado también un virus neurotóxico. Lo que sucede en el sistema es aún desconocido, porque no se han encontrado anomalías morfológicas ni funcionales en el cerebro de estos pacientes con los estudios practicados (resonancias, electroencefalogramas, incluso análisis del líquido cefalorraquídeo).  Si bien sabemos aún poco de las causas, podrían deberse a un estado de microinflamación persistente en el cerebro, específicamente a nivel del lóbulo frontal, que no se ve en los estudios. Esta microscópica pero en realidad gran inflamación celular que puede causar el virus termina alterando al sistema nervioso y, con ello, a las neuronas. se cree que el SARS-CoV-2 provoca un daño endotelial (una capa de los vasos sanguíneos) y cardiovascular que puede llegar hasta el cerebro. Incluso se evalúa la posibilidad de que el virus pueda "esconderse" en ciertos puntos del cuerpo, como el sistema nervioso, y que actúe, como otros virus, el de la varicela por ejemplo, "capaces de acantonarse" en nuestro organismo y permanecer allí toda la vida. Incluso, existiría la posibilidad de que la barrera hematoencefálica (ese muro microscópico pero potente que separa la circulación sanguínea del sistema nervioso) quede abierta y permeable tras la fase aguda de la enfermedad y como ya no es hermética, provoque en los pacientes esa sensación de fatiga continua y niebla cerebral que ahora conocemos. 


Además de la variedad de los síntomas y el enigma de su razón de ser, hay otras preguntas sin respuesta en torno al covid persistente, como la de por qué hay personas que sufren una forma leve de la enfermedad y padecen estas secuelas meses después, y otras, en su mayoría por suerte, lo superan en pocos días. Esto podría deberse a dos causales que casi siempre están presentes en todas las enfermedades: el desencadenante y la genética. De esta última dependería que unas personas desarrollen graves secuelas o una versión más grave de la enfermedad y otras no, o que los pacientes respondan de forma distinta a los fármacos. Asimismo, cabe destacar que puede afectar de la misma manera a jóvenes, a adultos mayores, hombres y mujeres. 

El punto de inflexión para consultar a un especialista es cuando la confusión mental lo limita para hacer cosas de la vida diaria, como trabajar. Se debe consultar, primero, para descartar que no haya otra causa del problema, como pueden ser anemias severas o inclusoproblemas de la glándula tiroides, por ejemplo. En el examen se hace una evaluación neurocognitiva a cargo del especialista. Esta “niebla mental” parece no ser un problema permanente, pero la recuperación puede tomar varios meses, específicamente entre 3 y 7 según lo que se ha estudiado. En cuanto a su tratamiento, lo recomendable es la estimulación cognitiva a través de ejercicios y juegos de memoria, ejercicios físicos al aire libre, consumo de vitaminas y, en casos más graves se pueden agregar uso de fármacos nootrópicos, estimulantes de la memoria y potenciadores cognitivos.

El Covid-19 sigue siendo un virus que nos tiene DE LA CABEZA. Brindo fervientemente porque pronto estemos vacunados todos los que vivimos en esta hermosa tierra. Nos leemos el siguiente sábado.

LA NEUROARQUITECTURA

 

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 18 de febrero de 2021. Todos los derechos reservados. 

Que las Neurociencias se han introducido en cuanta disciplina exista no es ya secreto. Desde esta misma columna hablamos de su incidencia en disciplinas tan obvias como la educación o el marketing pero también en áreas tan impensadas como el Derecho o la Política. Por eso, no creo que les sorprenda cuando les digo que tambien la Arquitectura recibe sus beneficios del estudio de las Neurociencias. Es la rama de estas que se dio en llamar Neuroarquitectura, y cuya función es el entender, a través de la neurociencia, cómo el espacio afecta a la mente. Disfrazada de nombres varios (como el conocido "Feng Shui), hoy en día se pueden adecuar el interior de edificios y estancias para potenciar más y mejor la expresión de los códigos con los que se aprende y memoriza, así como ayudar a mantener el cerebro joven y probablemente el estado de ánimo sereno y relajado. Y como siempre digo, esto debería formar parte de las adecuaciones curriculares de las materias de la profesión de manera concurrente para formar profesionales con más armas para desarrollar mejor su labor.


La Neuroarquitectura enseña, con sencillos trucos aptos para todas las casas, como mejorar (aunque no se pueda creer) el ambiente de vida o trabajo, a fin de conseguir una mayor concentración, serenidad, creatividad, bienestar emocional e incluso mantener más activo el cerebro. De hecho, sabemos que un ambiente natural rebaja los niveles de estrés, por lo que, y avalado por numeroso estudios, la presencia de elementos naturales, como plantas o flores, en el interior de las casas disminuyen el estrés y favorecen la concentración, la productividad y el aprendizaje. Igualmente, la presencia de luz natural provoca reacciones químicas en el cerebro que favorecen todos estos procesos. Desde una simple ventana estratégicamente ubicada puede servir de “escape psicológico” permitiendo que, al visualizar cielo o naturaleza por ejemplo, se sienta confort, sobre todo si a través de ella se ve un paisaje natural... aunque los cuadros o posters que los recrean producen un efecto similar. ¿A quién no le gusta un gran cuadro de una playa o unas montañas en un ambiente cerrado en lugar de una pared triste y monótona?  

Pero hay más. La altura del techo condiciona al cerebro para su labor, ya que un techo alto aporta siempre sensación de amplitud y, como consecuencia, favorece la creatividad, mientras que un techo bajo da sensación de recogimiento y evoca cierta protección, por lo que favorece los trabajos de interiorización y ofrece paz. Por eso, se recomienda que en la zona de techos más alta de la casa, por ejemplo, conviene instalar ahí la zona de lectura o estudio para aprovechar la ventaja que esto le otorga al cerebro. Igualmente, las formas orgánicas tranquilizan, ya que nuestro cerebro percibe los ángulos agudos (aristas en muebles o paredes) como elementos con cierto carácter agresivo, y hoy sabemos por imágenes esonancia magnética funcional, que cuando el cerebro se encuentra frente a cantos agudos o puntiagudos se activa el área de la amígdala, nuestro centro cerebral del alerta y miedo, mientras que las formas redondeadas proporcionan paz y serenidad (por eso se sugiere elegir muebles de terminaciones redondeadas o suavizar las puntiagudas con objetos circulares u ovalados para suavizar las formas).   


El cerebro es un reflejo de lo que ocurre en el hogar: cuando reina el desorden, se crean obstáculos mentales, por lo que podemos sentirnos agobiados y confusos. Mantener el espacio ordenado y limpio contribuye a poner orden en el cerebro, ya que un entorno agradable y armonioso comporta la secreción de hormonas relajantes como la serotonina o la oxitocina. Además, no olvidemos que la atención está conectada con la capacidad de fijar recuerdos, por lo que las cosas se pierden cuando las dejas en un lado sencillamente porque estás pensando en otras cosas... ¿cómo lo solucionamos? Sencillo: con orden. . Por eso no encuentras las llaves cuando, al dejarlas en algún sitio, estabas pensando en otras cosas. La solución a ello es, de nuevo, el orden. Entonces, le daremos la razón a la gurú del orden que es estrella de Netflix, Marie Kondo. 

No nos quedamos atras con el ambiente, ya que un ambiente lleno de estímulos visuales favorece la generación de nuevas conexiones neuronales. Decorar la casa con cuadros, fotos o frases por las paredes es una elección que mantiene ágil y joven el cerebro. Los colores cálidos (amarillos, naranjas y rojos) fomentan la creatividad; en cambio, los tonos fríos como el azul o el violeta, ayudan a mejorar la concentración. Además, si nos rodearnos de objetos e imágenes que tienen un significado emocional (porque nos recuerdan buenos momentos o nos inspiran), aumenta la sensación de bienestar porque el entorno influye sobre el tipo de pensamientos y sobre la producción de hormonas y neurotransmisores en el cerebro.

¿No les parece, entonces, que la Neurociencia está en todos lados? Definitivamente, cada sábado vamos viendo que estamos DE LA CABEZA con estos temas. Nos leemos en siete días.


lunes, 15 de febrero de 2021

EL SUPER CEREBRO DE LOS BEBÉS

 


Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 13 de febrero de 2021. Todos los derechos reservados.


Es harto conocido entre quienes tratamos niños con lesiones muy severas (sobre todo adquiridas, como un traumatismo importante por ejemplo), que el porcentaje de recuperación de estos pequeños guerreritos es extraordinario en comparación no solo con los adultos, sino con el propio aspecto aparentemente indefenso que poseen tan pequeñitos como ellos son. Y es que, sin llegar a los extremos de los daños cerebrales, en actividades cotidianas de los cerebritos de nuestros niños, nos damos cuenta que están muy bien preparados y dotados para desarrollar capacidades que los adultos no tenemos en nuestra "materia gris". 

Hoy en día sabemos, por ejemplo, que los padres pueden "diseñar" el cerebro de sus hijos con el simple hecho de jugar juntos. Hace muy poco se acaba de descubrir cómo los niños pequeños y los bebés, emplean los dos hemisferios del cerebro para realizar una misma tarea, a diferencia de los adultos, quienes procesan sus tareas neuronales en áreas específicas de tan solo uno de los dos hemisferios cerebrales. Se sabe que en los pequeños, ambos hemisferios se dedican a comprender tanto el significado de las frases, como a reconocer el efecto emocional. En cambio, en los adultos, se activó el hemisferio derecho tan solo en las tareas como el procesamiento de las emociones expresadas con la voz. Si bien, gracias a la ciencia, sabemos que ambos hemisferios reciben información de todo tipo y la procesan en la misma medida, y que además toda la información se trabaja de forma interconectada, a menos que exista un trastorno orgánico, lo cierto es que los adultos no procesan las tareas de los dos hemisferios a la vez como lo hacen los niños. 


Por esta razón, los neurocientíficos califican los cerebros de los niños como super cerebros. Y esta sería una de las razones por la que los niños parecen recuperarse de las lesiones neuronales mucho antes y mejor que los adultos. Y es que el uso de ambos hemisferios proporciona un mecanismo para compensar después de una lesión neural. Por ejemplo, si el hemisferio izquierdo se daña por un accidente cerebrovascular perinatal, uno que ocurre justo después del nacimiento, un niño aprenderá el lenguaje usando el hemisferio derecho, y un niño nacido con la parálisis cerebral que daña sólo un hemisferio puede desarrollar las capacidades cognitivas necesarias en el otro hemisferio. Es por ello que, en todo momento, en mis libros y conferencias, y a quien quiera escucharme (padres, docentes, estimuladores) les digo "NO SE CANSEN DE ESTIMULAR A LOS NIÑOS". Los resultados pueden ser sorprendentes...!!! Y dejarles DE LA CABEZA. Nos leemos el siguiente sabado.


jueves, 11 de febrero de 2021

¿POR QUÉ HAY MÚSICAS QUE NOS ALEGRAN LA VIDA?

 


Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 6 de febrero de 2021. Todos los derechos reservados.


Si bien la música en general es un enorme catalizador de emociones en el cerebro (positivas y negativas hay que decirlo), existen algunas que "nos mueven la estantería". De hecho, la música está considerada entre los elementos que causan más placer en la vida, ya que libera dopamina en el cerebro como también lo hacen la comida, el sexo y las drogas. Todos ellos son estímulos que dependen de un circuito cerebral subcortical en el sistema límbico, es decir, aquel sistema formado por estructuras cerebrales que gestionan respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales; particularmente, el núcleo caudado y el núcleo accumbens y sus conexiones con el área pre-frontal, lo que dimos en llamar repetidamente en esta columna semanal como sistema de recompensa cerebral. Los estudios que muestran activación ante los estímulos mencionados revelan un importante solapamiento entre las áreas, lo que sugiere que todos activan un sistema en común. 

Escuchar música no solo es el hecho de activar las zonas donde esta se capta, sino que, en realidad, se trata de una experiencia sensorial unificada. Las personas aprenden y conocen por distintas vías. Por ejemplo, si conoces a una persona en un momento en que no tienes, hambre, no tienes frío y estás escuchando una música que te agrada, esa personas te parecerá más agradable. Lo mismo, si una persona debe estudiar: si lo hace con música que le agrada, el momento será más placentero. Algo similar ocurre con los recuerdos. A veces, una persona adulta escucha una canción que cantaba y bailaba cuando era joven, esa canción le evocará recuerdos de entonces, los amigos de esos años, las actividades que realizaba y hasta situaciones que creía olvidadas (por eso la terapia con música es tan útil en el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, pero eso es tema de otro día). En nuestro cerebro no existe una sola estructura que decodifique este estímulo, sino que son muchas las partes del cerebro que se activan cuando oímos música, por lo tanto, hacerlo genera una activación de diferentes lugares. Por eso, la música retro es tan "pegadora" en todo sentido: todos nos quedamos "duros" cuando tocan esa música que bailábamos apretados en los 80 o sobre los parlantes en los 90... o después. 

Pero ¿Qué sucede cuando la música "es escuchada"? Una vez que los sonidos impactan en el oído, se transmiten al tronco cerebral y de ahí a la corteza auditiva primaria; estos impulsos viajan a redes distribuidas del cerebro importantes para la percepción musical, pero también para el almacenamiento de la música ya escuchada; la respuesta cerebral a los sonidos está condicionada por lo que se ha escuchado anteriormente, dado que el cerebro tiene una base de datos almacenada y proporcionada por todas las melodías conocidas. Y allí se produce la magia, la relación con los recuerdos (buenos y no tanto), y "nos gusta" o "nos mueve" esa música que estamos oyendo. Esa "magia" podría deberse tanto a una razón biológica para que unos acordes nos agraden más que otros, como también a una cuestión cultural. Esta última parece ser la razón más poderosa: probablemente nuestras preferencias acústicas dependen más de la exposición a un determinado estilo musical que de un rasgo inherente al sistema auditivo. Dicho de otra manera, es posible que las clases de sonidos para las que podemos adquirir de forma sencilla respuestas estéticas están restringidas por lo que es fácilmente discriminable, y eso está determinado hasta cierto punto por la biología, ya que, en apariencia, la respuesta estética que se asocia con una clase de sonidos se adquiere mediante la exposición a una cultura. En resumen: lo que estamos acostumbrados a escuchar es lo que nos hará preferir y gustar de ciertas músicas.

Ahora a disfrutar del sábado, poner la música que más nos gusta, y dejarnos estar DE LA CABEZA por esa canción que nos alegra el cerebro... y el alma.

¿MAS FELIZ? MENOS ENFERMEDADES!!!



Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 30 de enero de 2021. Todos los derechos reservados.

El axioma antiguo de que la risa es el remedio infalible tiene sustento neurocientífico. Estar de buen humor fortalece el sistema inmunológico, puesto que la risa ahuyenta las enfermedades y prolonga la vida mientras que la tristeza y la depresión atraen los virus, creando enfermedades. Esto no es una prédica de un texto de autoayuda, sino que tiene sus fundamentos y hoy se los cuento. 

Al estar de buen humor el cuerpo segrega endorfinas, que son sustancias similares a los fármacos derivados del opio como por ejemplo lo es la morfina. Esto hace que, cuando nuestro organismo está lleno de ellas, se de el fenómeno de placidez total y no hay sensación de dolor. Esto ya lo dije en otros sábados de esta misma columna, pero lo que nunca se los conté aquí (si lo hice en mi libro CEREBRA LA VIDA) es que la risa contribuye a la creación de linfocitos naturales, como el caso de los llamados NK (por sus siglas en inglés "Natural Killer" o "asesinos naturales"), que son células cuya misión es la de terminar con células virales o cancerígenas. La ventaja que tenemos en nuestra especie respecto a este beneficio es simple: el ser humano es la única criatura en el mundo capaz de reírse, hacer reír y hacer el ridículo. Cuando ríe no está triste y olvida sus amarguras. Es por eso que, hoy en día, el humor en general y la risa en particular son herramientas terapéuticas para el tratamiento de enfermedades, ya que el reír de buena gana influye positivamente a los sistemas cardiovascular, inmunológico, muscular, nervioso central y endocrino, entre otros. No en balde, un gran número de ataques cardíacos ocurren en momentos de rabia. El humor puede actuar como defensa frente a la frustración, el miedo y la rabia, de ahí que se puedan prevenir estos episodios. 


Lamentablemente, a pesar de que los beneficios de estas terapias están comprobados, la medicina tradicional es reacia a abrirse a nuevos campos, que a primera vista, no tienen que ver con el rigor científico. Y además de ello, los médicos, sumidos de por sí en un desgaste emocional muy intenso, no tienen tiempo ni fuerzas para dedicar tiempo a hacer reír a sus pacientes. Al menos, no siempre. Sumado a eso, las profesiones sanitarias tienden a considerarse a sí mismos con excesiva seriedad. 

La risa es un síntoma de bienestar, pero a su vez puede ser un buen “fármaco” para nuestra salud. Reír también reduce la ansiedad (por estudios sabemos que los adultos suelen reír entre 15 y 100 veces al día, una incidencia "muy baja" si se compara con los niños, que ríen una media de 300 veces diarias).  La risa disminuye la hipertensión al aumentar el riego sanguíneo, cuenta con capacidad para aliviar el estreñimiento por la contracción de los músculos abdominales, e incrementa la concentración de colágeno, una proteína contenida en la piel que se deteriora con el paso de la edad al perder elasticidad, tersura y firmeza, y además retarda el envejecimiento en el rostro preponderantemente. La risa también permite liberar lipoproteínas (moléculas hechas de proteínas y grasa) en la sangre, lo que favorece la reducción del nivel de colesterol, un problema generado por un estilo de vida malsano como el sedentarismo o el sobrepeso. Estos beneficios son indiferentes a que la risa sea natural o ensayada, ya que ambas tienen casi los mismos beneficios. En ambos casos ayuda a relajar los músculos tensos y a quemar calorías, ya que al reír se movilizan unos 400 músculos del cuerpo. Por todo ello, la risa es un elemento esencial para acelerar la recuperación de los pacientes, aminorar el dolor generado por los diferentes procesos internos que enfrentan ante ciertos padecimientos y, lo más importante, nos tiene siempre DE LA CABEZA. Seamos más felices aún en los tiempos que corren y nos leemos el otro sábado.

 

LO QUE SUCEDE EN EL CEREBRO CUANDO DAMOS UNA BUENA CLASE

  Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación correspondiente al domingo 10 de setiembre de 2023. Todo...