domingo, 30 de abril de 2017

ENTRENAR EL CEREBRO PARA SER FELICES

Por: María Jesús Ribas - EFE Reportajes 09 de abril 2017 ,

 ¿Se siente mal desde hace un tiempo? ¿Siente con frecuencia ansiedad, tristeza, culpa, rabia o miedo? ¿Está así, sobre todo, a partir de sufrir cambios importantes en su vida? ¿Se nota desbordado por todo y por nada al mismo tiempo?

Pedro Moreno, quien ejerce como psicólogo clínico en el Servicio Murciano de Salud, conoce bien lo que significa sentirse así, no solo por su experiencia profesional sino también personal con el fallecimiento de su madre, por una presunta negligencia médica. El doctor Moreno encontró que la salida de su tormenta emocional no estaba en cerrarse a la vida, sino precisamente en abrirse a ella, aprendiendo a cultivar una actitud amable y compasiva hacia el momento presente y las emociones que lo acompañan, por amenazantes que puedan parecer. Este doctor en psicología ayuda desde entonces a sus pacientes siguiendo este enfoque, en la terapia individual o en los cursos que organiza sobre cómo recuperar el equilibrio emocional. El experto ha escrito el libro ‘Abrirse a la vida’, en el que indica que la felicidad auténtica es el estado de plenitud que surge de calmar y comprender nuestra propia mente y, en la medida en la que estabilizamos esa calma y comprensión mental, a modo de gimnasia mental o ‘neuro-gym’, aprendemos a navegar sobre las dificultades de la vida sin ahogarnos en ellas. “Entonces podemos ser felices en la salud y en la enfermedad, en los momentos duros y en los momentos amables. Esa es la felicidad auténtica, la que no depende de las circunstancias que te toca vivir”, señala Moreno. Según él, las emociones tienen su origen “en la mente, que debemos entrenar para el equilibrio emocional, ya que de otro modo la felicidad auténtica será imposible, porque estaremos en una montaña rusa de emociones, con altibajos continuos, según nos vaya la vida”.

 Una de las formas que propone Moreno para entrenar la mente, aprender a estabilizarla y comprender su funcionamiento, y de ese modo conseguir que las emociones se canalicen por sí mismas, consiste en practicar una serie de ejercicios prácticos, de los que aporta algunos ejemplos.

Según explica Moreno, para hacer este ejercicio denominado ‘diario emocional’ tan solo hay que anotar en un cuaderno lo que nos ocurre cuando nos encontramos mal –no importa por el motivo que sea– respondiendo a estas preguntas:

 Situación: ¿Dónde estabas, con quién, que hacías y qué estaba pasando justo antes de sentirte mal? 

Pensamientos: ¿Qué pensamientos han venido a tu mente después de lo que ha pasado? ¿Te venía alguna imagen mental? ¿Te reprochabas algo? ¿Pensabas que algo podía ir mal?

 Emociones: ¿Te sentías triste, nervioso, con miedo, enfadado, culpable? ¿Te asustaba alguna sensación de tu cuerpo? ¿Te imaginabas algo que te hacía sentir aún peor?

Mi reacción a la experiencia: ¿Intentabas bloquear, suprimir o modificar de alguna forma lo que sentías o pensabas en ese momento?

 “Este ejercicio es fundamental para conocernos mejor a nosotros mismos y tener una posibilidad de modificar cosas importantes de nuestra forma de hacer frente a los momentos difíciles”, enfatiza el doctor Moreno.

Pedro Moreno recomienda –si no hay un problema de salud que lo impida– caminar 30 minutos diarios para desconectarnos de las rutinas emocionales que tenemos, aunque “si queremos que este ejercicio nos regenere emocionalmente, no vale salir a caminar de cualquier manera”, aclara. Moreno aconseja salir a pasear por algún parque o jardín lo suficientemente grande y aislado como para desconectarnos del ajetreo de la ciudad, inmersos en la naturaleza y dejando atrás las preocupaciones y tareas pendientes. Para dar este ‘paseo del abuelo’, Moreno recomienda:

- Poner la alarma para que suene al cabo de 30 minutos y no volver a mirar el reloj.
- Permitir que nuestro cuerpo marque el ritmo de la marcha.
- Dejar fuera todo lo que no sea el contacto con la naturaleza.
- Poner atención en lo que hacemos a cada momento, paso a paso.
- Notar las sensaciones corporales: cada pisada, los sonidos que nos rodean, los colores y formas de los árboles, así como los olores.
- Volver a dirigir nuestra atención a lo que vemos, oímos, olemos y al contacto con el entorno, si nuestra mente vuelve a inquietarse.

Según Moreno, la importancia de estos ejercicios, que son el principio del programa de entrenamiento mental básico de ocho semanas explicado en su libro ‘Abrirse a la vida’, “es difícil de explicar con palabras, y se puede pensar que son tan simples que no merecen la pena ponerlos en práctica, pero realmente funcionan y su único secreto es precisamente ¡practicarlos!”.

“Los ejercicios del programa entrenan diferentes aspectos de la consciencia y del enfoque de la mente que están directamente relacionados con la gestión de las emociones de forma saludable”, señala. “Dichos ejercicios van variando cada semana, duran desde unos pocos minutos –a veces, solo un minuto o 30 segundos– hasta unos 10 o 15 minutos, y están pensados para que se puedan realizar en nuestras vidas cotidianas, por complicadas que sean”, explica Moreno. Este experto recomienda practicar cada día los ejercicios que corresponden a cada semana de entrenamiento, “pero si algún día estamos perezosos o no nos encontramos en condiciones de realizarlos, se puede saltar ese día y continuar con el programa al día siguiente”. Moreno recomienda realizar la mayoría de los ejercicios de su programa, “ya que se exploran diferentes aspectos del entrenamiento de nuestra mente para el cultivo del equilibrio emocional y la felicidad”.

“No obstante, algunos de los ejercicios son opcionales y están indicados para determinadas situaciones personales”, apunta. “Por ejemplo, algunos ejercicios se relacionan con el trabajo de los sentimientos de culpa o el perdón de personas que nos han dañado y, lógicamente, son para que los realicen aquellas personas que estén pasando por dificultades relacionadas con la culpa o el enfado”, concluye el doctor Pedro Moreno.

El psicólogo Pedro Moreno recomienda agradecer cada día todas aquellas cosas que si no las tuviéramos, harían que nuestra vida fuera peor. “Podemos dar las gracias cada día por muchas más cosas de las que nos imaginamos, aunque lo típico es que las demos por merecidas, sin más, y no les demos valor, y muchas veces solo las reconocemos cuando ya no están”. Moreno expone algunos ejemplos cotidianos de cosas muy valiosas que se pueden agradecer cada día:

Agua para beber y asearse.
Comida.
Dedos en las manos.
Piernas para caminar.
Brazos para abrazar.
Ojos en la cara para ver las cosas bonitas alrededor.
Oídos para escuchar música.
Música para escucharla.
Pulmones para respirar.
Aire para seguir vivo.
Corazón para llevar oxígeno al cuerpo.
Un cerebro sano.
La capacidad de leer.
Inteligencia para buscar la felicidad.

MARÍA JESÚS RIBAS EFE / REPORTAJES

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