jueves, 20 de enero de 2022

¿QUE ES LA CORONAFOBIA?


Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 22 de enero de 2022. Todos los derechos reservados. 

Hoy sabemos que el miedo es un factor que ha colaborado en la evolución de la humanidad, ya que es un mecanismo cerebral que involucra porciones cerebrales como la amígdala, la corteza prefrontal y el hipocampo para inducirnos esa sensación que nos aleja de lo que puede ser potencialmente peligroso. Esto, entonces, nos protegió durante la historia de factores que podían habernos dañado. Entonces, podemos decir que el miedo como tal es una conducta adaptativa. Sin embargo, existen en Neurociencias aquellas conductas que conocemos como "miedo desadaptativo", es decir, el miedo que no conduce a ninguna conducta de proteccion o útil para la supervivencia. 

Dentro de esos miedos desadaptativos se anota ahora la llamada "Coronafobia" que se define por la OMS como el miedo irracional a padecer Covid o su síntomas. Este nuevo padecimiento se califica en el Manual de Enfermedades Mentales encuadrado dentro de lo que se conoce como fobia: el miedo, la ansiedad o la evitación causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento. Y esta es precisamente la característica fundamental que convierte a la fobia en un problema de salud mental. La pandemia de covid-19 ha erosionado la salud mental de una gran parte de la sociedad. Del mismo modo, en personas vulnerables o con predisposición ha supuesto un aumento alarmante de los trastornos mentales. Los más prevalentes son la depresión y la ansiedad. De forma más concreta, cualquier situación alarmante o catastrófica (como una pandemia) supone el caldo de cultivo perfecto para la aparición de trastornos relacionados con el miedo excesivo. niños en la escuela. Son destacables aspectos como el riesgo de infección a través del contacto físico o los espacios cerrados, la muerte o infección de seres queridos, las medidas de contención, el aislamiento social y la soledad, la pérdida masiva de empleo o la inestabilidad financiera, entre otros. En este contexto, sabemos que no todo el mundo tiene la misma posibilidad de desarrollar una fobia ante un determinado evento desencadenante. Dependerá de la presencia de factores genéticos y ambientales, además de otros factores específicos de cada tipo de fobia. Por ejemplo, en el caso de las fobias asociadas a las pandemias (como la de covid-19), se ha visto que las variables de diferencia individual como la falta de tolerancia a la incertidumbre, la vulnerabilidad percibida a la enfermedad o la propensión a la ansiedad parecen desempeñar un papel fundamental. Los individuos con este miedo extremo tienden a experimentar un conjunto de síntomas fisiológicos desagradables desencadenados por pensamientos o información relacionada con esta enfermedad. Es realmente incapacitante en la medida en que está fuertemente relacionada con el deterioro funcional y la angustia psicológica y, por tanto, tiene importantes implicaciones para el bienestar mental. Se la relaciona con trastorno obsesivo compulsivo (TOC), otra alteración relacionada con la ansiedad cuyos síntomas pueden verse exacerbados en el contexto del covid-19: las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes no deseadas (la idea de contagiarse o de contagiar a los seres queridos) y las compulsiones que aparecen para hacer frente al malestar generado por las obsesiones en forma de comportamientos repetitivos que la persona aplica de manera rígida (lavarse las manos con frecuencia excesiva). 

Es sumamente importante desarrollar mecanismos diagnósticos (test psicométricos, evaluaciones psicológicas) y el abordaje inicial no medicamentoso y medicamentoso si fuese necesario. Recordemos que según la OMS, en el año 2030 la salud mental será la principal causa de discapacidad en el mundo. Y contra eso debemos combatir para evitar estar DE LA CABEZA. Nos vemos en diete días.

EL ARTE CEREBRAL DE VER CON LOS OJOS CERRADOS

Artículo correspondiente a la columna semanal  DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 1 de enero de 2021. Todos los derechos reservados.

El arte de imaginar es un fruto de la evolución de la mente humana por encima de los seres inferiores en la escala. Hace que la persona pueda recrear, a ojos cerrados, realidades y mundos que construye en el gran escenario de su mente. En ella, puede realizar viajes exóticos, volar, hablar con personas de otras épocas e incluso atrevernos a hacer lo que más nos asusta, y todo ello sin ver nada ni movernos de nuestro lugar. Incluso, de esto se vale la gran tecnología del Metaverso, ese universo ficticio materialmente, pero presente en el teatro mental con la ayuda de los dispositivos de conexión, la velocidad de la navegación entre procesadores informáticos, y la inestimable porción de creatividad del cerebro.

Sin embargo, a lo largo de la historia se ha penalizado la imaginación abocándola únicamente al mundo de la creatividad o del arte. Hasta se ha ridiculizado como una habilidad exclusivamente infantil, y que no tiene ningún valor si no genera o provoca una acción real y visible. Pero esta es una idea equivocada, la imaginación incita a actuar y puede ayudarnos a ser más productivos. De hecho, el aprendizaje se puede enriquecer con la visualización, incluso en personas cuya memoria está deteriorada. Cuando imaginamos un objeto se activan dos terceras partes de las mismas áreas cerebrales que se activan cuando lo vemos realmente. Las imágenes visuales afectan al cuerpo y esta información se utiliza en publicidad y marketing para impactarnos con los acontecimientos. Esto sucede con imágenes de contenido negativo, por también con contenidos positivos. Utilizar nuestra imaginación nos ayuda a regular el estrés, a relajarnos e incluso a que nuestro cuerpo tenga un mayor rendimiento. Podemos entrenar desde el gimnasio de nuestra imaginación, haciendo deporte mental para aprender nuevas destrezas o mejorarlas. Imaginar que hacemos movimientos sin movernos tiene consecuencias perceptibles. En concreto, puede mejorar la fuerza muscular y la velocidad del movimiento. Sabemos que la ejecución prolongada de tareas en la imaginación puede dar lugar a importantes cambios fisiológicos. 

Ahora ya lo sabes: soñar despierto puede ser un buen entrenamiento para optimizar tu aprendizaje, mejorar tu memoria e incluso tu forma física. Las imágenes que pasan por tu cabeza, aquellas que tú generas con tus propios pensamientos, van a impactar en tu estado emocional. Trabajar con tu imaginación te ayudará a optimizar tus resultados e incluso a ser un poquito más feliz. Y estar DE LA CABEZA. Nos leemos el año que viene. Feliz 2022...!!!

 

"MI MARIDO NO ME ESCUCHA"

 


Artìculo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Naciòn del sàbado 25 de diciembre de 2021. Todos los derechos reservados.


Uno de los momentos más agradables en mis charlas sobre neurosexualidad es cuando pregunto al auditorio cuál es la queja más común que tienen acerca del sexo opuesto. Y siempre, invariablemente, las mujeres se quejan amargamente de que sus parejas no las escuchan, no las entienden, no las comprenden. Y es cierto: el cerebro masculino no escucha a las mujeres. Pero por qué sucede esto?. No se enojen conmigo, bellas damas que comparten esta columna semanal: simplemente porque la mujer tiene una entonación más larga y un tono más alto de voz, que literalmente “cansa” más al cerebro del hombre. 

Gracias al trabajo del Profesor Michael Hunter en el resonador magnético funcional de la Universidad de Sheffield, Inglaterra, podemos saber realmente que sucede. Voluntarios estudiados mientras oían diferentes estímulos auditivos, revelaron que sus cerebros reaccionaban a la voz femenina activando absolutamente toda el área auditiva cerebral, mientras que al escuchar una voz masculina solo se activaba la zona del área subtalámica. Esto sirvió de base para explicar que, neurológicamente hablando, el sonido de la voz femenina es mucho más complejo que la masculina, ya que debido a la diferencia de forma y medida de las cuerdas vocales y la laringe, provoca la emisión de una voz más melódica con unos sonidos más complejos. 

Otro estudio realizado esta vez en los Estados Unidos, en la Universidad de Indiana a cargo del Profesor Joseph Lurito, demostró que, al momento de escuchar, las mujeres activan ambas partes del cerebro para hacerlo, mientras que los hombres solo usan el sector izquierdo del mismo para ello. Esto explicaría el por qué las mujeres pueden mantener más de una conversación al mismo tiempo, mientras que el hombre solo puede concentrarse en una sola. Estudios realizados en el Hospital Clínico de la Universidad de Chile a cargo del prestigioso neurólogo Carlos Silva, no solo confirmaron los hallazgos antes citados, sino que concluyeron que la voz femenina, al presentar una serie de inflexiones, representa un mayor trabajo de descifrado por parte del cerebro masculino, lo que se traduce en una mayor activación de más zonas cerebrales, y por ende, producción de mayor actividad que causa finalmente, más cansancio. 

Es decir, queridas mujeres que leen estas líneas, y sin que se enojen por lo que voy a decir, los estudios demuestran que el problema no es que no las escuchemos. Simplemente es que… nos cansan. Pero eso no impide que nos tengan sujetos del corazòn con sus encantos... aunque nos tengan DE LA CABEZA con sus charlas. Nos leemos en 7 dìas.


ENVEJECIMIENTO CEREBRAL: ¿QUÉ HACEMOS?

 

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del diario La Nación del sábado 11 de diciembre de 2021. Todos los derechos reservados.

No es que nos sintamos con el síndrome de Peter Pan, ese adulto que quiere seguir siendo un niño eterno, pero si alguno de los lectores de esta columna me jura que no tiene dramas con envejecer, cuanto menos dudaría de ello. Y el cerebro es un órgano que, al igual que el resto de nuestro cuerpo, envejece con el paso de los años. Si todos deseamos mantenernos más jóvenes no es solo porque nos disgusten las arrugas, sino también para evitar las múltiples enfermedades relacionadas con el envejecimiento. Pero, ¿existe una fuente de la juventud para nuestro cerebro? Aunque posiblemente nada nos haga retroceder en el tiempo, podemos intentar envejecer de manera saludable y reducir el efecto que tiene el paso de los años. 

¿Qué es el envejecimiento? El envejecimiento podría definirse como el conjunto de cambios que ocurren con la edad y provocan una disminución de nuestras capacidades fisiológicas, motoras y cognitivas. El primario es gradual e inevitable y se produce a lo largo de nuestra vida. El secundario o prematuro, viene desencadenado por el padecimiento de ciertas enfermedades o el abuso de sustancias, y se puede prevenir. La edad cronológica (la que figura en la cédula de identidad) indica el tiempo que ha transcurrido desde nuestro nacimiento. Sin embargo, existe también la edad fisiológica, que depende de la condición de nuestro organismo y puede ser menor a la cronológica (si nos cuidamos) o mayor (si tenemos malos hábitos). En ese contexto, debemos saber que con la edad, el tamaño del cerebro disminuye, perdemos neuronas y se altera la producción de hormonas y neurotransmisores. Sin embargo, el cambio más importante que se produce es la pérdida de muchas de las conexiones entre las neuronas, unas células de larga vida que no se dividen y, por lo tanto, difícilmente se regeneran. Otra consecuencia del envejecimiento cerebral es la acumulación de proteínas en forma de agregados que tienden a depositarse tanto dentro como fuera de las neuronas. Esto puede desencadenar el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas relacionadas con la edad, como la enfermedad de Alzheimer o el Párkinson. Conviene aclarar que lo que comúnmente se denomina como demencia senil es un término obsoleto, ya no lo usamos más, incluso es hasta insultante, ya que el envejecimiento no implica necesariamente la aparición de una demencia o pérdida importante de memoria, y si existe una pérdida significativa de la capacidad de memoria y aprendizaje, estaría relacionada con una enfermedad específica y no con el envejecimiento normal del cerebro. 

El envejecimiento cerebral es inevitable, pero se puede retrasar. Estos son algunos consejos para retrasar el envejecimiento cerebral:

- La dieta es esencial para envejecer de forma saludable. La más recomendada es la mediterránea, que brevemente implica un bajo consumo de carnes y aves de corral, un consumo de bajo a moderado de lácteos, una cantidad moderada de alcohol (vino) y grasas (aceite de oliva), y una alta ingesta de verduras, legumbres, frutas, cereales y pescado. Se ha comprobado que la dieta mediterránea reduce el riesgo de padecer fallos cognitivos y enfermedades como el alzhéimer. Además, la restricción calórica o limitación de las calorías que ingerimos puede ayudar a retrasar el envejecimiento. 

-  Además de cuidar lo que comemos, es recomendable dormir ocho horas al día, ya que el mantenimiento de un buen ciclo vigilia-sueño es esencial para muchas funciones cerebrales, por ejemplo para la eliminación de las toxinas del cerebro que se han acumulado durante el día. Mientras dormimos, el espacio que existe entre las neuronas aumenta, facilitando su limpieza y buen funcionamiento. Por lo tanto, mantener un sueño reparador favorece un envejecimiento más saludable. 

- El ejercicio regular y la actividad física son clave para disminuir los efectos del envejecimiento. Estudios clínicos indican que el entrenamiento físico con intensidad moderada juega un papel neuroprotector, ralentizando la disminución del volumen del cerebro y mejorando su funcionamiento. Concretamente, el ejercicio aeróbico mejora la función cognitiva, no solo durante el envejecimiento sino también en personas que sufren enfermedades neurodegenerativas. 

-Se ha comprobado que aquellas personas que poseen un nivel educativo más alto o que mantienen una cierta actividad intelectual –leer, estudiar o adquirir nuevas habilidades– tienen una menor predisposición a desarrollar demencia. La base de esta neuroprotección está asociada a la formación de nuevas conexiones entre las neuronas. 

- Mientras que una ingesta abundante de alcohol corre el riesgo de inducir fallos cognitivos, otras bebidas alcohólicas pueden ser beneficiosas para mantener una buena salud mental. El vino, por ejemplo, tiene un alto contenido en polifenoles, que tienen acción antiinflamatoria y antioxidante. 

-  Definitivamente, el tabaco es un hábito que se debe evitar, ya que se ha relacionado con la aceleración del envejecimiento y la aparición de problemas cognitivos y demencia. 

- Tampoco hay que perder de vista los factores de riesgos relacionados con enfermedades crónicas altamente prevalentes en personas de avanzada edad. El mantenimiento de la actividad e integridad del cerebro dependen, en buena parte, de los vasos sanguíneos que mantienen una buena irrigación. La hipertensión, la aterosclerosis y los niveles elevados de colesterol incrementan las posibilidades de desarrollar fallos cognitivos, ictus y demencia. A esto se suma que la diabetes y la obesidad afectan al metabolismo de la glucosa y generan resistencia a la insulina. Ambas alteraciones podrían provocar daños crónicos a las neuronas y acelerar el envejecimiento cerebral. Los trastornos del estado de ánimo tampoco ayudan. 

- La depresión es un desorden emocional muy común en personas mayores y es producida por un desequilibrio en los neurotransmisores, que son las moléculas que usan las neuronas para comunicarse. Este desajuste podría traducirse en un mal funcionamiento del cerebro a largo plazo, lo que aceleraría el envejecimiento cerebral. 

En síntesis, la clave para mantener un cerebro sano y joven es la misma que para el resto del organismo. Es decir, hay que mantener una dieta sana, dormir las horas suficientes, evitar el consumo en exceso de alcohol, huir del tabaco y el estrés, realizar ejercicio moderado, y evitar el desarrollo de otras enfermedades o, al menos, mantenerlas bajo control. Visto todo lo anterior, hay que dejar de relacionar el envejecimiento exclusivamente con la enfermedad o la falta de productividad. Lo podemos ver desde una perspectiva más optimista y natural. Recordemos al gran Gabriel García Márquez cuando decía que “…uno envejece más rápido en los retratos que en la vida real”. Sigamos cuidando el envejecimiento DE LA CABEZA. Nos leemos el sábado que viene.


LA LECTURA Y EL CEREBRO... ¿SEGUIMOS CON EL TEMA?

 

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 4 de diciembre de 2021. Todos los derechos reservados.


Hace unas semanas escribía en esta columna acerca de la importancia cerebral de leer un buen libro. Muchas personas me dijeron que ignoraban que tanto bien podía hacerles la lectura, de hecho, consideraban el hecho, si, como un pasatiempo que servía como educación, distracción, cultura, pero realmente todos me dijeron que en verdad desconocían lo que íntimamente hacía la lectura sobre el cerebro y su funcionamiento.

De hecho, no exagero para nada cuendo les cuento que el leer cambia la química, física, anatomía y fisiología del cerebro, y lo transforma en la medida de cuanto logre el texto despertar tu curiosidad y, sobre todo, tus emociones. Si lo pensamos bien, la lectura en la historia de la humanidad es el verdadero salto evolutivo de la mente. Leer es un proceso artificial y reciente. La capacidad de hablar la hemos adquirido por procesos de mutaciones genéticas con el Homo habilis hace unos 2 a 3 millones de años, y desde aquel entonces, los humanos nacemos con los circuitos neuronales del lenguaje, aunque vale la pena aclarar que la acción de hablar solo se aprende en contacto con otros. 

Cuando nacemos, nuestro "disco duro mental" está vacío y debemos llenarlo con material de información. A diferencia del lenguaje, la lectura nació hace apenas unos 6.000 años por la necesidad de comunicarnos más allá de la tribu propia, del corto alcance del boca a boca. Además, su base no es genética sino artificial o, mejor dicho, cultural. Leer es un proceso que al no estar genéticamente codificado (y, por tanto, no es transmitido por la herencia) se repite costosamente en cada ser humano y necesita cada vez del trabajo duro del aprendizaje y la memoria. Leer, y desde luego leer bien o muy bien, requiere un laborioso proceso de aprendizaje, atención, memoria y entrenamiento explícito que dura años e, incluso, gran parte de toda la vida si se aspira a leer de un modo altamente eficiente, aunque no debe necesariamente representar sufrimiento como lo hacen los pobres niños a quienes se obliga a leer en los ambientes educativos que desconocen por completo el funcionamiento del cerebro humano. Y hoy ya sabemos que, como decía Leslie Hart, "querer enseñar sin saber como funciona el cerebro es como querer construir un guante sin nunca haber visto una mano".

La neurociencia ha demostrado que para aprender a leer, hay ciertas partes del cerebro que tienen que haber madurado previamente, algo que puede llegar a suceder a los 3 años, pero que por lo general culmina cuando tienen 6 o 7 años. Por eso, lo aconsejable es que la lectura se empiece a enseñar formalmente a los 7 años, edad en la que, casi seguro, las áreas cerebrales base de la lectura están en todos los niños lo suficientemente desarrolladas y maduras para captar en todo su sentido y emoción la tarea de comenzar a leer. Precisamente esa es la edad en la que se empieza a aprender a leer en ese país tan avanzado en la enseñanza que es Finlandia. Hay que tener en cuenta que, además de que forzar a un niño a aprender a leer prematuramente y que puede provocarle un sufrimiento y frustración innecesarios, el hecho que lo logre a los 3 o 4 años no tiene trascendencia alguna a futuro. En otras palabras, no le da una ventaja académica ni lo hace más inteligente. Hoy sabemos que la maduración cerebral tiene un componente genético, pero también uno cultural, vinculado sobre todo, al hogar: crecer con padres que leen o te leen, tiene una dimensión emocional que facilita enormemente el aprendizaje de la lectura. 

Si bien el cerebro no está genéticamente diseñado para leer, este órgano posee una propiedad clave para lograrlo: la plasticidad. La palabra proviene del griego "plastikós", que significa "cambio" o "modelado". Quizás el máximo ejemplo sea que aprender a leer modifica la función de un área del cerebro principalmente programada para identificar formas y detectar caras, la cual también pasa a procesar y construir palabras. Lo que enseña el maestro tiene la capacidad de cambiar los cerebros de los niños en su física y su química, su anatomía y su fi­siología, haciendo crecer unas sinapsis o eliminando otras y conformando circuitos neuronales cuya función se expresa en la conducta. Cada persona cambia no solo en función de lo vivido, sino también de lo leído. Y es que, finalmente, leer no es un acto pasivo de absorción de lo que hay escrito en un determinado documento o libro, sino un proceso activo, o recreativo ('volver a crear') si se quiere, de lo que allí se describe. Implica activar un amplio arco cognitivo que involucra la curiosidad, la atención, el aprendizaje y la memoria, la emoción, la consciencia y el conocimiento. Y, como escribió alguien que estaba, como nosotros, DE LA CABEZA,el filósofo italiano Umberto Eco, "El que no lee, a los 70 años habrá vivido solo una vida. Quien lee, habrá vivido 5.000 años. La lectura es una inmortalidad hacia atrás". Nos LEEMOS en siete dias.


RIE CEREBRO, RIE...!!!

 

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 27 de noviembre de 2021. Todos los derechos reservados.

Hoy se celebra en la Plazoleta Bicentenario de la Costanera de Asunción, el Sonrisa Fest organizado por la Fundación Payasonrisa, esos ángeles disfrazados de doctores con narices rojas que recorren los lugares de mayor sufrimiento cambiando gustosos tristezas por carcajadas. Y qué mejor momento que este para contarte, querida lectora, querido lector, de la importancia de la risa para la salud cerebral.

De entrada, es importante saber que al reírnos, el córtex del cerebro se activa y libera impulsos eléctricos tan solo un segundo después de empezar a reír, expulsando así toda la energía negativa de nuestro cuerpo, liberando endorfinas (los analgésicos naturales del cerebro) y el neurotransmisor dopamina, absolutamente relacionado con los estados del bienestar psicológico. Al mismo tiempo, se ha demostrado que los niveles de cortisol (la hormona del estrés) disminuyen notablemente. Por otro lado, comenzamos a desarrollar esta habilidad a los pocos meses de nacer y, conforme vamos creciendo, perdemos esa facilidad para dejarnos llevar por la risa ante algo gracioso, pudiendo decirse que nuestro sentido de lo cómico se va modulando y haciéndose un poco más selecto para aparecer. De hecho, los adultos suelen reír entre 15 y 100 veces al día, frente a una media de 300 veces diarias de los niños. 

El efecto de la risa ha sido estudiado de forma terapéutica desde los años 70. Con ello, se ha desarrollado una técnica destinada a mejorar el estado físico y psicológico de las personas: la risoterapia, en donde mis hermanos Payasonrisas son expertos. El secreto de su éxito es que, engañando a nuestro cerebro, pues no es capaz de distinguir la risa verdadera a la provocada, podemos conseguir los mismos beneficios. Así, la risa empieza como simulada mediante ejercicios de cuerpo en un grupo, con el contacto visual y el juego infantil, y se convierte finalmente en una risa real y contagiosa. En la cultura china, donde investigan la risa desde el S. VI a.C., se ha estudiado incluso, cómo afecta la risa a nuestro organismo dependiendo de la vocal predominante. Esto se debe a que la diferente pronunciación de una vocal u otra provoca diversas vibraciones internas. No es algo aleatorio, sino que es el propio cuerpo quien decide cómo nos vamos a reír según la zona dónde necesite que se produzcan esas ondas. Y es que cada vocal tiene un valor símbolo; movilizan emociones determinadas y potencian deferentes aspectos. 

Los que se ríen mucho, además, pueden llegar a perder peso, según lo demostró un equipo de científicos de la Universidad Vanderbilt en Nashville, Tennessee (EE.UU): la risa hace que el corazón lata más rápido, trabajando a la vez una serie de músculos, lo que redunda en un aumento del gasto de energía. Además, la vibración del diafragma provoca un masaje interno tanto en el estómago como en el hígado, generando jugos gástricos que reducen los ácidos grasos y nos ayudan a eliminar toxinas del organismo. Incluso dicen que podemos llegar a perder 2 kgs al año con nuestro aporte de risa diario...!!! Por otro lado, al reir somos felices, y eso es porque cuando lo hacemos, nuestro córtex cerebral libera impulsos eléctricos que obstruyen el paso de pensamientos negativos justo un segundo después de que empecemos a reír. Con una carcajada se activan los casi 400 músculos que hay en el rostro, algo que sucede si tenemos un semblante serio. También podemos dormir mejor, ya que la risa nos hace estar relajados, tranquilos y, nos alivia los dolores al ayudarnos a segregar catecolaminas y dopaminas. Además, a nivel psicosomático, una gran cantidad de dolencias cardíacas tienen su centro neurálgico en la tristeza, que provoca que el corazón se contraiga. Si sonreímos y nos reímos, el corazón se relaja y se ensancha. 

Mientras la tristeza hace que las defensas del cuerpo bajen y seamos más propensos a enfermar, la risa hace que nuestro cuerpo se enfrente mejor al entorno, esté más protegido, y nuestra piel se vea con mejor color y más sana. Además, si nos reímos a carcajadas nuestro corazón bombeará sangre a mayor velocidad con lo que es probable que también sudemos o incluso lloremos. Todo ello nos ayuda a mejorar el aspecto de nuestra piel gracias a las toxinas que eliminamos de esta manera. De hecho, hoy sabemos que la risa tiene un efecto en el cuerpo a un nivel químico, que provoca en quien sonríe un bienestar físico de 24 horas de duración. También previene las contracturas al relajar prácticamente toda la musculatura de nuestro cuerpo, las vibraciones de la risa provocan que, si estas congestionado y tienes dificultades para respirar, se libere la mucosa que se encuentra en la nariz y oídos y limpia los ojos cuando, literalmente, lloramos de la risa. 

Podría extenderme mucho más sobre los efectos beneficiosos de la risa. Pero eso se los dejo a mis hermanos Payasonrisas que los esperan hoy desde el mediodía en la Costanera de Asunción para traernos DE LA CABEZA con su alegría a la que tenemos que ayudar...!!!



LO QUE SUCEDE EN EL CEREBRO CUANDO DAMOS UNA BUENA CLASE

  Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación correspondiente al domingo 10 de setiembre de 2023. Todo...