jueves, 20 de enero de 2022

ENVEJECIMIENTO CEREBRAL: ¿QUÉ HACEMOS?

 

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del diario La Nación del sábado 11 de diciembre de 2021. Todos los derechos reservados.

No es que nos sintamos con el síndrome de Peter Pan, ese adulto que quiere seguir siendo un niño eterno, pero si alguno de los lectores de esta columna me jura que no tiene dramas con envejecer, cuanto menos dudaría de ello. Y el cerebro es un órgano que, al igual que el resto de nuestro cuerpo, envejece con el paso de los años. Si todos deseamos mantenernos más jóvenes no es solo porque nos disgusten las arrugas, sino también para evitar las múltiples enfermedades relacionadas con el envejecimiento. Pero, ¿existe una fuente de la juventud para nuestro cerebro? Aunque posiblemente nada nos haga retroceder en el tiempo, podemos intentar envejecer de manera saludable y reducir el efecto que tiene el paso de los años. 

¿Qué es el envejecimiento? El envejecimiento podría definirse como el conjunto de cambios que ocurren con la edad y provocan una disminución de nuestras capacidades fisiológicas, motoras y cognitivas. El primario es gradual e inevitable y se produce a lo largo de nuestra vida. El secundario o prematuro, viene desencadenado por el padecimiento de ciertas enfermedades o el abuso de sustancias, y se puede prevenir. La edad cronológica (la que figura en la cédula de identidad) indica el tiempo que ha transcurrido desde nuestro nacimiento. Sin embargo, existe también la edad fisiológica, que depende de la condición de nuestro organismo y puede ser menor a la cronológica (si nos cuidamos) o mayor (si tenemos malos hábitos). En ese contexto, debemos saber que con la edad, el tamaño del cerebro disminuye, perdemos neuronas y se altera la producción de hormonas y neurotransmisores. Sin embargo, el cambio más importante que se produce es la pérdida de muchas de las conexiones entre las neuronas, unas células de larga vida que no se dividen y, por lo tanto, difícilmente se regeneran. Otra consecuencia del envejecimiento cerebral es la acumulación de proteínas en forma de agregados que tienden a depositarse tanto dentro como fuera de las neuronas. Esto puede desencadenar el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas relacionadas con la edad, como la enfermedad de Alzheimer o el Párkinson. Conviene aclarar que lo que comúnmente se denomina como demencia senil es un término obsoleto, ya no lo usamos más, incluso es hasta insultante, ya que el envejecimiento no implica necesariamente la aparición de una demencia o pérdida importante de memoria, y si existe una pérdida significativa de la capacidad de memoria y aprendizaje, estaría relacionada con una enfermedad específica y no con el envejecimiento normal del cerebro. 

El envejecimiento cerebral es inevitable, pero se puede retrasar. Estos son algunos consejos para retrasar el envejecimiento cerebral:

- La dieta es esencial para envejecer de forma saludable. La más recomendada es la mediterránea, que brevemente implica un bajo consumo de carnes y aves de corral, un consumo de bajo a moderado de lácteos, una cantidad moderada de alcohol (vino) y grasas (aceite de oliva), y una alta ingesta de verduras, legumbres, frutas, cereales y pescado. Se ha comprobado que la dieta mediterránea reduce el riesgo de padecer fallos cognitivos y enfermedades como el alzhéimer. Además, la restricción calórica o limitación de las calorías que ingerimos puede ayudar a retrasar el envejecimiento. 

-  Además de cuidar lo que comemos, es recomendable dormir ocho horas al día, ya que el mantenimiento de un buen ciclo vigilia-sueño es esencial para muchas funciones cerebrales, por ejemplo para la eliminación de las toxinas del cerebro que se han acumulado durante el día. Mientras dormimos, el espacio que existe entre las neuronas aumenta, facilitando su limpieza y buen funcionamiento. Por lo tanto, mantener un sueño reparador favorece un envejecimiento más saludable. 

- El ejercicio regular y la actividad física son clave para disminuir los efectos del envejecimiento. Estudios clínicos indican que el entrenamiento físico con intensidad moderada juega un papel neuroprotector, ralentizando la disminución del volumen del cerebro y mejorando su funcionamiento. Concretamente, el ejercicio aeróbico mejora la función cognitiva, no solo durante el envejecimiento sino también en personas que sufren enfermedades neurodegenerativas. 

-Se ha comprobado que aquellas personas que poseen un nivel educativo más alto o que mantienen una cierta actividad intelectual –leer, estudiar o adquirir nuevas habilidades– tienen una menor predisposición a desarrollar demencia. La base de esta neuroprotección está asociada a la formación de nuevas conexiones entre las neuronas. 

- Mientras que una ingesta abundante de alcohol corre el riesgo de inducir fallos cognitivos, otras bebidas alcohólicas pueden ser beneficiosas para mantener una buena salud mental. El vino, por ejemplo, tiene un alto contenido en polifenoles, que tienen acción antiinflamatoria y antioxidante. 

-  Definitivamente, el tabaco es un hábito que se debe evitar, ya que se ha relacionado con la aceleración del envejecimiento y la aparición de problemas cognitivos y demencia. 

- Tampoco hay que perder de vista los factores de riesgos relacionados con enfermedades crónicas altamente prevalentes en personas de avanzada edad. El mantenimiento de la actividad e integridad del cerebro dependen, en buena parte, de los vasos sanguíneos que mantienen una buena irrigación. La hipertensión, la aterosclerosis y los niveles elevados de colesterol incrementan las posibilidades de desarrollar fallos cognitivos, ictus y demencia. A esto se suma que la diabetes y la obesidad afectan al metabolismo de la glucosa y generan resistencia a la insulina. Ambas alteraciones podrían provocar daños crónicos a las neuronas y acelerar el envejecimiento cerebral. Los trastornos del estado de ánimo tampoco ayudan. 

- La depresión es un desorden emocional muy común en personas mayores y es producida por un desequilibrio en los neurotransmisores, que son las moléculas que usan las neuronas para comunicarse. Este desajuste podría traducirse en un mal funcionamiento del cerebro a largo plazo, lo que aceleraría el envejecimiento cerebral. 

En síntesis, la clave para mantener un cerebro sano y joven es la misma que para el resto del organismo. Es decir, hay que mantener una dieta sana, dormir las horas suficientes, evitar el consumo en exceso de alcohol, huir del tabaco y el estrés, realizar ejercicio moderado, y evitar el desarrollo de otras enfermedades o, al menos, mantenerlas bajo control. Visto todo lo anterior, hay que dejar de relacionar el envejecimiento exclusivamente con la enfermedad o la falta de productividad. Lo podemos ver desde una perspectiva más optimista y natural. Recordemos al gran Gabriel García Márquez cuando decía que “…uno envejece más rápido en los retratos que en la vida real”. Sigamos cuidando el envejecimiento DE LA CABEZA. Nos leemos el sábado que viene.


LA LECTURA Y EL CEREBRO... ¿SEGUIMOS CON EL TEMA?

 

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 4 de diciembre de 2021. Todos los derechos reservados.


Hace unas semanas escribía en esta columna acerca de la importancia cerebral de leer un buen libro. Muchas personas me dijeron que ignoraban que tanto bien podía hacerles la lectura, de hecho, consideraban el hecho, si, como un pasatiempo que servía como educación, distracción, cultura, pero realmente todos me dijeron que en verdad desconocían lo que íntimamente hacía la lectura sobre el cerebro y su funcionamiento.

De hecho, no exagero para nada cuendo les cuento que el leer cambia la química, física, anatomía y fisiología del cerebro, y lo transforma en la medida de cuanto logre el texto despertar tu curiosidad y, sobre todo, tus emociones. Si lo pensamos bien, la lectura en la historia de la humanidad es el verdadero salto evolutivo de la mente. Leer es un proceso artificial y reciente. La capacidad de hablar la hemos adquirido por procesos de mutaciones genéticas con el Homo habilis hace unos 2 a 3 millones de años, y desde aquel entonces, los humanos nacemos con los circuitos neuronales del lenguaje, aunque vale la pena aclarar que la acción de hablar solo se aprende en contacto con otros. 

Cuando nacemos, nuestro "disco duro mental" está vacío y debemos llenarlo con material de información. A diferencia del lenguaje, la lectura nació hace apenas unos 6.000 años por la necesidad de comunicarnos más allá de la tribu propia, del corto alcance del boca a boca. Además, su base no es genética sino artificial o, mejor dicho, cultural. Leer es un proceso que al no estar genéticamente codificado (y, por tanto, no es transmitido por la herencia) se repite costosamente en cada ser humano y necesita cada vez del trabajo duro del aprendizaje y la memoria. Leer, y desde luego leer bien o muy bien, requiere un laborioso proceso de aprendizaje, atención, memoria y entrenamiento explícito que dura años e, incluso, gran parte de toda la vida si se aspira a leer de un modo altamente eficiente, aunque no debe necesariamente representar sufrimiento como lo hacen los pobres niños a quienes se obliga a leer en los ambientes educativos que desconocen por completo el funcionamiento del cerebro humano. Y hoy ya sabemos que, como decía Leslie Hart, "querer enseñar sin saber como funciona el cerebro es como querer construir un guante sin nunca haber visto una mano".

La neurociencia ha demostrado que para aprender a leer, hay ciertas partes del cerebro que tienen que haber madurado previamente, algo que puede llegar a suceder a los 3 años, pero que por lo general culmina cuando tienen 6 o 7 años. Por eso, lo aconsejable es que la lectura se empiece a enseñar formalmente a los 7 años, edad en la que, casi seguro, las áreas cerebrales base de la lectura están en todos los niños lo suficientemente desarrolladas y maduras para captar en todo su sentido y emoción la tarea de comenzar a leer. Precisamente esa es la edad en la que se empieza a aprender a leer en ese país tan avanzado en la enseñanza que es Finlandia. Hay que tener en cuenta que, además de que forzar a un niño a aprender a leer prematuramente y que puede provocarle un sufrimiento y frustración innecesarios, el hecho que lo logre a los 3 o 4 años no tiene trascendencia alguna a futuro. En otras palabras, no le da una ventaja académica ni lo hace más inteligente. Hoy sabemos que la maduración cerebral tiene un componente genético, pero también uno cultural, vinculado sobre todo, al hogar: crecer con padres que leen o te leen, tiene una dimensión emocional que facilita enormemente el aprendizaje de la lectura. 

Si bien el cerebro no está genéticamente diseñado para leer, este órgano posee una propiedad clave para lograrlo: la plasticidad. La palabra proviene del griego "plastikós", que significa "cambio" o "modelado". Quizás el máximo ejemplo sea que aprender a leer modifica la función de un área del cerebro principalmente programada para identificar formas y detectar caras, la cual también pasa a procesar y construir palabras. Lo que enseña el maestro tiene la capacidad de cambiar los cerebros de los niños en su física y su química, su anatomía y su fi­siología, haciendo crecer unas sinapsis o eliminando otras y conformando circuitos neuronales cuya función se expresa en la conducta. Cada persona cambia no solo en función de lo vivido, sino también de lo leído. Y es que, finalmente, leer no es un acto pasivo de absorción de lo que hay escrito en un determinado documento o libro, sino un proceso activo, o recreativo ('volver a crear') si se quiere, de lo que allí se describe. Implica activar un amplio arco cognitivo que involucra la curiosidad, la atención, el aprendizaje y la memoria, la emoción, la consciencia y el conocimiento. Y, como escribió alguien que estaba, como nosotros, DE LA CABEZA,el filósofo italiano Umberto Eco, "El que no lee, a los 70 años habrá vivido solo una vida. Quien lee, habrá vivido 5.000 años. La lectura es una inmortalidad hacia atrás". Nos LEEMOS en siete dias.


RIE CEREBRO, RIE...!!!

 

Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 27 de noviembre de 2021. Todos los derechos reservados.

Hoy se celebra en la Plazoleta Bicentenario de la Costanera de Asunción, el Sonrisa Fest organizado por la Fundación Payasonrisa, esos ángeles disfrazados de doctores con narices rojas que recorren los lugares de mayor sufrimiento cambiando gustosos tristezas por carcajadas. Y qué mejor momento que este para contarte, querida lectora, querido lector, de la importancia de la risa para la salud cerebral.

De entrada, es importante saber que al reírnos, el córtex del cerebro se activa y libera impulsos eléctricos tan solo un segundo después de empezar a reír, expulsando así toda la energía negativa de nuestro cuerpo, liberando endorfinas (los analgésicos naturales del cerebro) y el neurotransmisor dopamina, absolutamente relacionado con los estados del bienestar psicológico. Al mismo tiempo, se ha demostrado que los niveles de cortisol (la hormona del estrés) disminuyen notablemente. Por otro lado, comenzamos a desarrollar esta habilidad a los pocos meses de nacer y, conforme vamos creciendo, perdemos esa facilidad para dejarnos llevar por la risa ante algo gracioso, pudiendo decirse que nuestro sentido de lo cómico se va modulando y haciéndose un poco más selecto para aparecer. De hecho, los adultos suelen reír entre 15 y 100 veces al día, frente a una media de 300 veces diarias de los niños. 

El efecto de la risa ha sido estudiado de forma terapéutica desde los años 70. Con ello, se ha desarrollado una técnica destinada a mejorar el estado físico y psicológico de las personas: la risoterapia, en donde mis hermanos Payasonrisas son expertos. El secreto de su éxito es que, engañando a nuestro cerebro, pues no es capaz de distinguir la risa verdadera a la provocada, podemos conseguir los mismos beneficios. Así, la risa empieza como simulada mediante ejercicios de cuerpo en un grupo, con el contacto visual y el juego infantil, y se convierte finalmente en una risa real y contagiosa. En la cultura china, donde investigan la risa desde el S. VI a.C., se ha estudiado incluso, cómo afecta la risa a nuestro organismo dependiendo de la vocal predominante. Esto se debe a que la diferente pronunciación de una vocal u otra provoca diversas vibraciones internas. No es algo aleatorio, sino que es el propio cuerpo quien decide cómo nos vamos a reír según la zona dónde necesite que se produzcan esas ondas. Y es que cada vocal tiene un valor símbolo; movilizan emociones determinadas y potencian deferentes aspectos. 

Los que se ríen mucho, además, pueden llegar a perder peso, según lo demostró un equipo de científicos de la Universidad Vanderbilt en Nashville, Tennessee (EE.UU): la risa hace que el corazón lata más rápido, trabajando a la vez una serie de músculos, lo que redunda en un aumento del gasto de energía. Además, la vibración del diafragma provoca un masaje interno tanto en el estómago como en el hígado, generando jugos gástricos que reducen los ácidos grasos y nos ayudan a eliminar toxinas del organismo. Incluso dicen que podemos llegar a perder 2 kgs al año con nuestro aporte de risa diario...!!! Por otro lado, al reir somos felices, y eso es porque cuando lo hacemos, nuestro córtex cerebral libera impulsos eléctricos que obstruyen el paso de pensamientos negativos justo un segundo después de que empecemos a reír. Con una carcajada se activan los casi 400 músculos que hay en el rostro, algo que sucede si tenemos un semblante serio. También podemos dormir mejor, ya que la risa nos hace estar relajados, tranquilos y, nos alivia los dolores al ayudarnos a segregar catecolaminas y dopaminas. Además, a nivel psicosomático, una gran cantidad de dolencias cardíacas tienen su centro neurálgico en la tristeza, que provoca que el corazón se contraiga. Si sonreímos y nos reímos, el corazón se relaja y se ensancha. 

Mientras la tristeza hace que las defensas del cuerpo bajen y seamos más propensos a enfermar, la risa hace que nuestro cuerpo se enfrente mejor al entorno, esté más protegido, y nuestra piel se vea con mejor color y más sana. Además, si nos reímos a carcajadas nuestro corazón bombeará sangre a mayor velocidad con lo que es probable que también sudemos o incluso lloremos. Todo ello nos ayuda a mejorar el aspecto de nuestra piel gracias a las toxinas que eliminamos de esta manera. De hecho, hoy sabemos que la risa tiene un efecto en el cuerpo a un nivel químico, que provoca en quien sonríe un bienestar físico de 24 horas de duración. También previene las contracturas al relajar prácticamente toda la musculatura de nuestro cuerpo, las vibraciones de la risa provocan que, si estas congestionado y tienes dificultades para respirar, se libere la mucosa que se encuentra en la nariz y oídos y limpia los ojos cuando, literalmente, lloramos de la risa. 

Podría extenderme mucho más sobre los efectos beneficiosos de la risa. Pero eso se los dejo a mis hermanos Payasonrisas que los esperan hoy desde el mediodía en la Costanera de Asunción para traernos DE LA CABEZA con su alegría a la que tenemos que ayudar...!!!



EL CEREBRO LECTOR


 Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 20 de noviembre de 2021. Todos los derechos reservados.

"Si no leo me aburro" decía un adagio con la ilustración de un burrito que hacía honor a la cualidad de romper la ignorancia que tiene la lectura, y que nos servía de señalador en los libros de la época de la Facultad. La lectura es un hábito que enriquece, y, sin ir más lejos, hace que usted y yo, querida lectora, querido lector, podamos conocernos, letras mediante, y convivir unos minutos cada semana en el interior de su cerebro. Y justamente ese es el hincapié que deseo hacer en la columna de esta semana: la importancia cerebral de la lectura.

Además de generadores de empatía, bienestar y compañía, los libros también son perfectos “simuladores de realidad” en la medida en que nos permiten testear situaciones y aprender sin necesidad de la experiencia directa. La cantidad de notas y estudios dedicados a indagar en los efectos de las historias en los últimos años es abrumadora. Desde la psicología de la narrativa se plantea que nuestras historias de vida son más que páginas imaginarias de Wikipedia que citan datos específicos en un orden cronológico, sino series de vivencias que vamos hilvanando, integrando, separando y volviendo a unir en la búsqueda de sentido. El modo en que lo hacemos, las cosas omitimos y que incluimos, moldean nuestra persona; querer contarla es una pulsión natural en tanto se considera somos “animales narrativos”, acostumbrados a comunicarnos a través de relatos. 

Ahora, ¿qué sucede en el cerebro cuando leemos? Resulta que no sólo podemos suponer el impacto profundo de una historia, sino que también podemos “verlo”. Mediante imágenes por resonancia magnética funcional, científicos de las universidades de Princeton y California observaron cómo reaccionaba el cerebro de voluntarios mientras escuchaban un cuento. En el emisor y el receptor se activaban áreas que regulaban la decodificación de los sentimientos ajenos y la sensibilidad moral. Desde el descubrimiento de las neuronas espejo (aquellas que se activan cuando ejecutamos una acción y cuando observamos esa misma acción realizada por otro), la llamada “neurociencia de la empatía” se ha vuelto un campo de estudio en alza. Un trabajo publicado ya en 2011 en el Annual Review of Psychology mostraba de qué manera la gente que leía acerca de una experiencia exhibía actividad neuronal similar a la generada al experimentar en carne propia estas vivencias. Es así que, cuando nos topamos en la lectura con un pasaje de acción se activan áreas encargadas del procesamiento del lenguaje a la vez que se activa la corteza motora, la misma área que se activaría si estuviéramos viviendo la escena. Si la lectura nos atrapa hay cambios reales en la estructura cerebral que pueden medirse, y esa modificación se mantiene por cinco días, aún cuando hemos terminado el libro en cuestión. Por eso la lectura promueve la empatía. 


Si bien para algunos estas hipótesis son demasiado complejas para ser corroboradas por resonancias magnéticas o discursos bienintencionados respecto de que la lectura se traduzca en un comportamiento más altruista, existen beneficios directos que se desprenden del hábito. Hay evidencia que señala que desde un punto de vista neurobiológico, leer tiene similitudes con el acto de meditar, con los mismos beneficios para la salud que los de la relajación profunda. Asimismo, los lectores regulares duermen mejor, tienen niveles de estrés menores, mejor autoestima y menos depresión que aquellos que no leen. Cuando adquirimos nuevos conocimientos a través de la lectura el cerebro cambia su estructura. Se fortalecen las conexiones neuronales (la famosa neuroplasticidad). Al entrenar el cerebro a través de la lectura ponemos en acción a una velocidad tremenda, complejos procesos semánticos, ortográficos y fonológicos. Hay muchas diferencias entre los cerebros de las personas alfabetizadas de aquellas que no lo están. Y también tiene que ver cuál género leemos: diversos trabajos postulan que leer novelas supone una ventaja por sobre otros géneros. Según un paper de 2013 publicado en Science, aquellos que leen ficción literaria en vez de ficción popular o no ficción obtienen mejores resultados en tests de percepción social y en el llamado espectro de la llamada "teoría de la mente" (la habilidad para anticipar lo que otros pueden estar pensando/sintiendo). 

La lectura y escritura producen efectos benéficos. Esto se apoya en el hecho de que son procesos cognitivos que a través de los personajes y las narrativas ayudan a la comprensión del acontecer de la vida, de las emociones y angustias. Resta ver hasta dónde influyen los libros en nosotros –o nosotros en el proceso de la lectura. Mientras tanto, para los amantes de la lectura, sus beneficios no necesitan mayores pruebas científicas: solo nos volcamos a este hermoso placer que nos tiene DE LA CABEZA. Nos seguimos leyendo siempre.



LAS NEUROCIENCIAS EN EL DEPORTE


Artículo correspondiente a la columna DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 13 de noviembre de 2021. Todos los derechos reservados.  


Desde hace un tiempo asistimos sorprendidos a un ritual captado por las cámaras de la televisión deportiva argentina a la salida de la cancha del club Atlético River Plate: el saludo a una mujer rubia a la que todos, inclusive el DT en primer lugar, saludan efusivamente con un beso. Ella es Sandra Rossi. ¿Qué hace una mujer en un ambiente tan machista como el del futbol? Desde el 2014 es, nada más y nada menos, que la encargada del Departamento de Neurociencia del club millonario. Y probablemente, la artífice en parte de todas las conquistas a las que llegó el club en todo este tiempo. Rossi fue directora del 1st Place Institute de Miami, trabajó con varios atletas olímpicos y selecciones nacionales de diferentes disciplinas, así como también en el Laboratorio de Entrenamiento Visual y Control Motor del CeNARD.. 

Pero ¿qué pueden hacer las Neurociencias aplicadas al deporte? Comprender cómo reacciona el cerebro de un deportista durante las competencias y cómo se puede potenciar el aprendizaje de una disciplina deportiva, considerando los procesos y funciones neurológicas del individuo, es fundamental no solo para quienes dirigen a los atletas, los cuidan o los medican y alimentan, sino hasta para el atleta mismo. Y es que, además de atender los recursos físicos como velocidad, resistencia, fuerza y coordinación al momento de enseñar un gesto deportivo, así como los recursos técnicos y tácticos, es fundamental considerar los recursos psicológicos, que implican la toma de decisiones, la atención, la visión periférica y la anticipación. Todo está atado al cerebro y sus funciones. El uso repetido de impulsos nerviosos similares refuerza la intensidad de las conexiones y permiten que lo practicado con cierta frecuencia e intensidad se incorpore al repertorio motor. Por eso que cualquier aprendizaje que se tenga modifica las estructuras y conexiones de las neuronas, lo que se entiende como neuroplasticidad, que es finalmente la que posibilita que nos adaptemos al cambio para sobrevivir y ganar al rival, o para ensamblarnos a un equipo

La neurociencia trabaja también la reacción en la cancha, lo que permite entender y potenciar la capacidad de los deportistas de actuar al momento de enfrentarse a un estímulo. Atacar el tiempo de reacción, esto es el tiempo que demora el individuo en poner en movimiento el cuerpo como respuesta a la aparición de un estímulo, puede ser mucho más efectivo que el tiempo de traslación, relacionado con la velocidad. Esta velocidad de reacción es necesaria entrenarla para poder tomar decisiones en un tiempo mínimo, considerando el espacio que se tiene para actuar, empleando la creatividad y el razonamiento. La neurociencia permite conocer qué sucede en el interior del cerebro, por ejemplo de un futbolista, cuando se encuentra frente a un partido decisivo, cuando tiene pánico escénico, cuando siente la presión del rival, o cuando recibe las pifias o aplausos del público. De igual forma, permite determinar cómo afectan los estados emocionales, como la alegría o la depresión, en la toma de decisiones lo que redundará finalmente en su desempeño final. En síntesis, la neurociencia refuerza la preparación física de un deportista, ayudándolo a estar mejor capacitado para enfrentar las situaciones decisivas de una competencia. Además, permite comprender las relaciones entre el cerebro humano y las posibilidades motrices del cuerpo de un atleta. 

Ojalá pronto nuestro deporte se vuelva completamente DE LA CABEZA, e involucre a las Neurociencias en su repertorio necesario para poder conseguir sus metas. Nos leemos el otro sábado.




20 LIBROS SOBRE CEREBRO Y UNA CANCION (?) DESESPERADA

 



Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del diario La Nacion de los sábados 28 de agosto y 4 de setiembre de 2021. Todos los derechos reservados. 

Hace bastante tiempo les debía esta columna dedicada a los libros que toda persona amante de las Neurociencias debe tener. Siempre me preguntan qué libros pueden leerse tanto para empezar como para profundizar en esta apasionante disciplina de las Neurociencias. Hoy les cumplo. Les traigo una reseña de los que son (a mi criterio) los libros más "masticables" sobre Neurociencias. Los que explican todo de manera amigable y que no deben faltar en las bibliotecas de todo cultor de este apasionante mundo. Los tengo, los he leído, y los recomiendo con fervor. El orden no es necesariamente un ranking, sino que es absolutamente aleatorio. Así que aquí van. Estos son mis mejores libros de Neurociencias.

- El cerebro ético, de Michael Gazzaniga: Este es uno de los libros de neurociencias más famosos de los que ha escrito Michael Gazzaniga, porque explica magistralmente como funciona el cerebro respecto a la etica y la moral, quizás casi como no lo hace ningún texto. 
 
- El error de Descartes, de António Damásio: Un clásico entre los clásicos, que no puede faltar en la biblioteca de los amantes de esta disciplina. Toca magistralmente la relación cuerpo y mente de manera clara y muy grafica. 

- La vida secreta de la mente, de Mariano Sigman: Muchos datos de psicología y cotidianeidad, información abundante de como el cerebro se comporta en el día a día expresado con mucha data.

- El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks: Una obra maestra de las Neurociencias y quizás una de las más destacadas de este prestigioso neurólogo. Aborda a las Neurociencias desde la perspectiva de pacientes a los que algún trastorno mental les cambió la vida. De muy facil y amena lectura.

- Fantasmas en el cerebro, de V. S. Ramachandran y S. Blakeslee Vilayanur: es un libro ideal para los que desean dar sus primeros pasos en las Neurociencias. No es facil encontrarlo en librerías, pero si hacen el intento con compra internacional y lo consiguen, habrán ganado una joya para su biblioteca neurocientífica.

- En busca de la memoria, de Eric Kandel: Esta obra del "papá" de las Neurociencias (premio Nóbel año 2000) es indispensable para conocer como funciona la memoria y sus alteraciones. No les recomiendo para empezar el tratado de Neurociencias de Kandell, obra de mas de 1500 páginas, pero si este libro muy claro y con abundancia de datos. 


- Cerebro y libertad, de Joaquín M. Fuster: con este texto nos adentramos en la disciplina emergente de la Neurofilosofía, al discutir sobre la naturaleza de la libertad, uno de los principales temas de disquisición en Filosofía. Un libro que te hace cuestionar hasta donde el cerebro nos hace (o no) libres. 

- El nuevo mapa del cerebro, de Rita Carter si te gusta aprender utilizando el aprendizaje visual, este es tu libro. Habla de diferencias de cerebros en personas sanas y no, entre mujeres y hombres, e incluso de nuevos descubrimientos y su correlato anatómico.

- El cerebro ejecutivo, de Elkhonon Goldberg: este es el libro del lóbulo frontal por excelencia. En él se abordan las funciones ejecutivas centradas en esta zona del cerebro y permite comprender muchas de las patologías dadas por la disfunción de este lóbulo.

- El universo de la conciencia, de G. Edelman y G. Tononi: no es un libro para principiantes pero no le saca que pueda ser leído por quien ama a las Neurociencias con toques de Neurofilosofía igualmente. Ya tiene sus añitos como el de Oliver Sacks pero no pierde vigencia ni actualidad.

- Psicológicamente Hablando de Adrián Triglia, Bertrand Regader y Jonathan García-Allen: un libro que no es sobre Neurociencias específicamente, pero si aborda la conducta y sus trastornos para todo público interesado en desentrañar el funcionamiento de la mente humana.

- La vida secreta del cerebro: cómo se construyen las emociones de Lisa Feldman Barrett: si te interesan las teorías nuevas sobre temas cerebrales, aquí tenés una obra así sobre las emociones y su origen, contado de manera sumamente fácil y amena. A mi me dio vuelta la cabeza. 

- El libro que tu cerebro no quiere leer de David del Rosario: un cuento de divulgación científica y Neurociencia, mezcla de todo y maravilloso resultado. Atrapa desde las primeras paginas. 

- Neurociencia: estructura y funciones del cerebro de Daniel Gómez Domínguez: desde 2019, año en que se publicara, es casi la nueva biblia. Vale la pena tenerlo.

- Agil Mente de Estanislao Bachrach: una obra imprescindible para iniciarse en las Neurociencias o para quien no tiene ni idea pero desea amarla, con esta obra lo hará. Igualmente con las demás obras de Bachrach. Arrolladoramente didáctico.

- Usar el cerebro de Facundo Manes: libro igualmente imprescindible para iniciarse en esta disciplina. Igualmente, todas las obras de Manes son didácticas y sumamente instructivas. Facundo cumple a cabalidad lo de ser claro para todos los cerebros.

- Neurociencia para educadores de David Bueno i Torrens: indispensable para hacer llegar al aula la magia de la Neuroeducación. Ameno y de fácil lectura. Para enseñar cerebralmente. 

- El cerebro ilusionista: la neurociencia detrás de la magia de Jordi Camí y Luis Martínez: si hay magia que no se note. La ciencia detrás de los trucos o como engañar al cerebro. Imperdible libro para conocer el mundo de las ilusiones en el cerebro. 

- ¿Puede la neurociencia cambiar nuestra mente? de Hilary Rose y Steven Rose: cuestiona que todo sea explicado desde la perspectiva neurocientífica, olvidando lo social. Si uno se fanatiza con las Neurociencias, este libro lo vuelve a la realidad de un plumazo. 

- El cerebro del artista: la creatividad desde la neurociencia de Mara Dierssen: si sos artista de cualquier disciplina, y querés entender como funciona el cerebro, definitivamente este es tu libro.

Estos son los veinte libros que te recomiendo para ir haciendo tu biblioteca de Neurociencias. Ah, y la "canción desesperada" es mi modesto librito "CEREBRA LA VIDA" que lo podés conseguir en librerias del país y que también intenta hacerte amar las Neurociencias dejándote DE LA CABEZA. Nos leemos el siguiente sábado.





NEUROMITOS

 

Artìculo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación de los sábados 13, 20 y 27 de octubre de 2021. Todos los derechos reservados.


Probablemente usted, amable lectora o lector, sea de los que creen algunas cosas que se dicen del cerebro en forma de corrillos y conversaciones "de sobremesa". Y es que las Neurociencias ya ocupan un lugar en nuestras charlas cotidianas, por suerte y gracias a la difusión de medios como este, que se preocupan por hacer llegar el conocimiento neurocientífico a todos los públicos, Una vez más, gracias La Nación...!!! Sin embargo, no todo lo que uno dice o escucha tiene asidero científico, y sobre todo, está demostrado o comprobado. Aquí les tiro unos cuantos "neuromitos" que, a la luz de los casi dos años que llevamos compartiendo juntos esta columna semanal, debemos saber con total justicia. En estas semanas destruiremos algunos de las informaciones erradas que manejamos como verdaderas dentro del apasionante mundo de nuestro mejor órgano: el cerebro. 

- SOLO USAMOS EL 10% DE NUESTRO CEREBRO: es de mis neuromitos preferidos. Si lo pensamos bien, es sumamente motivador pensar que si usáramos el 90% restante seríamos poco más que Einsteins, entonces ya ha sido base de numerosos pseudo cursos de aprovechamiento cerebral donde se han enriquecido muchos falsos gurúes del cerebro.  Solamente pestañeando, el cerebro usa más del 10% de su superficie cortical motora. ¿Entonces? Agrego más: incluso cuando se supone que no se está haciendo nada, el cerebro está haciendo mucho, ya sea controlando funciones como respirar y el palpitar del corazón, o recordando cosas por hacer. El origen de esta mentira descontrolada está en una conferencia del psicólogo William James, quien dijo que las personas normales, en sus quehaceres cotidianos, no llegan a usar más del 10% de su potencial intelectual. Con esto quería decir que esas personas no usan sus recursos mentales, por falta de entrenamiento o desarrollo, pero no que solo usasen una pequeña parte de su cerebro. No hay zonas en las que el cerebro ponga el cartel de «cerrado por vacaciones». De hecho, se puede decir que usamos el 100% de nuestro cerebro las 24 horas del día  para ejercer las funciones cambiantes que tiene asignadas en aras de la supervivencia del individuo.Obvio, falso.

- EINSTEIN TENÍA EL CEREBRO MÁS GRANDE POR ESO ERA MÁS INTELIGENTE: alguna vez escribí en esta columna la historia del cerebro de Einstein. Les conté que había sido "secuestrado" post mortem, y estudiado en pedacitos. Y que era un cerebro absolutamente normal en conformación celular, en peso, tamaño y desarrollo de sus partes a simple vista, incluso en su número de neuronas que no sobrepasaban la media por unidad de tejido respecto a cualquier mortal simple cuyo cerebro haya sido estudiado. La diferencia estaba absolutamente dada por la cantidad, no de células, sino de conexiones entre ellas: el cerebro de Einstein tenía un 30% más de sinapsis entre sus neuronas que un cerebro promedio. Entonces, el tamaño no importa... si hablamos de cerebro.

- EL CEREBRO ES TAN PEQUEÑO COMPARADO CON OTROS ÓRGANOS QUE CASI NO CONSUME RECURSOS: Nada sobra en el cerebro, según lo averiguado por los científicos. El cerebro es un órgano extremadamente caro, en términos energéticos. Su peso asciende al 2% del total cuerpo, pero consume la energía obtenida con el 20% de todo el oxígeno que respiramos. De hecho, lo hace en gran parte para mantenerse funcionando mediante el mantenimiento de la funcionalidad de su membrana neuronal. Y agrego más: estudiando intensamente, exigiendo de más al cerebro, hasta podemos quemar calorías que nos permitan no subir de peso, aún con nulo ejercicio físico. ¿O nunca pensaron por qué muchos "científicos locos" son extremadamente delgados, aún sin hacer actividad física? No solo es contextura, a veces el cerebro "quema calorías" por demás.

- EL CEREBRO DERECHO ES CREATIVO, EL CEREBRO IZQUIERDO ES ANALÍTICO: Según el neuromito, la mitad del cerebro es mucho más aburrida que la otra Según el mito, la mitad del cerebro es mucho más aburrida que la otra. Estamos cansados de leer que las personas más creativas, intuitivas e imaginativas tienen un hemisferio cerebral derecho más fuerte, mientras que la gente analítica y racional tiene un hemisferio izquierdo dominante. Es tal nuestro afán de clasificar y poner etiquetas para todo, de dividir a las personas en categorías, que se da por sentado que quien es analítico no es creativo, y viceversa, o que no existen grises y puntos medios. Pero, el verdadero secreto del , el cuerpo calloso, que permite una constante transferencia de información y que hace que el cerebro prácticamente funcione como un todo. Así que, la próxima vez que le digan que usted es de tal o cual cerebro, recuerde que depende más de la conectividad entre ambas mitades que de lo que puedan hacer una u otra.

 LOS TRES PRIMEROS AÑOS SON DECISIVOS: dice la leyenda urbana que conviene exponer a los bebés a conceptos, palabras, historias y percepciones complejas en esa etapa... como si alguna mamá ha expuesto a su hijo a interminables sesiones de Mozart o a contemplar pinturas de Dalí buscando que sea artista como ellos.  Si viste algunos padres así, probablemente esos pobres niños sean víctimas del mito de que los primeros tres años de vida son absolutamente críticos para el desarrollo del cerebro, y que, por ello, hay que atiborrarles de estímulos. Se considera que así se puede lograr que sean personas brillantes, inteligentes, exitosas y competitivas más adelante. Estimadas y estimados: no hay ninguna evidencia científica que avale estas presunciones. Es cierto que a esas edades se aprende. El cerebro sufre entonces profundos cambios en las conexiones y la forma de sus neuronas y otras células. La información contenida en los genes y todo lo que el niño toca, ve y oye, produce estas transformaciones. Los bebés aprenden desde que nacen, pero van a su ritmo. En ese tiempo, el cerebro pasa de llegar a unos 400 ó 500 gramos, en el nacimiento, a alcanzar los 1.000 gramos a los tres años. A esa edad, el número de sinapsis en el cerebro crece a una tasa de entre 30.000 y 50.000 por segundo en cada centímetro cuadrado de la corteza cerebral. Pero, a estas edades, los niños se relacionan con el ambiente a través de las emociones y mecanismos básicos de refuerzo (placer y evitación del dolor), el afecto y el juego, no hay códigos o mecanismos cerebrales, para captar lo abstracto, las ideas, los conceptos. Por ello, en los primeros años, el niño debiera aprender especialmente de modo directo, de la propia naturaleza, usando sus sentidos. No será hasta los seis o siete años, cuando podrá comenzar a comprender conceptos e ideas complejas. 

ESCUCHAR A MOZART HACE DE LOS BEBÉS MÁS INTELIGENTES: No hay evidencias científicas que sugieran que escuchar a Mozart en bucle aumentará su coeficiente intelectual. Parte de culpa de este mito la tiene un estudio publicado hace más de dos décadas en la prestigiosa revista Nature, en el que se concluyó que los universitarios que escucharon una sonata para piano del compositor vienés aumentaron temporalmente su capacidad intelectiva. Desde entonces, surgió el mito del «efecto Mozart», según el cual la música de este prodigioso compositor puede potenciar la inteligencia. Estudios posteriores han mostrado que, paradójicamente, el efecto Mozart no es exclusivo de la música de Mozart. Otros tipos de música agradables y placenteros –algunos excluirían a Maluma, yo absolutamente excluiría a Arjona de forma categórica–, la lectura de pasajes de alto contenido emocional y una taza de café también pueden provocar esa activación. En general, hoy se acepta que, de tener el «efecto Mozart» pequeñas consecuencias sobre el razonamiento abstracto o el procesamiento espacio-temporal, estas pueden ser activadas por cualesquiera estímulos que resulten «ligeramente excitantes». Bastarán para activar el sistema nervioso autónomo y producir una respuesta de «despertar» o excitación agradable. Otra cosa que se ha averiguado es que tocar un instrumento musical, es una actividad muy beneficiosa. Esta práctica requiere de la participación simultánea de áreas de la corteza relacionadas con la visión, la audición y el tacto, junto a áreas motoras. Por ello, más que oír a Mozart, ejecutar un instrumento repercute de modo positivo en las habilidades cognitivas de los niños, en particular en el lenguaje y los procesos atencionales. Pero también en la propia percepción y discriminación de estímulos además de en la memoria de trabajo y el control motor

EL CEREBRO ES UNA COMPUTADORA: Decir que el cerebro es como una computadora es como comparar la huerta de mi abuela con el planeta Tierra. Sabemos que el cerebro recibe información, que la procesa y que produce una respuesta. La computadora es una máquina cuya estructura y funcionamiento se conocen totalmente, mientras que el cerebro humano es un órgano cuyo funcionamiento "íntimo" no se conoce aún. Es el resultado biológico (no final) del proceso evolutivo, consecuencia de millones de años de azar y reajustes en ese duro banco "real" del prueba-error que es la naturaleza. No puede compararse a un ingenio informático, cuyo origen se remonta, como mucho, a unos cien años, mientras que el cerebro es un órgano elaborado por la naturaleza durante millones de años. A pesar de todo lo que se sabe sobre neuronas y regiones cerebrales, el funcionamiento efectivo y como un todo del cerebro es desconocido. Se sabe que su complejidad es tal, que es capaz de ser «flexible y abierto» y de elaborar procesos mentales conscientes. El resultado es que es extremadamente versátil, y que no se comporta de la forma rígida y limitada de una máquina. Por ejemplo, cada una de las 80.000 millones de neuronas que existen –unas pocas menos que estrellas hay en la Vía Láctea–, por término medio, en un cerebro, están decidiendo, computando y dialogando de forma dinámica con las otras neuronas en todo momento. De hecho, cada conexión entre neuronas cambia constantemente su microestructura física y química, su funcionamiento y su anatomía, en períodos de 24 horas en el maravilloso proceso que conocemos como neuroplasticidad. Al final, el trabajo de este complejísimo órgano logra –en la mayoría de los casos– que su poseedor permanezca vivo y consiga sus objetivos en un mundo complejo, peligroso y cambiante. ¿Qué computadora tendríamos que construir para lograr lo mismo? ¿Cuál sería capaz de sentir emociones, evitar un accidente, analizar información y sacar conclusiones, tener nuevas ideas o amar? 

EL PODER MAGICO DEL PENSAMIENTO: Algunos creen que la telepatía es una especie de Zoom de emergencia para el cerebro. No existe ningún estudio bien documentado y fundamentado en investigaciones sólidas, utilizando el método científico, que avale la existencia de poderes mentales, como la telepatía, la clarividencia, la precognición o la telequinesia. Es decir, todo lo que se dice en torno a estas es, de nuevo, una "farreada". Al menos hasta que se demuestre lo contrario. Las investigaciones sí han mostrado, sin embargo, que las sociedades que ven amenazada su seguridad y que sienten miedo y desánimo –¿le parece conocido?– tienen niveles más altos de pensamiento mágico, en el que se da por real lo sobrenatural. Curiosamente, o quizás no tanto, los niveles de aceptación de este pensamiento son menores si hay sensación de seguridad, una buena educación y formación intelectual y un alto nivel de desarrollo económico. Sin embargo, los poderes mentales son una mentira muy aceptada en occidente. En 2005, un estudio mostró que el 41% de la población adulta de Estados Unidos cree en ellos. El 31% cree en la telepatía y el 26% en la clarividencia. Actualmente se piensa que la fe en lo paranormal se sustenta sobre la fuerte necesidad de creer en algo superior y en el hecho de que, frecuentemtente, todos tenemos experiencias ocasionales que nos parecen extraordinarias y que desafían las explicaciones "normales". Una de ellas, es la clásica coincidencia de pensar en alguien y que esa persona llame al teléfono. ¿Será un caso de telepatía? ¿Entonces por qué no funciona si intentamos repetir la operación? 

COMUNICACION MENTAL ENTRE MADRES E HIJOS: La telepatía nunca ha funcionado hasta el momento en experimentos hechos por científicos. Circula por doquier la idea, bastante reconfortante, de que existe una comunicación telepática entre hijos y madres. Por desgracia, ninguna investigación ha podido demostrarlo. Y se ha intentado. Estudios hechos con personas muy afines emocionalmente, algunas de las que eran gemelos univitelinos, han comprobado si realmente existe una comunicación mental a distancia. En estas pruebas, un supuesto emisor se sentó en una mesa, en el interior de una habitación aislada. Otro receptor de «ondas telepáticas» se sentó en otro lugar distante. Los científicos midieron la actividad cerebral de ambos y se les hizo ver una sucesión de fotografías. Se le pidió al emisor que enviara a través de su poder telepático lo que estaba viendo en las imágenes. En la otra habitación, el receptor tenía que sentir si la imagen que estaba viendo era la que había visto su allegado emisor. La estadística no mintió. De las 3.687 respuestas emitidas por los receptores, aproximadamente el 50% eran acertadas. Esta precisión es justo la que se esperaría si las respuestas, que fueron «sí» o «no», hubieran sido dichas por azar. Al menos sabemos que Whatsapp es más eficaz que la telepatía para compartir imágenes. 

LA LEVITACION Y LOS "VIAJES ASTRALES": Todos hemos tenido en algún momento esa molesta sensación de no querer estar donde estamos –especialmente los lunes por la mañana–. Algunas personas, propensas al pensamiento mágico, aseguran que su poder mental puede lograr lo imposible, y hacerles salir de su cuerpo, o elevarse del suelo. Muchas tienen en común haber pasado por duros trances: fuertes impresiones, mucho estrés, la cercanía de la muerte o los perniciosos efectos de las drogas. Algunos enfermos han dicho haber sentido la sensación de dejar atrás su cuerpo y hay pacientes recuperados de la anestesia y de duras operaciones que llegaron a ver su propio cuerpo sobre la mesa de operaciones. Los epilépticos a veces tienen sensaciones que describen como «elevación del suelo», «alejamiento de uno mismo» o «salir fuera del cuerpo». Por suerte, los neurólogos han vinculado estas inquietantes vivencias con una actividad anómala del lóbulo temporal del hemisferio derecho. Una actividad que, por cierto, aparece justo antes de los ataques epilépticos. En el imaginario colectivo, todo esto ha encajado muy bien con la noción religiosa y filosófica de que existe un alma separada del cuerpo. Además, siempre se ha dicho que San Pablo, Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz levitaron. Por el momento, no hay ninguna evidencia científica, ninguna observación o experimento, bajo método científico, que avale su existencia. Es un fenómeno solo subjetivo, una sensación nunca confirmada por observaciones hechas por otros y referidas con datos y pruebas contrastadas. Por tanto, la levitación es otro mito, hasta que se demuestre lo contrario. Si todavía así le queda un resquicio de duda, el neurocirujano canadiense Wilder Penfield dio con una forma de inducir la sensación de levitación. En operaciones quirúrjicas para tratar ciertos tipos de epilepsia, comprobó que estimulando con electricidad un área concreta, los pacientes decían verse flotando en el aire y contemplando su propio cuerpo en la mesa de operaciones. Aparte de lo logrado por Penfield, la literatura médica está llena de testimonios similares recogidos entre los pacientes. 

Existen muchos más Neuromitos que los abordados en estas semanas, pero creo que es tiempo de dar paso a otros temas DE LA CABEZA. ¿Seguimos?

 

LO QUE SUCEDE EN EL CEREBRO CUANDO DAMOS UNA BUENA CLASE

  Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación correspondiente al domingo 10 de setiembre de 2023. Todo...