Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación de los sábados 13, 20 y 27 de julio de 2021. Todos los derechos reservados.
Te apasionan las Neurociencias? A mi me vuelven loco. Tanto que ya lance tres libros: CEREBRA LA VIDA, CEREBRA LA SEXUALIDAD y CEREBRA LA EDUCACION. Te interesa sondear en los misterios del cerebro? Adelante. Acertaste el lugar.
Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación de los sábados 13, 20 y 27 de julio de 2021. Todos los derechos reservados.
Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 10 de julio de 2021. Todos los derechos reservados.
Quienes pasaron por la terrible experiencia de sortear al virus, ya sea hospitalizados o no, independientemente del grado de gravedad desarrollada, saben lo estresante que es ello desde el momento del diagnóstico y aún después de haberse recuperado. Si no era poco vivir con la espada de Damocles del contagio pendiendo sobre nuestras cabezas, el hecho de recibir el resultado positivo y todo lo que ello conlleva es una prueba de fuego para la salud mental y la resiliencia de cualquier persona. Y no hay un solo ser humano que pueda decir que no se ha sentido estresado una vez al menos en estos 16 meses que llevamos de trastorno de nuestras habituales costumbres sobre todo sociales.¿Cómo superamos esta situación que atenta contra la salud mental? El primer paso para superar el TEPT es entender cómo se "tranca" y por qué no mejora por sí mismo. Debemos entender que el sistema de amenaza de nuestro cerebro (manejado por la amígdala cerebral) estuvo y permanece activo, alertándonos de peligros reales o supuestos, y que debemos "bajar los decibeles" de la hiper respuesta de ese sistema. Por ello, hay que "conducir" al cerebro hacia la "relajación" del sistema de alarma. Una manera eficaz es procesar los recuerdos (sobre todo de los pacientes que estuvieron en salas de UTI aislados y en contacto con otras realidades de pacientes que, lamentablemente, no pudieron ganar la guerra). Estos recuerdos, generalmente, tienen las características de ser muy recientes e inmediatos, sumamente vívidos, de aparición constante, involuntaria y de difícil manejo voluntario, y como si fuera poco, muchas veces fragmentados, es decir, incompletos. Se almacenan en zonas de la memoria diferentes, por ejemplo, al aprendizaje, porque lo hacen con la impronta emocional negativa de lo pasado. Para ello, interviene la terapia conductivo-conductual, que es la que trabaja con los pensamientos y creencias porque estas impulsan a los sentimientos: se deben revertir los conceptos que causaban angustia para poder superarlos.
Otras veces, encaramos "estrategias" que tienen el efecto contrario al buscado. Por ejemplo, evitamos recordar lo pasado o hablar de ello "para no revivir los momentos". Cuando hacemos eso, los sucesos quedan sin procesar, y no se elaboran los duelos correspondientes o no se culminan los procesos, relegando al olvido de "no pensar para no sentir" y nunca terminando de cerrar el ciclo que, por dentro, nos sigue consumiendo. Esto hace que los pensamientos "reboten" y resurjan de repente con mucha fuerza y haciendo más daño que habiéndolo procesado gradualmente. Igualmente, el hecho de entregarse al alcohol o las drogas ("permitidas" o no) hace que realmente no nos sintamos mejor y que caigamos peligrosamente en la adicción.
¿Qué tratamientos se recomiendan? Buscar ayuda psicológica primero y si no es suficiente, recién ahí encararlo con ayuda de la farmacología. Los métodos psicológicos que podrían emplearse en el tratamiento del TEPT podría ser terapias cognitivas del comportamiento que incluya desensibilización de los recuerdos, exposición a la memoria del trauma, darle sentido a lo sucedido y reformular las estrategias de afrontamiento. Tomemos en cuenta que la COVID es una enfermedad mas DE LA CABEZA que de los pulmones. Sigamos peleando, vacunémonos y nos leemos la semana que viene.
Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 15 de setiembre de 2021. Todos los derechos reservados.
La pandemia desnudó muchas de las condiciones que realmente lastiman nuestra emocionalidad. Afloraron en los más pintados y el aislamiento y la falta de contacto de todo tipo fueron una prueba para todos con respecto a la fortaleza y a la resiliencia que individualmente ha desarrollado cada uno a lo largo de su vida. En ese contexto, sabemos que nuestras emociones nos pueden causar un intenso dolor que puede llegar a ser físico, como la punzada en el estómago por perder a un querido amigo o la pesadez en el pecho después de una ruptura. Pero, ¿por qué experimentamos el rechazo y la pérdida como un dolor de corazón literal?
La respuesta es sencilla: nos ayuda a sobrevivir. El dolor es una señal de peligro: cuando colocas tu mano sobre la parrilla caliente, por ejemplo, una red de neuronas en su cerebro se activa para enviar un mensaje: algo está muy mal. El dolor es realmente bueno para interrumpir la atención y hacer que te concentres singularmente en hacer que lo malo se detenga. Pero si lo miramos desde una perspectiva evolutiva, el rechazo social es algo realmente malo. Para los antepasados humanos, la supervivencia requería una red social cercana: al cooperar, puede recolectar mejor los alimentos; puede protegerse mejor contra los depredadores y para reproducirse. Los antepasados humanos que hicieron todo lo posible para evitar el rechazo habrían tenido mejores probabilidades de sobrevivir, y ¿qué mejor disuasión que el dolor físico?
Los estudios sugieren que cuando experimentamos rechazo, nuestro cerebro se comporta de manera similar a como lo hace cuando tenemos dolor físico. Esto se vio por medio de estudios de imágenes por resonancia magnética funcional en cerebros de participantes con el corazón roto, todos los cuales habían pasado recientemente por una ruptura no deseada. Dentro del escáner, los participantes miraron las fotos de la pareja que las había dejado, mientras pensaban en el rechazo. Luego, las personas se enfocaron en fotos de amigos cercanos mientras imaginaban un feliz recuerdo de esa amistad. Finalmente, los psicólogos escanearon el cerebro de los participantes mientras experimentaban sensaciones físicas dolorosas y agradables: un objeto caliente (pero no ardiente), seguido de un objeto agradablemente cálido, colocado en sus brazos. Los resultados, publicados en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS), encontraron que tanto la visión de una expareja como la sensación del objeto caliente activaban áreas del cerebro asociadas con el dolor, pero la foto de un amigo y el agradable calor no lo hizo. Las mismas áreas del cerebro se asociaron con dolor en hasta el 88% de los estudios que revisaron, informó el equipo en el estudio.
Muchos psicólogos piensan que la experiencia del dolor emocional "se superpuso" al sistema de dolor físico ya existente en el cerebro de nuestros primeros antepasados. El dolor que sentimos después de una pelea con un amigo cercano es bastante real, pero no es exactamente lo mismo que el dolor físico. y vemos eso reflejado en los estudios de fMRI. Las partes del cerebro activadas por estas dos experiencias diferentes se superponen, pero no son idénticas.
Pero, ¿por qué experimentamos el dolor del rechazo en nuestro pecho y abdomen en lugar de, digamos, en nuestra rodilla? Algunos psicólogos han planteado la hipótesis de que esta experiencia tiene que ver con la activación del nervio vago, que va desde el cerebro hasta el cuello, el pecho y el abdomen. Pero no hay mucha evidencia convincente para esta explicación. Además, también existe el síndrome del "corazón roto" o "takotsubo", una afección en la que el corazón se debilita temporalmente, lo que hace que su cámara de bombeo principal, el ventrículo izquierdo, se infle y bombee de manera incorrecta, y de la cual alguna vez hace un tiempo habláramos en esta columna. Este síndrome se relaciona con una mayor actividad en el cerebro causada por eventos estresantes, como la muerte de un ser querido. Pero la mayoría de las veces, la angustia no conduce al síndrome del corazón roto: la afección es rara,
La angustia general puede doler, pero la próxima vez que esté lidiando con el dolor de la pérdida o el rechazo, puede consolarse con el hecho de que la capacidad de sentir este tipo de dolor probablemente evolucionó para ayudarnos a sobrevivir. DE LA CABEZA, no? Nos vemos el sábado que viene.
Artículo de la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación correspondiente al sábado 3 de julio de 2021. Todos los derechos reservados.
Mucha gente cuenta hoy en día que puede pasar los estragos de la pandemia gracias a que se dedica a meditar. Esta práctica que antes relacionábamos con personas del lejano Oriente, con monjes tibetanos o gente "rara", nos demuestra, desde la Neurociencia, su efectividad a medida que pasa el tiempo. Varios estudios neurocientíficos, de hecho, han demostrado la eficacia de la meditación o « mindfulness» en reducir la ansiedad, dificultar la aparición de depresión o incluso aumentar la longevidad. Pero aún hay muchas dudas sobre cuáles son las técnicas más eficaces y si estas son capaces de tener un efecto real sobre el cerebro, alterando las conexiones de las neuronas a través de un fenómeno conocido como plasticidad.Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 24 de junio de 2021. Todos los derechos reservados.
¿Alguna vez pensaste que la mente humana es la única que piensa sobre sí misma? No solo pensamos, también pensamos que pensamos. Se llama autoconsciencia y es la más sublime y poderosa capacidad de la mente humana. Lo que en Neurociencias se llama "la teoría de la mente" ¿Alguna vez pensaste dónde están tus pensamientos? ¿En tu cerebro? En realidad, los pensamientos no están en ninguna parte. Es decir, no son un producto, algo que pueda estar aquí o allí, moverse o llevarse de un lado a otro, comprarse, alquilarse, prestarse o regalarse. Los pensamientos son estados mentales conscientes que tenemos cuando funciona el cerebro, son un producto del funcionamiento pleno del cerebro. Como siempre digo en mis clases, el cerebro es el hardware y la mente es el software, no existen el uno sin el otro. Pero, sin embargo, creer que la mente y sus pensamientos son un producto del cerebro es un modo erróneo de entender su naturaleza. ¿Por qué tenemos la impresión de que nuestros pensamientos están aferrados a nosotros sin poder abandonarnos, sin que puedan dejarnos? ¿Por qué no podemos dejar de pensar en ningún momento de nuestras vidas? Precisamente por lo que acabamos de decir, porque los pensamientos no son algo, no son una cosa que podamos dejar por el camino cuando nos cansamos de ellos o cuando "no queremos pensar más en nada". Son un estado mental que va con nosotros a todas partes, a donde quiera que vayamos, sin importar la hora o el lugar. Y ahora, lo más fascinante, porque la sensación de que los pensamientos van con nosotros, es decir, están siempre en los límites físicos de nuestro cuerpo y nunca fuera de él, es, en realidad, una ilusión, la más grande que crea el cerebro. Lo saben muy bien quienes alguna vez han tomado una droga alucinógena (la ayahuasca por ejemplo, proporciona esa rarísima sensación) y han comprobado cómo la mente puede deambular por la habitación en que se encuentran mientras su cuerpo permanece tumbado lejos de ella. Afortunadamente, eso no pasa sin tomar drogas porque el cerebro crea continuamente la ilusión de que la mente siempre acompaña al cuerpo facilitando así el que nos movamos con eficacia para conseguir propósitos en lugar de hacernos sentir que vivimos fuera de nosotros mismos, lo que parecería una locura.
Artículo correspondiente a la columna semanal DE LA CABEZA del Diario La Nación del sábado 19 de junio de 2021. Todos los derechos reservados.
El dedo en la llaga. Es lo que hizo esta semana mi amigo Mike Silvero desde su programa (SILVERO todos los dias por GEN) al hablar de un grupo de Kpop o pop venido de Corea del Sur. Y se encendió la llama que trajo consigo literales hordas de adolescentes que, exigiéndole disculpas públicas por referirse a su grupo favorito de manera que ellos (erróneamente) entendieron ofensiva, cargaron virtualmente contra sus cuentas y las del canal. Algo parecido pero de muchos menos decibeles hicieron cuando hice un chiste más médico con las siglas del grupo en Twitter, insultándome con creativos adjetivos que no pensé leer en adolescentes y púberes cuyas fotos eran todas de alguno de sus ídolos. Pero a lo que voy: ¿por qué el cerebro (de cualquier edad) reacciona de esta manera movido por el fanatismo? ¿Qué pasa por esas mentes en esos momentos?Artículo correspondiente a la columna dominical DE LA CABEZA del Diario La Nación correspondiente al domingo 10 de setiembre de 2023. Todo...